El Noticiero de Austria dio a conocer esta información sobre un hecho que tendrá graves consecuencias en el gobieno de la Iglesia, porque después de haber sido nombrado Gerhard Wagner, obispo auxiliar de Linz –es decir que fue elegido por el obispo titular de esa diócesis-, el episcopado de ese país, presidido por el cardenal Christoph Schönborn, se reunió y dio a conocer una carta pastoral en la que se hacía alusión al nombramiento. Wagner presentó su dimisión antes de ser consagrado Obispo.
Los obispos diocesanos austriacos se reunieron en una sesión de crisis sobre la situación en la Iglesia católica convocada ya antes de que renunciara sorpresivamente a su cargo el recientemente nombrado obispo auxiliar de Linz, Gerhard Maria Wagner. Este, en un acto inusitado, se vio obligado a pedir al Vaticano que cancele su nombramiento tras la polémica desatada en Austria por sus opiniones ultraconservadoras sobre la homosexualidad, de la que dijo era una “enfermedad curable”, y sobre la legendaria figura de cuentos infantiles Harry Potter, al que calificó de “satánico”. Para Wagner, la devastación de Nueva Orleans por el huracán Katrina fue la consecuencia de una “contaminación espiritual”, y el tsunami en Tailandia e Indonesia algo así como un “castigo” que afectó a miles de personas que estaban de vacaciones en lugar de celebrar la navidad en casa.
En la carta pastoral se pide “mucha sensibilidad” al Vaticano
En la carta pastoral aprobada en la conferencia de los obispos austriacos, se hizo claramente alusión al nombramiento del párroco Gerhard Maria Wagner en un llamamiento indirecto al Vaticano para seguir las directivas oficiales al examinar a candidatos. Wagner no había figurado en la lista de tres candidatos propuesta por la diócesis de Linz, tercera ciudad de Austria. El arzobispo de Viena, cardenal Schönborn, admitió en una conferencia de prensa que en el caso del párroco Wagner se había tratado sobre todo de asuntos de la comunicación. Dijo que se ha tomado nota de la renuncia al nombramiento, e hizo constar que precisamente en tales nombramientos de obispo se necesitará “en lo sucesivo muchísima sensibilidad”.
Se temía una oleada de bajas del censo católico
En Austria, la Iglesia de base y también parte de la jerarquía eclesiástica habían criticado duramente el nombramiento de Wagner, hasta el punto de que la situación amenazaba con transformarse en una oleada de bajas de la Iglesia austriaca, ya afectada en el pasado decenio por escándalos sexuales y de pedofilia. Ya sólo en 2008, más de 40.000 personas abandonaron el registro de fieles, en un país tradicionalmente católico en que de sus 8 millones de habitantes ya solo el 66% se define como católico. Por otra parte, en su pastoral los obispos también se dirigieron a la comunidad lefebvriana pidiéndoles que “tomen la mano tendida“ para buscar la reconciliación.

Xabier Pikaza Ibarrondo (foto) tiene un blog que contiene artículos de mucha profundidad. Español, ex religioso mercedario, en sus dos últimos artículos se refiere al tema del poder de la Iglesia. El anterior era muy largo pero pueden consultarlo si les interesa; en las líneas siguientes figura el sitio para ubicarlo. En esta ocasión se refiere a un caso emblemático, como es el caso de este sacerdote al que la Inquisición dictaminó como prohibidos dos libros suyo y el año pasado fue beatificado.
Ayer he presentado los trece poderes de la Iglesia y como el texto era largo lo dejó ahí, como base de posible reflexiòn http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2009/02/10/el-vaticano-un-estado-espiritual-y-mater.
Hoy quiero presentar las cinco llagas de la misma Iglesia (y en especial de su Curia y Jerarquía), dejando ya mis palabras y tomando para ello las de un libro famoso de Antonio Rosmini, primero condenado por el Santo Oficio (y metido en el Índice) y luego beatificado. Rosmini ha sido para muchos de nosotros una lectura refrescante, antes y después de haber sido "rehabilitado". Las cinco llagas que él vio en la Iglesia Jerárquica siguen estando ahí, aunque muchos no las vean. Así me lo decía un día C. Nigro, famoso profesor de la Universidad de la diócesis de Roma (el Laterano) .
Antonio Rosmini (1797- 1855).
Escritor, filósofo, teólogo y sacerdote católico italiano.Fue quizá el más significativo de los pensadores italianos del siglo XIX. Escribió diversas obras de espiritualidad, filosofía y eclesiología: Máximas de perfección cristiana, Nuevo ensayo sobre el origen de las ideas, Filosofía de la política, Tratado de la conciencia moral y, sobre todo, Las cinco llagas de la santa Iglesia, un obra del año 1846 en la que denunciaba los peligros que amenazaba a la iglesia. Fue hombre de gran capacidad intelectual y de inmensa autoridad y hubiera sido el más adecuado para dirigir las duras negociaciones entre el nuevo Estado italiano y la Santa Sede.
Pero cayó en desgracia y dos de sus libros, uno ya citado (Las cinco llagas de la santa Iglesia) y otro titulado La constitución civil según la justicia social¸ fueron puesto en el Índice de libros prohibidos. La iglesia jerárquica rechazaba su visión liberal de la política, que se fundada a su juicio en la libertad moral de los hombres (no en un orden sobrenatural, regulado por la Iglesia). Pero lo que más le preocupaba era la crítica incluida en el libro sobre las cinco llagas, que, a juicio de Rosmini, eran las siguientes.
Cinco llagas
(1) La primera llaga era la separación entre el pueblo cristiano y el clero, sobre todo en la liturgia. Rosmini criticaba, especialmente, el hecho de que las celebraciones católicas resultaban con frecuencia iincomprensibles para el pueblo. Además, la distancia existente entre el clero y los laicos no respondía al evangelio. La liturgia era del clero, no del pueblo de Dios.
(2) La segunda llaga era la insuficiente formación cultural y espiritual del clero; a juicio de Rosmini, el clero era incapaz de dialogar con la nueva cultura existente ya en su tiempo. Se había abierto un foso entre el clero y el pueblo en la forma de pensar y de vivir; el pueblo ira por un lado, el clero por otro.
(3) La tercera llaga es la desunión de los obispos entre si y de los obispos con el clero y con el papa. El problema era a su juicio la falta de fraternidad y diálogo en el conjunto del clero, pues cada obispo buscaba su parcela de poder, de manera que unos se enfrenaban con otros. La unión de la Iglesia desde arriba no se reflejaba en la caridad entre los obispos y entre los obispos y el clero.
(4) La cuarta llaga es la injerencia política en el nombramiento de los obispos. En un primer momento, Rosmini deseaa que el papa hubiera libertad para nombrar a los obispos; pero inmediatamente después quería que se volviera al uso antiguo de la Iglesia, de manera que fueran los propios sacerdotes y el pueblo de una diócesis los que nombraran a sus obispos. El nombramiento de los obispos por parte de los reyes o del papa le parecía contrario a la fraternidad y libertad del evangelio y de la Iglesia
(5) La quinta y última llaga es para Rosmini la riqueza de la Iglesia, es decir, los bienes temporales que esclavizan a los eclesiásticos... Junto a la riqueza de la Iglesia estabala falta de transparencia en su administración.
Condena
El año 1887 fueron condenadas por la Iglesia 40 proposiciones tomadas de las obras de Rosmini . Entre ellas se encuentran las siguientes: «(19). El Verbo es aquella materia invisible, de la que, como se dice en Sap. 11, 18, todas las cosas del universo fueron hechas.. (28). En la doctrina cristiana, el Verbo, carácter y faz de Dios, se imprime en el alma de aquellos que reciben con fe el bautismo de Cristo. El Verbo, es decir, el carácter, impreso en el alma, en la doctrina cristiana, es el Ser real (infinito) por sí manifiesto, que luego conocemos ser la segunda persona de la Santísima Trinidad. 29. No tenemos en modo alguno por ajena a la doctrina católica, que es la sola verdadera, la siguiente conjetura: En el sacramento de la Eucaristía la sustancia del pan y del vino se convierte en verdadera carne y verdadera sangre de Cristo, cuando Cristo la hace término de su principio sintiente y la vivifica con su vida, casi del mismo modo como el pan y el vino se transustancian verdaderamente en nuestra carne y sangre, porque se hacen término de nuestro principio sintiente…. El Santo Oficio juzgó que en estas proposiciones “en el propio sentido del autor deben ser reprobadas y proscritas, como por el presente decreto general las reprueba, condena y proscribe... Su Santidad aprobó y confirmó el decreto de los Emmos. Padres y mandó que fuera portodos guardado.» (cf. Decreto Post Obitum, DH 3201-3240).
Rovocación de la condena y beatificación
Pero esa condena fue revocada en el año 2001. «Se debe reconocer que una difundida literatura científica, seria y rigurosa, sobre el pensamiento de Antonio Rosmini, expresada en el campo católico por teólogos y filósofos pertenecientes a varias escuelas de pensamiento, ha demostrado que esas interpretaciones contrarias a la fe y a la doctrina católica no corresponden en realidad a la auténtica posición de Rosmini. La Congregación para la doctrina de la fe, después de un profundo examen de los decretos doctrinales promulgados en el siglo XIX y teniendo en cuenta los resultados obtenidos por la historiografía y la investigación científica y teórica de los últimos decenios, ha llegado a la siguiente conclusión: Actualmente se pueden considerar ya superados los motivos de preocupación y de dificultades doctrinales y prudenciales, que llevaron a la promulgación del decreto Post obitum de condena de las "cuarenta proposiciones" tomadas de las obras de Antonio Rosmini…» (Decreto del 1 de Julio del 2001).
El 18 de noviembre del año 2007, Antonio Rosmini ha sido beatificado por la Iglesia católica.
Llegó con la crisis de 2001, y el viernes lo despidió la comunidad en la que se arraigó.
Por Rosa Bertino
En un primer momento, el alejamiento del médico y sacerdote Oscar Audisio (52), tras ocho años en la parroquia Nuestra Señora del Trabajo, de Villa El Libertador, despertó suspicacias. En una etapa de crisis espiritual y doctrinaria como la que se vive hoy, en la que la Iglesia perdió la preeminencia de otrora, ya no son tan comunes los curas involucrados como el padre Oscar.
El viernes tuvo tres casamientos al hilo, de jóvenes parejas que querían ser unidas por él antes de que partiera a su destino en Villa del Rosario. Recién a la medianoche pudo apersonarse en la fiesta de despedida que un grupo de fieles le había organizado en el club vecinal. Se vivieron momentos muy emotivos. No es fácil separarse de alguien que se hizo carne en la zona. Para muchos, Audisio es el emblema de una comunidad que no se resigna a abandonar la dignidad de la pobreza, y día tras día lucha contra la marginalidad, la droga y la corrupción.
A escasas 20 cuadras, barrio Comercial despedía a Santos Moyano (también de 52 años), quien reemplaza a Audisio en Villa El Libertador por decisión del Arzobispado. El adiós fue igualmente sentido, pero menos efusivo, acaso más acorde con el bajísimo perfil del padre Santos. Éste tampoco se va tan lejos, luego de haber cumplido 17 años de vida y sacerdocio en Comercial. Para todos los que lo conocen, y aún para los que no, el "curita de la bicicleta" es el santo y seña.
A su vez, Moyano es reemplazado por Mario Mangiaterra, un cura de un año de antigüedad que llega a una vecindad problemática y heterogénea.
A título ilustrativo, baste decir que, en una barriada con horarios y enclaves peligrosos (lo cual hoy dista de ser excepcional), como Villa El Libertador, el padre Audisio hacía tranquilamente sus visitas nocturnas a enfermos y afligidos. Entre los buenos recuerdos que se lleva, están las veces que, de regreso a la parroquia y en medio de la oscuridad, "la muchachada me llamaba desde las esquinas, para preguntarme por Jesús". Y no era broma, ni treta, asegura.
Pero acaso el balance más alentador es que quedan "más de 300 laicos, trabajando para la comunidad, y entre ellos hay muchos bolivianos". La colorida bandera precolombina del Tiwanaku es uno de los contados objetos que Audisio se lleva a Villa del Rosario. También deja una relación estable con "cinco o seis pastores evangélicos", con los cuales ha logrado el acercamiento entre la Iglesia Católica y su "principal competencia".
"Conste que lo de ‘competencia’ es cosa suya y no mía", le aclara a la cronista.
Volviendo a las suspicacias, Oscar aclara algunos mitos que rodean a su persona y su traslado.
Nacimiento: "Soy nacido en Los Molinos y no en Villa del Rosario. Somos dos varones y dos mujeres, y nos criamos en Córdoba".
Vocación: "No es verdad que estudié Medicina para darles el gusto a mis padres, y después pude meterme de cura. Me recibí de médico en 1980. Estuve muy de novio, pero sentí que la vocación sacerdotal, que venía desde mi adolescencia, era más fuerte y no podía casarme. La ruptura fue dolorosa, pero inevitable. Tenía 30 años cuando ingresé al Seminario, en 1986. Nunca tuve un conflicto vocacional".
Elección: "Villa El Libertador fue mi elección, y estoy feliz de haberla cumplido. En 2001 le pedí al obispo venir acá. En ese momento la crisis era brutal. En 2002 yo recorría los hogares y me recibía el hombre. Estaba sin trabajo. La construcción ocupó a muchos, y la situación cambió. Pero el trabajo en negro no dignifica, ni resuelve el tema de la pobreza estructural. Con changas no se puede pelear contra la droga y la corrupción. Cuánta alegría hay en la frase: ‘Padre, estoy en blanco, tengo mutual, me hacen aportes, mi señora puede tener familia en una clínica’. Y qué poco se escucha".
Males sociales: "Muchos se podrían solucionar, y rápido. En Villa El Libertador viven más de 60 mil personas. La mayoría trabaja, aunque sea informalmente. Paga tasas e impuestos. Lo que se recauda en el CPC debería ser redistribuido aquí mismo, como fuente de ingreso, pero todo va a parar al centro".
Pecado estructural: "El argentino es solidario, pero suele quedarse en la caridad. Como cristianos, durante siglos nos atuvimos al ‘no fornicar’, como si fuera el único pecado. Todo lo llevamos al terreno del sexo, desatendiendo el peor de los pecados: la injusticia, que viene desde el Antiguo Testamento. Conocemos los mandamientos, pero no las ocho bienaventuranzas de Cristo. Cayó el tabú del sexo, y la injusticia sigue intacta".
Celibato: "La crisis sacerdotal no pasa exclusivamente por ahí, aunque la soledad es difícil de sobrellevar. Creo que la Iglesia debería admitir curas casados. En lo personal, si mañana me dieran permiso para casarme, no sé si lo haría".
Alejamiento: "La única razón por la cual pedí traslado, y el obispo (Carlos Ñáñez) me lo concedió lo más rápido que pudo, es que sentí que había cumplido un ciclo. El físico ya no me sostiene como antes. Además, quisiera estar con mi madre, en su vejez y enfermedad. Eso es todo. Aquí queda alguien absolutamente comprometido con la dureza de la calle, como el padre Santos. No me van a extrañar".
Las comunidades de los discípulos de Jesús se reúnen en sus casas.
Con el título “LOS CURAS DEL MAÑANA, una propuesta para comunidades sin Eucaristía”, el obispo Dom Federico Lobinger (foto), nacido en Alemania, pero que ejerce su ministerio desde 1986 en Aliwal Norte, África del Sur, de 78 años, ha escrito un libro que plantea cómo debieran ser los curas del mañana. Está completo en Proconcilio (http://www.proconcil.org/)
Esta es una síntesis realizada por Juan y Gabriel.
LAS COMUNIDADES DE LOS DISCIPULOS DE JESUS DE NAZARETH QUE SE REUNEN EN LAS CASAS DE LA GENTE (Cfr. 1 Co 16, 19)
Existe una convicción de fe profunda de que el liderazgo de la comunidad no solo debe ser apoyado y confirmado por la comunidad sino que, además, la comunidad misma, en el fondo, es la autoridad que fundamenta y legitima este liderazgo. (‘Kerk & Ambt’) Consejo de los Dominicos holandeses en 2007)
Como el documento consta de 104 folios y sería muy extenso un comentario detallado de todo el documento, sólo vamos a subrayar las principales ideas- fuerza que Lobinger aporta y que nos parecen bastante convincentes.
1.- Es evidente que muchísimas parroquias han desaparecido o se han tenido que cerrar por la falta de curas. En ocasiones dos, tres sacerdotes tienen que atender a grupos numerosos de antiguas parroquias. La Eucaristía para muchos fieles es algo a lo que pueden acceder sólo durante 4 ó 5 veces al año.
Lobinger ha visitado personalmente varias de estas parroquias en varias partes del Mundo. De modo genérico, para no señalarlas, las describe así:
1.- Parroquia asiática rural con 69 comunidades desparramadas
2.-En una parroquia urbana de Asia con 86 comunidades
3.-En una parroquia urbana de Brasil, compuesta por 14 comunidades
4.-En una parroquia rural africana con elección de líderes de la liturgia
5.-En una parroquia rural de África, con catequistas de aldeas
6.-En Europa: quince parroquias rurales, con dos curas
7.-En Europa o en América del Norte: un solo cura para cinco parroquias pequeñas
8.-En Europa o en América del Norte: tres comunidades con un solo sacerdote
9.-En Europa o en América del Norte: una sola parroquia grande, urbana
Lobinger apuesta por la ordenación de curas casados, pertenecientes a las mismas comunidades cristianas de esos lugares apartados. Él les llama “curas comunitarios” que coexistirían con los curas diocesanos actuales. Podrían estar casados, estarían vinculados a las mismas comunidades, trabajarían en equipo y se repartirían las tareas entre ellos.
¿Qué decir de esta propuesta?
Para muchos de nosotros que desde hace años nos movemos en las comunidades cristianas de base, podemos decir que esta propuesta nos parece muy interesante para que los responsables de la Iglesia se la vayan planteando con urgencia para llevarla a la práctica de un modo más institucional.
Pero muchos de nosotros ya lo venimos practicando en no pocas partes del Mundo de modo aún más abierto desde hace años y sin esperar la aprobación del Vaticano. Nos parece que la pregunta no debiera ser “Cómo deben ser los curas de Mañana” sino. “Cómo debe ser la Iglesia de mañana”.
Y pensamos que debe ser una iglesia no clerical, donde los curas no tengan protagonismo ninguno. Es la Comunidad la que debe tomar el protagonismo. Es la Comunidad la que organiza y reparte los distintos servicios a realizar entre todos.
Muchas comunidades cristianas hoy celebran la Eucaristía sin ningún protagonismo de los curas. Tenemos conciencia de que es la Comunidad cristiana toda ella la que debe celebrar la Eucaristía, sin protagonismo de ningún cura. Cualquiera de la Comunidad, sea hombre o mujer, soltero o casado, puede asumir la presidencia o coordinación de la Eucaristía donde todos participan en igualdad y donde cada uno de los miembros aporta a los demás lo mejor de ellos mismos.
Hoy las estructuras actuales de tipo parroquial se nos han quedado pequeñas.
Muchas personas nos sentimos hoy muy lejos de una Iglesia que aparece muy jerarquizada, unida a los centros del poder, preocupada en exceso de lo que opine Roma, muy lejos de los problemas reales del Pueblo y excesivamente centrada en los problemas del dinero, del sexo, de la ortodoxia moral y dogmática. Una Iglesia que con frecuencia vemos identificada con las fuerzas conservadoras y que siente cómo se alejan de ellas los jóvenes, los trabajadores, las clases populares…y con presencia casi exclusiva de gente muy mayor en las iglesias, casi todas, mujeres. Con una liturgia aburrida y sosa.
Llevamos muchos años buscando espacios alternativos donde todos podamos expresarnos, participar, convivir humanamente como amigos, no como extraños, y buscar respuesta a nuestras inquietudes de vivir un Evangelio vivo, dando prioridad a la Palabra y a los gestos de Jesús con aplicaciones para nuestra vida concreta y sus implicaciones en la vida social o cívica. Vivimos unas celebraciones festivas, alegres, creativas… Nuestros lugares de encuentro no son los templos, son nuestras casas acogedoras y abiertas para toda la Comunidad o el campo abierto donde podamos sentirnos todos de un modo más familiar.
Sin lugar a dudas la Iglesia del futuro será comunitaria, carismática (en el mejor sentido del concepto- iglesia abierta al Espíritu) y será misionera, porque hablará el lenguaje del pueblo, llorará con sus tristezas y gozará con sus alegrías y será parte de sus luchas. Un presbítero casado, que viva de su trabajo… es la imagen de una Iglesia capaz de trasmitir a la gente de hoy, en su lenguaje, la Buena Nueva de Jesús Resucitado y del Reino ya presente aunque no en plenitud, sobre todo porque como conceptualizaba Pablo Freire en su educación liberadora, al querer liberar somos liberados, al tratar de trasmitirlo, descubrirá junto a todos los hombres, su presencia obrante, en medio de nuestra historia más cotidiana.-
A nivel institucional la Iglesia debería dejar libertad de acción a cada obispo para que cada uno de ellos permitiera este tipo de comunidades con las características que apunta el obispo Lobinger: curas que podrían estar casados, fueran hombres o mujeres, vinculados a las comunidades que los acepten como uno más entre todos.
Sería positivo que las comunidades supieran que su obispo las apoya. Y podrían ir coexistiendo formas plurales de vivir los ministerios en la Iglesia. Presbíteros que ya se han casado y laicos elegidos por la comunidad deben ir abriendo las experiencias ministeriales… destacando el protagonismo de la Asamblea comunitaria, como lugar de discernimiento de aquello que impulsa el Espíritu Santo y destacando la coordinación de las comunidades en red, como lugar de la presencia multicultural de la experiencia eclesial…
La falta de presbíteros es un signo del Espíritu y un llamarnos a volver a las ferméntales comunidades de la primera hora, donde Él suscitaba ministerios llenos de riquezas y novedad. Necesitamos iniciar este proceso del que algunas comunidades ya han marcado camino, un proceso que deberá aprender a respetar el paso de los más lentos y sin embargo no atar la capacidad creativa de los más progresistas.-
Estas nuevas experiencias enriquecerían sin duda la vida de las comunidades en la Iglesia. Y son especialmente necesarias en países del Tercer Mundo y en las comunidades populares de España y en las experiencias nuevas e incluso ecuménicas que se extienden por Europa…y EE.UU. donde participan de la Eucaristía una rica diversidad comunitaria…
La Iglesia del III milenio deberá ser una Iglesia que sepa sufrir, luchar, reír y llorar con los pueblos en los que esta inserta…que al verla actuar en medio de la realidad, puedan evocar el pan que se parte y comparte…

4 Tiempo Ordinario (B) Marcos 1, 21 - 28
UN ENSEÑAR NUEVO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
ECLESALIA, 28/01/09.- El episodio es sorprendente y sobrecogedor. Todo ocurre en la «sinagoga», el lugar donde se enseña oficialmente la Ley, tal como es interpretada por los maestros autorizados. Sucede en «sábado», el día en que los judíos observantes se reúnen para escuchar el comentario de sus dirigentes. Es en este marco donde Jesús comienza por vez primera a «enseñar».
Nada se dice del contenido de sus palabras. No es eso lo que aquí interesa, sino el impacto que produce su intervención. Jesús provoca asombro y admiración. La gente capta en él algo especial que no encuentra en sus maestros religiosos: Jesús «no enseña como los escribas, sino con autoridad».
Los letrados enseñan en nombre de la institución. Se atienen a las tradiciones. Citan una y otra vez a maestros ilustres del pasado. Su autoridad proviene de su función de interpretar oficialmente la Ley. La autoridad de Jesús es diferente. No viene de la institución. No se basa en la tradición. Tiene otra fuente. Está lleno del Espíritu vivificador de Dios.
Lo van a poder comprobar enseguida. De forma inesperada, un poseído interrumpe a gritos su enseñanza. No la puede soportar. Está aterrorizado: «¿Has venido a acabar con nosotros?» Aquel hombre se sentía bien al escuchar la enseñanza de los escribas. ¿Por qué se siente ahora amenazado?
Jesús no viene a destruir a nadie. Precisamente su «autoridad» está en dar vida a las personas. Su enseñanza humaniza y libera de esclavitudes. Sus palabras invitan a confiar en Dios. Su mensaje es la mejor noticia que puede escuchar aquel hombre atormentado interiormente. Cuando Jesús lo cura, la gente exclama: «este enseñar con autoridad es nuevo».
Los sondeos indican que la palabra de la Iglesia está perdiendo autoridad y credibilidad. No basta hablar de manera autoritaria para anunciar la Buena Noticia de Dios. No es suficiente transmitir correctamente la tradición para abrir los corazones a la alegría de la fe. Lo que necesitamos urgentemente es un «enseñar nuevo».
No somos «escribas», sino discípulos de Jesús. Hemos de comunicar su mensaje, no nuestras tradiciones. Hemos de enseñar curando la vida, no adoctrinando las mentes. Hemos de anunciar su Espíritu, no nuestras teologías.
De la Iglesia de Dios en Gaza a los queridos santos de Palestina Y de todo el mundo:
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo sea con todos vosotros.
Desde el valle de las lágrimas, desde Gaza bañada en su sangre, una sangre que ha sofocado la felicidad en el corazón de un millón y medio de habitantes, os dirijo estas palabras de fe y esperanza. No utilizaré la palabra "amor", esa palabra se ha quedado atragantada incluso en nuestras gargantas de cristianos. Los sacerdotes de la Iglesia levantan el estandarte de la esperanza para que Dios se apiade y compadezca de nosotros dejando para Él un resto en Gaza, y de esta forma no se apague la lámpara del cristianismo que encendió, en los comienzos de la Iglesia, el diácono Felipe. Que la compasión de Cristo eleve nuestro amor a Dios, aunque en estos momentos se encuentre en un "estado crítico".
Desde mi corazón de sacerdote y párroco os pido que recéis por el alma de nuestra hija, nuestra querida hija de la escuela de la Sagrada Familia, la primera cristiana fallecida en esta guerra: Cristina Wadi al-Turk.
Murió la mañana del sábado 2 de enero de 2009 a causa del miedo y del frío. Las ventanas de su casa estaban abiertas para proteger a los niños del efecto de la onda expansiva en los cristales. Los cohetes pasaban por encima de su casa, afectando a todos los vecinos y haciendo que todo se moviera amenazadoramente. No pudo soportar todo eso y se fue a quejarse al Creador y a pedirle una nueva casa y un refugio donde no hubiera llanto ni cohetes, ni gemidos sino alegría y felicidad.
Queridos hermanos en Cristo, lo que veis en vuestras pantallas de televisión y lo que oís no es en absoluto todo el sufrimiento real por el que está pasando nuestro pueblo de Gaza. Ni la televisión ni la radio pueden transmitir en toda su amplitud lo que está pasando en nuestra tierra.
Los niños de Gaza, con sus parientes, duermen en los pasillos de sus casas, si es que aún los conservan, o en los cuartos de baño, para protegerse, temblando de miedo por el estruendo y los temblores, los temblores terribles de los cazas F-16...
Os pedimos que elevéis a Dios vuestras más ardientes oraciones y que no se celebre misa ni servicio religioso en que no os acordéis delante de Dios de la tragedia de Gaza. Por mi parte, yo sigo enviando pequeñas cartas a nuestros hijos para alentar la esperanza en sus corazones. Hemos decidido rezar juntos, cada hora, esta oración: «Oh Señor de la paz, danos la paz. Oh Señor de la paz, concede la paz a nuestro país. Ten compasión Señor, ten compasión de tu pueblo y no te enojes nunca con él ». Os pido que ahora os levantéis y que recéis con nosotros. Vuestras oraciones, unidas a las nuestras, moverán a todo el mundo y le enseñarán que el milagro del amor que se ha detenido en el camino y que aún no ha llegado a vuestros hermanos de Gaza, no es el amor de Cristo y de su Iglesia. Para el amor de Cristo y de la Iglesia no son obstáculo las diferencias políticas o sociales, las guerras ni ningún otro tipo de causa. Cuando vuestra caridad llega a nosotros, sentimos que aquí en Gaza, somos una parte que no se olvida de la Iglesia de Cristo, una Iglesia santa, católica, y que nuestros hermanos musulmanes que están entre nosotros forman parte de nuestras familias, de nuestro destino, con los que compartimos todo y con los que formamos, todos juntos, el pueblo palestino.
Pero en medio de todo esto, nuestro pueblo en Gaza no deja de rechazar la guerra como solución para la paz, y está convencido de que el único camino hacia la paz es la paz misma. En Gaza somos pacientes y en nuestros ojos se puede leer: «Entre la esclavitud y la muerte, para nosotros no hay opción ». Queremos vivir para alabar al Señor en Palestina y dar testimonio de Cristo. Queremos vivir para Palestina, no morir por su causa. Pero si la muerte un día se nos presenta, moriremos gustosos, con valor y con fuerza.
Os rogamos que en vuestras oraciones a Dios le pidáis que nuestro Señor Jesucristo nos dé su Paz auténtica, para que «puedan vivir juntos el lobo y el cordero, el buey pueda pacer con el león, y el niño pueda meter su mano en la boca de la serpiente y ésta no le muerda».
La paz de Cristo, esa paz que nos invita a ser un solo cuerpo, esté con todos vosotros y os proteja. Amén. Vuestro hermano.
PADRE MANUEL MUSALLAM
párroco de la iglesia latina de Gaza
El vaticanólogo italiano Sandro Magister aporta una nueva vision sobre el tema del levantamiento de la excomunión a los obispos lefebvrianos. Mientras las culpas parecen caer sobre el Papa, Magister marca el desorden de la Curia Romana.
ROMA, 4 de febrero del 2009 – Algunos días después de los hechos, en el Vaticano la revocatoria de la excomunión a los obispos lefebvrianos se manifiesta más como una grave error por partida doble: de gobierno y de comunicación.
En el medio del grave error el Papa Benedicto XVI se ha encontrado como el más expuesto, prácticamente solo.
Dentro y fuera de la curia son numerosos los que le cargan la culpa de todo al Papa. En efecto fue suya, del Papa Joseph Ratzinger, la decisión de ofrecer a los obispos lefebvrianos un gesto de benevolencia. La revocatoria de la excomunión era la continuación de otros anteriores gestos de apertura, también estos queridos personalmente por el Papa, el último de los cuales fue el motu proprio "Summorum Pontificum" del 17 de julio del 2007, que libera el rito antiguo de la misa.
Como antes, esta vez Benedicto XVI tampoco ha pretendido de los lefebvrianos nada a cambio previamente. Las suyas han sido hasta ahora aperturas unilaterales. Los críticos del Papa han incidido sobre ese punto para acusarlo de ingenuidad, o de haber cedido, o inclusive de querer llevar a la Iglesia de vuelta al tiempo anterior al Concilio Vaticano II.
En realidad, la intención de Benedicto XVI ha sido explicada por él mismo con absoluta claridad en uno de los discursos principales de su pontificado, el leído a la curia romana el 22 de diciembre del 2005. En aquel discurso el Papa Ratzinger sostiene que el Vaticano II no marcaba rotura alguna con la tradición de la Iglesia, antes bien, estaba en continuidad con la tradición también allí donde parecía marcar un vuelco neto respecto al pasado, como por ejemplo, cuando reconocía la libertad religiosa como derecho inalienable de cada persona.
Con ese discurso Benedicto XVI hablaba a todo el pueblo católico. Pero al mismo tiempo también a los lefebvrianos, a los cuales les indicaba la vía maestra para sanar el cisma y regresar a la unidad con la Iglesia en los puntos por ellos contestados: no sólo libertad religiosa, sino también la liturgia, el ecumenismo, la relación con el judaísmo y las otras religiones.
En todos estos puntos, después del Concilio Vaticano II los lefebvrianos se habían separado de la Iglesia católica progresivamente. En 1975 la Fraternidad Sacerdotal San Pío X - la estructura en la cual se habían organizado - no obedeció a la orden de disolverse y se constituyó en Iglesia paralela, con sus propios obispos, sacerdotes, seminarios. En 1976 el fundador, el arzobispo Marcel Lefebvre, fue suspendido "a divinis". En 1988 la excomunión a Lefebvre y a cuatro nuevos obispos ordenados por él sin la autorización del Papa - a su vez suspendidos "a divinis" - fue el acto culminante de un cisma ya en curso hace años.
La revocatoria de esta excomunión de hecho no ha sanado el cisma entre Roma y los lefebvrianos, así como la revocatoria de las excomuniones entre Roma y el patriarcado de Constantinopla - decidida el 7 de diciembre por Pablo VI y Atenágoras - de hecho no marcó el retorno a la unidad entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas de Oriente. En uno y otro caso, la excomunión revocada pretendía solamente servir como un primer paso para recomponer el cisma, que aún continúa.
Como confirmación de esto existe una nota del pontificio consejo para los textos legislativos, emitida el 24 de agosto de 1996. En ella se lee que la excomunión de 1988 contra los obispos lefebvrianos "ha constituido la consumación de una progresiva situación global de índole cismática" y que "hasta que no haya cambios que conduzcan al restablecimiento de la necesaria 'communio hierarchica', todo el movimiento lefebvriano debe considerarse cismático".
Este era el estado de los hechos, sobre los cuales intervino la decisión de Benedicto XVI de revocar la excomunión a los cuatro obispos lefebvrianos.
Pero de todo esto poco o nada se lee o se entiende en el decreto emanado por la Santa Sede el 24 de enero.
En la "vulgata" difundida por los medios, con este decreto la Iglesia de Roma simplemente acogía en el propio seno a los lefebvrianos.
* * *
Agravando la cuestión estuvo la notoria resonancia de una entrevista de uno de los cuatro obispos agraciados, el inglés Richard Williamson (foto), en la cual sostenía tesis negacionistas respecto a la Shoah.
La entrevista había sido registrada por una TV sueca el 1 de noviembre del 2008, pero fue difundida el 21 de enero, el mismo día en el que en el Vaticano fue firmado el decreto de revocatoria de la excomunión a Williamson y a los otros tres obispos lefebvrianos.
En los medios de todo el mundo la noticia se convirtió en la siguiente: el Papa absuelve de la excomunión y acoge en la Iglesia a un obispo negacionista.
La tempestad que se desató fue tremenda. Del mundo judío, pero no sólo, hubo incontables protestas. Del Vaticano se corrió a remediar afanosamente de varias maneras, con declaraciones y artículos en "L'Osservatore Romano". La polémica se atenuó sólo después de que intervino Benedicto XVI en persona, con dos aclaraciones leídas al término de la audiencia general del miércoles 28 de enero: una sobre los lefebvrianos y sobre su deber de "reconocimiento del magisterio y de la autoridad del Papa y del Concilio Vaticano II" y otra sobre la Shoah.
La pregunta surge natural: ¿no se podía evitar todo ello, una vez tomada la decisión del Papa de revocar la excomunión a los obispos lefebvrianos? ¿O el desastre ha sido producto de errores y omisiones de los hombres que deberían poner por obra las decisiones del Papa? Los hechos se inclinan por la segunda hipótesis.
El decreto de revocatoria de la excomunión lleva la firma del cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la congregación para los obispos. Otro cardenal, Darío Castrillón Hoyos, es el presidente de la pontificia comisión "Ecclesia Dei" que se ocupa desde su constitución, en 1988, de los seguidores de Lefebvre. Tanto uno como otro han declarado haber sido tomados por sorpresa, con hechos consumados, por la entrevista del obispo Williamson y de no haber nunca sabido que él fuese un negador de la Shoah.
¿Pero un examen en profundidad del perfil personal de Williamson y de los otros tres obispos no era acaso el primer deber de oficina de los dos cardenales? Que no lo hayan hecho parece inexcusable. Dicho examen no era ni siquiera difícil. Williamson no ha escondido jamás su aversión al judaísmo. Ha defendido públicamente la autenticidad de los "Protocolos de los Sabios de Sión". En 1989, en Canadá, estuvo en riesgo de ser procesado por haber exaltado los libros de un autor negacionista, Ernst Zundel. Después del 11 de setiembre del 2001 se adhirió a las tesis de complot para explicar el derribamiento de las Torres Gemelas. Bastaba un clic en Google para encontrar estos antecedentes.
Otra grave falla compete al pontificio consejo para la promoción de la unidad de los cristianos. La recomposición del cisma con los lefebvrianos hace parte, lógicamente, de sus competencias, que comprenden también las relaciones entre la Iglesia y el judaísmo. Pero el cardenal que lo preside, Walter Kasper, ha dicho haber sido mantenido fuera de las deliberaciones, cosa tanto más sorprendente en cuanto la emisión del decreto de revocatoria de la excomunión ocurrió durante la anual semana de oración por la unidad de los cristianos y a pocos días de la jornada mundial de memoria de la Shoah.
Hay más. Se presenta del todo deficiente también el lanzamiento mediático de la decisión. La sala de prensa del Vaticano se ha limitado, el sábado 24 de enero, a distribuir el texto del decreto, a pesar de que desde hacía algunos días ya existían claros indicios de la misma y de que sobre ella se estaba armando la polémica encendida por las declaraciones negacionistas de Williamson.
Hay una comparación que ilumina. El día anterior, 23 de enero, la misma sala de prensa había organizado con gran pompa el lanzamiento del canal televisivo vaticano en YouTube. Y pocos días después, el 29 de enero, habría lanzado, siempre con gran despliegue de personas y de medios, un congreso internacional sobre Galileo Galilei en programa para fines de mayo. En ambos casos el objetivo era el de trasmitir a los medios el sentido auténtico de una y otra iniciativa.
Nada parecido, en cambio, fue hecho para el decreto referente a los obispos lefebvrianos. Que sin embargo contaba con todos los elementos para merecer un lanzamiento adecuado. Y también los tiempos eran los justos. Estaba en marcha la semana de la oración por la unidad de los cristianos; era inminente la jornada de la memoria de la Shoah; en Italia había sido pocos días antes, el 17 de enero, la jornada por el diálogo entre católicos y judíos. El cardenal Kasper, el mayor responsable de la curia en ambos rubros, hubiese sido la persona ideal para presentar el decreto, encuadrarlo en la persistente situación de cisma, indicar la finalidad de la revocatoria de la excomunión, recapitular los puntos sobre los que los lefebvrianos estaban llamados a reconsiderar sus posiciones, partiendo de la aceptación plena del Concilio Vaticano II hasta la superación del anti judaísmo que asumen. En cuanto a Williamson, no habría sido difícil circunscribir su caso: manteniéndose firme en sus aberrantes tesis negacionistas, él mismo se sustraía al gesto de "misericordia" del Papa.
Y bien, si nada de esto ha ocurrido, no es por culpa de la sala de prensa vaticana y de su director, el jesuita Federico Lombardi, sino de las oficinas de curia de las cuales reciben las indicaciones.
Oficinas de curia que se remiten a la secretaría de estado.
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De Pablo VI en adelante, la secretaría de estado es la cima y el motor de la máquina curial. Tiene el acceso directo al Papa y gobierna la puesta en marcha de cada una de sus decisiones. Las confía a las oficinas competentes y coordina el trabajo de las mismas.
Pues en toda la situación de la revocatoria de la excomunión a los obispos lefebvrianos el secretario de estado, cardenal Tarcisio Bertone, aunque usualmente muy activo y locuaz, se ha distinguido por su ausencia.
Su primer comentario público sobre la cuestión llegó el 28 de enero, al margen de un congreso romano en el cual era conferencista.
Pero más que las palabras, han faltado de su parte los actos adecuados a la importancia de la cuestión. Antes, durante y después de la emisión del decreto.
Benedicto XVI ha sido dejado prácticamente solo y la curia ha sido abandonada al desorden.
Está ya a vista de todos que el Papa Ratzinger ha renunciado a reformar la curia. Pero se planteaba la hipótesis de que él hubiese suplido esta decisión suya confiando la guía de las oficinas a un secretario de estado dinámico y de pulso, Bertone.
Hoy también esta hipótesis se revela defectuosa. Con Bertone la curia parece más desordenada que antes, quizá también porque él nunca se ha dedicado completamente a sanar sus malfuncionamientos. Bertone desenvuelve gran parte de su actividad no dentro de los muros vaticanos sino fuera, en un incesante giro de conferencias, de celebraciones, de inauguraciones. Sus viajes al exterior son frecuentes y densos de encuentros y de discursos como los de Juan Pablo II en plena salud: del 15 al 19 de enero ha estado en México y en estos días está de visita en España. Como consecuencia, el trabajo que las oficinas de la secretaría de estado dedican a estas actividades externas suyas es trabajo que se resta al del Papa. O a veces es una inútil duplicado: por ejemplo cuando Bertone tiene un discurso sobre el mismo tema y al mismo auditorio al cual dentro de poco hablará el Papa, con los periodistas puntualmente a la caza de las diferencias entre ambos.
La personal devoción de Bertone a Benedicto XVI está fuera de toda duda. No así la de otros oficiales de la curia, que siguen teniendo campo libre. Puede ser que algunos sean conscientemente contrarios a este pontificado. Ciertamente la mayoría simplemente no lo entiende, no están a su altura.