Ensayo de un análisis espectral de la crisis actual
El teólogo realiza un sesudo análisis del proceso que se llevó con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y llega a conclusiones que no pueden dejar de ser vistas como muy preocupantes para el gobierno actual de la Iglesia Católica.
Presentamos las conclusiones de un largo estudio que realizó Peter Hünermann,
Profesor emérito de teología dogmática en la Universidad de Tubinga
Presidente de honor de la Asociación europea de teología católica y un hombre allegado a la Argentina por sus trabajo tales como América latina y la doctrina social de la Iglesia: diálogo latinoamericano-alemán (Buenos Aires 1992); La juventud latinoamericana en los procesos de globalización: opción por los jóvenes (Buenos Aires 1998); Formar, educar, aprender: promoción humana integral en una cultura adveniente (Buenos Aires 2002).
El teólogo realiza un sesudo análisis del proceso que se llevó con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y llega a conclusiones que no pueden dejar de ser vistas como muy preocupantes para el gobierno actual de la Iglesia Católica.
El artículo completo puede verse en http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php
Estas son las páginas finales de su detallado análisis.
El problema teológico de fondo
El levantamiento de una excomunión no puede llegar sino después de una súplica expresa y penetrada de contrición. Pero, una vez más, Fellay confirma la postura de Lefebvre al afirmar alto y claro que él está dispuesto a firmar con su propia sangre el juramento antimodernista y la confesión de Pío V. El sentido de esta frase debía estar claro para todos, tanto para el papa como para los cardenales concernidos. Las conversaciones que se arrastran desde 1970 no cesan de girar alrededor de los mismos puntos. Los otros textos de Fellay que hemos citado y cuyo talante es idéntico antes y después del levantamiento de la excomunión, confirman que no se ha producido ningún cambio de ningún tipo en este dominio. La aprobación previa por el papa de los estatutos del Instituto del Buen Pastor aparecía como un preludio, que ahora se extiende a la Fraternidad Pío X.
Así, el levantamiento de la excomunión representa un acto que equivale a un error de gobierno (Amtsfehler, faute de gouvernement). Esta decisión concede a los obispos de la Fraternidad Pío X, de manera deliberada y sin que se hayan cumplido las condiciones canónicas, la comunión eclesial y el fin del cisma, aunque el estatuto que tendrían en la Iglesia no ha sido previamente determinado. Este error de gobierno se hace más grave por el hecho de que significa una dispensa en lo referente a la recepción global del Vaticano II. La no aceptación de algunas enseñanzas decisivas del concilio queda expresada claramente en la petición de Fellay. Pero este error agravado contraviene la fe y las costumbres, fides et mores, cuya salvaguarda ha sido confiada al sucesor de Pedro de una manera especial por la Iglesia universal.
Se plantea, pues, la cuestión de saber si un papa puede dispensar de un concilio legítimamente convocado, de tal modo que dicho concilio pudiera ser recibido parcialmente, excluyendo algunos enunciados esenciales. La respuesta es un «no» categórico. El papa y los cardenales están obligados por un concilio legítimo y recibido así como por sus decisiones, del mismo modo que cada fiel. Los obispos Lefebvre y Fellay no han dejado en la sombra tal o cual aspecto secundario del concilio. Para ellos no se trataba ni se trata de algunos detalles en la redacción de los textos conciliares, sino de orientaciones centrales en cuanto a la inteligencia de la fe y a la comprensión de la Iglesia tales como el concilio las propone a todos los católicos. Las páginas oficiales de Internet de la Fraternidad Pío X repiten, incluso estos días, que la libertad religiosa y algunas otras enseñanzas del Vaticano II contradicen al Syllabus de Pío IX. La misma reprobación alcanza al decreto conciliar sobre el ecumenismo: «Los protestantes y otros no-católicos no tienen ninguna fe» (mensaje de la Fraternidad Pío X citado por The Tablet el 31 de enero de 2009). Se ve qué crédito puede concederse al testimonio de Fellay a propósito del juramento antimodernista y de la confesión de fe tridentina.
La obra doctrinal del Vaticano II concierne, entre otros temas, a la revelación divina en sus etapas y formas históricas, la Escritura y su interpretación, las perspectivas que derivan del misterio de la Iglesia y fundan el ecumenismo y el pueblo de Dios, las relaciones con las otras religiones y con la sociedad actual. Estas diversas enseñanzas no han sido formuladas en definiciones dogmáticas formales. Por otra parte, no se puede, en mi opinión, resumir una problemática tan elaborada y tan compleja en diez o quince cánones atravesados de anatemas. Se trata, sin embargo, de aserciones esenciales, que son indispensables para la Iglesia en la situación histórica de la modernidad. Estos textos normativos han sido largamente debatidos; han sido discutidos en función de posibles objeciones y dificultades. Los documentos del concilio expresan el consenso eclesial surgido de la invocación al Espíritu, de la escucha de la Escritura, de la eucaristía, de la oración y de la reflexión de los padres conciliares. Llevada de un tal consenso, la Iglesia cree desde los orígenes estar en situación de escuchar la voz del Espíritu de Dios. Poner todo esto entre paréntesis viene a ser como rechazar escuchar lo que el Espíritu dice a las comunidades. La importancia central de esos temas aparece clara desde que se los intenta retirar de la vida de la Iglesia de hoy. ¿Puede un papa dispensar de la adhesión a palabras de fe tan fundamentales, con vistas a levantar una excomunión contraída por causa de herejía? No.
A estas cuestiones esenciales concernientes a la fe se añade aquí un aspecto que les está íntimamente ligado y que se refiere a las costumbres. En efecto, no es casualidad que se encuentre entre los cuatro obispos excomulgados un antisemita que niega la Shoah, notoriamente conocido como tal desde hace años. Una persona que niega o minimiza de algún modo la empresa monstruosa que fue el genocidio nazi del pueblo judío, una tal persona es un pecador público que no puede ser admitido al sacramento de la penitencia sin haber dado signos evidentes, constatables en su vida, de arrepentimiento y de conversión, signos que podrían ser tenidos posteriormente en cuenta para un eventual levantamiento de la excomunión. Lamentos enunciados simplemente con la punta de los labios no son suficientes. Cuando el cardenal Secretario de Estado exige el 4 de febrero de 2009 a Richard Williamson una retractación rápida para hacerle beneficiario del levantamiento de la excomunión, parece una farsa y una descalificación pública de la disciplina penitencial.
El resultado es abruandor. Este levantamiento de la excomunión representa un ejercicio de la función episcopal que ofende y se enfrenta gravemente a la fe y a las costumbres. En mi opinión, esta decisión es nula y sin valor, aunque no sea más que en función del canon 126 así redactado: «Es nulo el acto realizado por ignorancia o error cuando afecta a lo que constituye su substancia o recae sobre una condición sine qua non». El editorial de L’Osservatore Romano del 26/27 de enero de 2009 se queja amargamente de los ataques injustificados contra el papa y afirma que la decisión pontificia estaba inspirada por el «nuevo estilo» que hay en la Iglesia y que, deseado por el concilio, prefiere la «medicina de la misericordia» a la condena. A la vista de los hechos, se puede anotar tal discurso en la cuenta de la ingenuidad. El papa mismo no parece medir el alcance de su propia manera de actuar tal como se la observa después de largos años y tal como ella culmina en su más reciente decisión: en la audiencia general del 29 de enero de 2009 declaraba haber actuado por misericordia al mismo tiempo que afirmaba que detestaba la Shoah…
Hermeneútica del Vaticano II
El problema fundamental de la causa actual no reside en el hecho que el trabajo ha sido realizado deprisa y corriendo, que un viejo cardenal torpe se ha encontrado desbordado, que las comunicaciones han funcionado mal o que estamos ante un pontífice que tiene tendencia a tomar decisiones solitarias. Todo esto es evidentemente deplorable, puesto que aquí hay opciones de gran alcance y plenas de consecuencias. Pero lo esencial no está ahí. Tampoco se trata del antisemitismo del obispo Williamson, por innoble y repugnante que sea. El núcleo del problema es de naturaleza teológica; se refiere a la concepción de la Iglesia en sus aspectos tanto institucionales como éticos. Con la manera con la que ha ejercido su mandato, el papa ha quebrantado muy profundamente la confianza de los fieles en el ministerio de Pedro en cuanto testigo de la fe y de las costumbres. Al mismo tiempo, su decisión expone a la Iglesia al peligro de contar entre sus filas con obispos y sacerdotes (actuales y futuros) que no estén de acuerdo con la fe y las costumbres de la Iglesia católica. El papa no puede hacer depender la interpretación auténtica del Vaticano II de negociaciones con un grupo cismático y herético. Se puede pensar que desde ahora una sombra profunda corre el riesgo de planear sobre cantidad de «declaraciones auténticas» de la Congregación de la fe relativas a la interpretación del Vaticano II.
Estas indicaciones, que se refieren a la manera de gobernar, presentan aún otro aspecto. Poco tiempo después de haber entrado en funciones, Benedicto XVI explicaba, en su mensaje de Navidad de 2005 a la curia romana, cómo comprende e interpreta él el concilio Vaticano II. Aborda la problemática que hoy nos preocupa con la ayuda de las expresiones «hermeneútica de la discontinuidad» y «reforma de la continuidad». Con el título de reforma de la continuidad, insiste en el hecho de que la única Iglesia existe continuamente antes y después del concilio, con su identidad fundada sobre la fe. Las mutaciones producidas en el mundo moderno han llevado a la Iglesia, guiada por la fe, a adoptar un nuevo posicionamiento: «Como consecuencia de una nueva definición de las relaciones entre la fe de la Iglesia y algunos elementos importantes del pensamiento moderno, el Vaticano II ha revisado y también corregido algunas decisiones históricas, pero en esa discontinuidad aparente ha más bien preservado y profundizado su verdadera identidad» (AAS 98, 2006, 51). El papa explica esto a propósito de la libertad religiosa, describiendo la situación antigua y oponiéndole la situación nueva. Tales desarrollos solo se pueden aprobar. Lo que irrita es que, en la sección que trata de la hermeneútica de la discontinuidad, el papa no evoca jamás a las tradicionalistas. Cita únicamente a los «progresistas», los cuales, según él, no retienen más que el espíritu del concilio pero minimizando el texto, porque este estaría trufado de fórmulas trasnochadas, que no se habrían conservado más que en atención al compromiso. De ahí resulta que Benedicto XVI aprueba el concilio, pero contempla los riesgos ligados a su recepción desde un punto de vista totalmente unilateral.
Este papa no es un hombre que rechace el Vaticano II o que no lo comprenda. No es un hombre incapaz de consagrar a la fe palabras y meditaciones profundas, un hombre que no intente poner toda su fuerza al servicio del Evangelio. Todo esto es incontestable. Pero el texto citado muestra que el papa, consciente de la crisis que atraviesa la aceptación de la Iglesia en la sociedad moderna, está convencido de que la Iglesia no superará la prueba sino recuperando los círculos decididamente tradicionales.
Conclusión
Por mi parte, pienso –e insisto: salvo un juicio más aclarado– que estamos ante un escandaloso error de gobierno, tomada la expresión en un sentido teológico. ¿Cómo salir de la crisis? No existe jurisdicción que pueda pedir cuentas al papa como a cualquier otro funcionario ni, eventualmente, condenarlo. Esta posibilidad no se da para el papa como para un jefe de Estado en el ejercicio de sus funciones. No hay herejía. Si tal fuera el caso, el colegio cardenalicio es quien sería competente y debería constatar que no tenemos ya papa, porque un papa herético pierde ipso facto su cargo.
Errores de gobierno que han provocado escándalo han sido frecuentes en la historia de la Iglesia y en la del papado. El desenlace de este género de crisis fue lo más a menudo laborioso y difícil. En el caso presente, la salida de la crisis es particularmente delicada porque muchos cardenales y obispos han tenido conocimiento de los hechos desde 1988 y han asumido toda esta evolución con el papa. Es tanto como decir que la situación actual representa un desafío extraordinario: exige de todos los actores sencillez, humildad, renuncia a todo ombliguismo y a toda sed de poder, en resumen un retorno al espíritu del Evangelio. Esta exigencia se impone a todo el pueblo de Dios, a todos los fieles, incluidos el papa, los cardenales, las conferencias episcopales, los sacerdotes, los diáconos y los agentes de pastoral. La Iglesia, el papa y los obispos recuperarán su libertad de actuación pública, solo si se confiesan y corrigen el error de gobierno contra la fe y las costumbres de la Iglesia. Un papa que se deja dictar, a sí mismo y a sus colaboradores, condiciones previas por un grupo cismático y herético, tal papa no es libre. Y si se escamotea esta constatación, se da inevitablemente la impresión de que las autoridades romanas han cedido a presiones exteriores y no son más que marionetas de la opinión pública y de los media. Medios tradicionalistas toman ya posiciones en este sentido.
Es incontestable que las decisiones tomadas están afectadas de nulidad. A la cuestión de saber cómo difundir la información, hay varias respuestas posibles, comenzando por respuestas negativas. Así, no bastaría con que el cardenal Giovanni Re, que ha firmado el decreto de levantamiento de la excomunión, declare su nulidad, `porque el papa ha reconocido públicamente que esta decisión era la suya también. La segunda cuestión urgente que planeta la salida de la crisis concierne a la reparación paso a paso de los daños causados, especialmente de la pérdida de credibilidad que la Iglesia acaba de encajar en el mundo y en su propio seno. Porque la Iglesia se encuentra ante un enorme montón de escombros. Las decisiones justas piden mucha oración, un esfuerzo de conversión en todos los niveles, el consuelo del Espíritu Santo y de sus siete dones. Los pasos concretos a dar y una autocatarsis de la Iglesia se anuncian extremadamente arduos.
(Texto aparecido en Herder Korrespondenz 63, D- Freiburg, mars 2009, pp. 119-125.
Traducido del alemán al francés por Charles Wacknheim.
Traducido del francés al español por Diego Tolsada).
Los israelíes lo han invitado, los musulmanes lo han querido. Pero sus fieles del lugar no, las mayores oposiciones al viaje han venido de ellos. Los motivos del rechazo. Y las incógnitas.
por Sandro Magister
ROMA, 6 de mayo del 2009 – El domingo antes de partir a Tierra Santa, en una plaza san Pero llena de fieles, Benedicto XVI dijo en pocas palabras cual será el objetivo de su viaje:
"Con mi visita me propongo confirmar y alentar a los cristianos de Tierra Santa, que deben afrontar diariamente no pocas dificultades. Como sucesor del apóstol Pedro, les haré sentir la cercanía y el apoyo de todo el cuerpo de la Iglesia. Además, me haré peregrino de paz, en el nombre del único Dios que es Padre de todos. Daré testimonio del compromiso de la Iglesia Católica a favor de cuantos se esfuerzan por practicar el diálogo y la reconciliación, para llegar a una paz estable y duradera en la justicia y en el respeto recíproco. En fin, este viaje no podrá no tener una notable importancia ecuménica e interreligiosa. Jerusalén es, desde este punto de vista, la ciudad-símbolo por excelencia: Cristo murió allí para reunir a todos los hijos de Dios dispersos".
De estas palabras – ratificadas en la audiencia general del miércoles 6 de mayo – se saca que para promover la paz y el diálogo en Tierra Santa, entre los pueblos y las religiones, el Papa se confía en primer lugar a los cristianos que viven allá.
Una apuesta audaz. De hecho, no sólo en esa región los cristianos están reducidos a una exigua minoría, menos del 2 por ciento de la población judía y árabe. Se debe también tener en cuenta que precisamente los cristianos del lugar han sido más escépticos, en reaccionar al anuncio del viaje del Papa. Muchos de ellos, también sacerdotes y obispos, se expresaron en contra respecto a lo oportuno de su visita.
Se ha debido trabajar mucho por limar las asperezas de este frente de rechazo. El patriarca latino de Jerusalén, Fouad Twal, la ha confirmado en una entrevista: las razones de los opositores han sido expuestas también a Benedicto XVI en persona.
El temor principal de los opositores era que el viaje del Papa – también por sus posiciones muy avanzadas en el diálogo religioso con el judaísmo – resultase una ventaja política para Israel.
Benedicto XVI ha resistido con firmeza. Por parte suya, la diplomacia vaticana ha hecho de todo para tranquilizar a los opositores.
Esto explica, por ejemplo, la benevolencia mostrada por el Vaticano en relación al archienemigo de Israel, Irán, durante y después de la controversial conferencia de Ginebra sobre el racismo: una benevolencia que ha sido considerada por muchos observadores como una exageración.
Y esto explica, quizá, también el silencio de las autoridades vaticanas y del mismo Papa sobre el traicionero ahorcamiento en Teherán para la joven iraní Delara Dalabi. En casos de ese tipo, de resonancia mundial, casi siempre la Santa Sede alza la voz en defensa de las víctimas de las violaciones de los derechos humanos: pero esta vez ha decidido callar.
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Se debe decir que Irán, a su vez, trata a la Santa Sede con inusual benevolencia. Recibiendo, el año pasado en abril, al nuncio apostólico en Teherán, el arzobispo Jean-Paul Gobel, el presidente Ahmadinejad definió el Vaticano como una fuerza positiva para la justicia y la paz en el mundo.
Y poco después envió a Roma una delegación de alto nivel comandada por Mahdi Mostafavi, descendiente directo del profeta Mahoma, presidente del Islamic Culture and Relations Organization de Teherán y ex viceministro del exterior: un hombre de su confianza y "consejero espiritual", con el cual se reúne "al menos dos veces a la semana".
La delegación iraní tuvo con una autorizada delegación vaticana un diálogo a puertas cerradas de tres días, del 28 al 30 de abril, sobre el tema "Fe y razón en el cristianismo y en el Islam", que se concluyó con un encuentro con Benedicto XVI.
En Irán vive una pequeñísima comunidad católica, sometida a un asfixiante control. También esto explica el "realismo" que muestra la diplomacia vaticana, en este y en otros países musulmanes. Para salvar lo insalvable, la reserva es considerada más eficaz que la abierta denuncia.
Una sola vez, por ejemplo, y en forma velada, el Vaticano ha desaprobado con aspereza los repetidos anatemas de Ahmadinejad contra la existencia de Israel. Lo ha hecho con un comunicado de la sala de prensa el lejano octubre del 2005. Después de entonces, silencio.
Pero el "realismo" diplomático no explica todo. A una parte consistente de los cristianos árabes que viven en Tierra Santa los anatemas anti-judíos de Ahmadinejad les suenan familiares. También para ellos es la existencia misma de Israel la causa de todos los males.
Hay que tener en cuenta que pensamientos similares corren no sólo entre los cristianos árabes, sino también entre los exponentes de relieve de la Iglesia Católica que viven fuera de Tierra Santa y en Roma.
Uno de éstos, por ejemplo, es el jesuita Samir Khalil Samir, egipcio de nacimiento, islamólogo entre los más escuchados en el Vaticano, quien en un "decálogo" de su autoría, presentado hace dos años a favor de la paz en Medio Oriente, ha escrito lo siguiente:
"La raíz del problema israelí-palestino no es religiosa ni étnica, es puramente política. El problema surge cuando se crea el Estado de Israel y se divide Palestina en 1948 – a continuación de la persecución organizada sistemáticamente contra los judíos –, decidido por las grandes potencias sin tener en cuenta a las poblaciones presentes en Tierra Santa. Ésta es la causa real de todas las guerras que han tenido lugar. Para poner remedio a una grave injusticia cometida en Europa contra un tercio de la población judía mundial, la misma Europa, apoyada por las otras naciones más poderosas, ha decidido y ha cometido una nueva injusticia contra la población palestina, inocente respecto al martirio de los judíos".
Dicho esto, el Padre Samir sostiene de todos modos que la existencia de Israel es hoy un dato de hecho que no puede ser ignorado, independientemente de su pecado de origen. Ésta es también la posición oficial de la Santa Sede, desde hace tiempo favorable a los dos Estados, el israelita y el palestino.
No sólo. Para el padre Samir los cristianos árabes que viven en Tierra Santa, aunque pocos en número, son "los únicos que pueden promover la paz en la región, porque no quieren afrontar la cuestión religiosamente, sino según la justicia y la legalidad.
Según el padre Samir, el conflicto árabe-israelí no cesará mientras siga siendo una guerra religiosa entre judaísmo e Islam. Sólo podrá encontrar paz si se reconduce a sus connotaciones políticas y "laicas". Y los cristianos son los más preparados para ese fin.
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A la víspera del viaje de Benedicto XVI en Tierra Santa, el padre Samir ha desarrollado sus ideas sobre el rol de los cristianos en la región en una entrevista al semanario italiano "Tempi".
Entre otras cosas ha dicho:
"Ya la Nahdah, el renacimiento árabe que se ha verificado entre el siglo XIX y la primera parte del XX fue esencialmente fruto de los cristianos. De nuevo, hoy, un siglo después está sucediendo lo mismo, si bien los cristianos son minoría en los países árabes. Hoy lo 'nuevo' en el pensamiento árabe llega del Líbano, donde la interacción entre cristianos y musulmanes es más viva. Hay allí cinco universidades católicas, además de las islámicas y de las estatales. Funcionan radio, televisión, diarios y revistas de matriz cristiana, en las cuales escriben todos, musulmanes, laicos, cristianos. Hoy el impacto cultural de los cristianos en Medio Oriente se da a través de los medios de comunicación: el Líbano se ha convertido en el primer centro de publicaciones de libros de todo el mundo árabe, donde son impresos libros sauditas, marroquíes… También los musulmanes entienden que los cristianos son el grupo más activo y los elementos culturalmente más dinámicos, como frecuentemente ocurre con las minorías. Los cristianos libaneses o de los otros países del Medio Oriente tienen también vínculos con Occidente, y por esto su rol cultural es fundamental. Muchos musulmanes, también autorizados líderes, tanto en el Líbano como en Jordania, pero también en Arabia Saudita, lo han declarado públicamente: no queremos que los cristianos se vayan de nuestros países porque son una parte esencial de nuestra sociedad".
A esta visión optimista, el padre Samir acompaña naturalmente la advertencia que en los países musulmanes los cristianos están amenazados casi por todas partes. Comenzando por Arabia Saudita, otro estado con el cual la Santa Sede mantiene una política "realista" libre de prejuicios, que el 6 de noviembre del 2007 culminó en la acogida con todos los honores en el Vaticano de su rey, teniendo a la sombra las sistemáticas violaciones de los derechos humanos en aquel país.
Más pesimista, regresando al escenario palestino-israelí, es el juicio que da del rol de los cristianos otro profundo conocedor de la región, el Custodio de Tierra Santa, el franciscano Pierbattista Pizzaballa. Según su parecer, en el conflicto palestino-israelí hoy "los cristianos no cuentan más nada, políticamente".
Y por demás son los más fríos en acoger la visita del Papa, no obstante los haya puesto en primer lugar entre los objetivos de su viaje.
Difícil empresa, la de Benedicto XVI en Tierra Santa. Más que los israelíes que lo han invitado, más que la monarquía de Jordania que le ha abierto las puertas de par en par, deberá ante todo conquistar a los cristianos del lugar.
AMERINDIA – ENCUENTRO-TALLER APARECIDA 2009
Información-Invitación - 2ª Comunicación
Van a cumplirse ya dos años de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, realizada en Aparecida-Brasil, y nos preguntamos qué es lo que ha pasado y su repercusión en la marcha de nuestra Iglesia argentina.
Queremos retomar, desde la tradición teológica-pastoral que nos marcaron Medellín y Puebla, el soplo del Espíritu que nos dejó la reciente V Conferencia General, aún con sus debilidades. Y ver sus consecuencias para nuestras vidas, como discípulos misioneros de Jesucristo, en la tarea y desafío de la construcción del Reino y su Justicia.
Por tal motivo, invitamos a quienes quieran participar de este espacio de reflexión y discernimiento que tendrá su acentuación en la identidad misionera de la Iglesia. De allí su título de: “Aparecida: La Misión como nuevo Paradigma”, cuyo abordaje tendrá una mirada crítica y proyectiva desde nuestra realidad socio-eclesial argentina.
He aquí una primera aproximación a su contenido y organización:
. Ejes temáticos:
• Compartir vivencias y prácticas de los participantes en relación a la Misión de la Iglesia, en una actitud de escucha y de discernimiento en el Espíritu. Que sea un espacio de revelación del Espíritu.
• Evento y Documento de Aparecida.
• Qué pasa con la Misión en América Latina y el Caribe?
• Qué prácticas de Misión hay en Argentina?
• Mirada crítica y proyectiva en relación a la Misión: no como una actividad de la Iglesia sino como su identidad-actitud de vida esencial.
• Desde Aparecida hacia la Misión como nuevo paradigma…Y qué Misión?
• Hacia un nuevo paradigma de la Misión. Cómo tendría que ser hoy?
• Discernir los signos de los tiempos en la conflictividad de la Globalización, marcada por la hegemonía neoliberal, y qué caminos abrir-profundizar para la vida digna de nuestro Pueblo.
• Una Misión que tiene como centro el Reino de Dios y la nueva espiritualidad que ello supone. Qué consecuencias traería a la vida y pastoral de la Iglesia en Argentina, en el contexto de América latina y el Caribe?
• Asumir, para no quedar en un mero voluntarismo, los cambios institucionales, pastorales, ministeriales que necesitamos procesar en la Iglesia para vivir la Misión como nuevo paradigma.
. Fecha del Encuentro: Del jueves 30 de julio (17 hs.) al sábado 1º de agosto (18 hs.) 2009
. Lugar: Casa Nazaret, Carlos Calvo 3121, Capital-Bs. As. (Tel. 011-4932 8372).
. Inscripción y Costos: Comunicarse con la Secretaría:
E-mail: amerindiaargentina@gmail.com
. Isabel Iñiguez, Cel. 011 15 37034428
. Juan Albaytero, Tel. 011 4257-4832
. Modalidad: Encuentro-Taller
. Participantes: Abierto, en perspectiva nacional, a todos los que tengan interés
y quieran participar. Se recomienda haber leído el Documento de Aparecida para un
mayor provecho del Encuentro.
. Convocante: Equipo de Animación Teológica de América Latina y el Caribe-Amerindia
. Coordinación: Amerindia Argentina y Equipo de Animación Teológica
. Programación y Expositores: ver pág. 3
Esperamos que esta información-invitación sea de su interés y podamos juntos participar de este caminar de la Iglesia argentina al servicio de la vida digna de nuestro pueblo. Para mayor información y/o realizar su inscripción dirigirse a la Secretaría del Encuentro-Taller.
Cordialmente.
Amerindia-Equipo de Animación Teológica de América Latina y el Caribe
Amerindia Argentina*
Buenos Aires, Abril 2009
* Telmo Meirone – tmeirone@hotmail.com
Isabel Iñiguez - isa-jok@speedy.com.ar
Juan Albaytero - albayte@fibertel.com.ar
Antonia Scarpati – antoniascarpati@hotmail.com
Juan Carlos Scannone – jcscannone@hotmail.com
Esteban de Nevares – estebandenevares@fundapaz.org.ar
Marcelo Trejo – escteologia@ucse.edu.ar
Fernán Gustavo Carreras – fgcarreras@yahoo.com.ar
Daniela Cannavina – danielacannavina@hotmail.com
Angel Caputo – tcp@sion.com
PROGRAMACIÓN GLOBAL DEL ENCUENTRO-TALLER
Casa Nazaret, 30 de Julio al 1º de Agosto - 2009
- Jueves 30 de julio:
. 17 hs. Inicio… Presentación del Encuentro-Taller
- Integración Grupal
- Motivaciones y expectativas
. 20 hs. Cena
- Viernes 31 de julio:
- Temática y Expositores:
. Por la mañana:
• “APARECIDA: LA MISIÓN COMO NUEVO PARADIGMA”
Mirada crítica y proyectiva desde una perspectiva global de América Latina y el Caribe. A cargo de Pablo Bonavía (Uruguay), Coordinador del Equipo de
Animación Teológica-Amerindia de A.L y el Caribe.
• “LA MISIÓN EN APARECIDA, DESDE LA PRAXIS Y PERSPECTIVAS ESPECÍFICAS DE LA IGLESIA DEL BRASIL” A cargo de Don Demetrio Valentini, Obispo de Jales-Brasil.
. Por la tarde:
• “APARECIDA Y LA MISIÓN HOY…
COMO NUEVO PARADIGMA”
Mirada crítica y proyectiva desde Argentina.
A cargo de los Teólogos argentinos Marcelo González y Marcelo Trejo
. Por la noche: Reunión con todos aquell@s (Instituciones o personas) que tengan interés en formar parte del Grupo de Amerindia-Argentina.
Diálogo, intercambio, consensos, lo mínimo de organización como para la constitución del grupo-espacio.
- Sábado 1º de agosto:
. Por la mañana:
• Continuidad del Equipo de Teólogos argentinos
• “LA MISIÓN HOY EN ARGENTINA
A LA LUZ DE APARECIDA”
Experiencia y visión personal de Mons. Marcelino Palentini, Obispo de Jujuy, Argentina.
. Media Tarde: Redondeo, Conclusiones, Evaluación y Proyección
. 18 hs. Clausura y Despedida.
Buenos Aires, Abril 2009
Por José María Castillo
Viernes, 24 de abril 2009
No cabe duda de que el ejercicio del papado es extremadamente difícil. Benedicto XVI dice que se siente solo. Y años atrás, Pablo VI y Juan Pablo II habían pedido ayuda a obispos y teólogos para buscar nuevas formas de ejercer el “ministerio de Pedro”, es decir, el papado. Y es que el problema de fondo no está motivado principalmente por la persona del papa (si es conservador o progresista, de tal o cual tendencia...), sino por el cargo en cuanto tal, es decir, el modo y forma en que el papado ha terminado por organizarse.
Es evidente que una institución de ámbito mundial, como es la Iglesia católica, necesita una autoridad supranacional que pueda coordinar las actividades que trascienden las fronteras y resolver los problemas que no se pueden solucionar localmente. Pero tan cierto como eso, es que una autoridad así, se puede organizar de formas muy distintas. Puede ser una autoridad democrática o, más bien, monárquica. La forma más antigua en la Iglesia fue la democracia.
La misma palabra “Ecclesía” se tomó del lenguaje técnico de la democracia griega y significaba la “asamblea” de los ciudadanos libres, reunidos para tomar sus decisiones. Así funcionó la Iglesia durante más de mil años, hasta el s. XI. Los grandes defensores de la democracia en la Iglesia, en aquellos siglos, fueron precisamente los papas. Es ejemplar el texto de san León Magno (s. V): “El que debe ser puesto a la cabeza de todos, debe ser elegido por todos” (Epist. 14, 4). Por otra parte, en aquellos siglos, el obispo de Roma no tenía el papel que tiene ahora.
Desde Justiniano (s, VI), la Iglesia quedó gobernada por cinco patriarcados: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén (“Novella” 109). Roma aspiró siempre a la presidencia, basada en la tradición según la cual san Pedro estaba allí enterrado. Pero es notable que san Gregorio Magno se resistió siempre a ser designado como “papa universal”. Además, el gobierno no estaba concentrado en ningún patriarca, ni siquiera en el de Occidente (Roma), sino que era compartido por todos los obispos que, en los sínodos locales, tomaban las decisiones doctrinales y de gobierno. Se sabe también que el texto de Mt 16, 18-19, que ahora se aplica al primado de Pedro, en toda la Edad Media se aplicaba a los doce Apóstoles y se leía como evangelio en la misa de ordenación de obispos. Se tenía la conciencia de que los Apóstoles había recibido el mismo “honor” y la misma “potestad” que Pedro (Y. Congar).
A partir de 1073, Gregorio VII tomó la decisión más grave en la historia del papado. Este papa decidió concentrar todo el poder en el obispo de Roma. Una decisión que se reforzó en los siglos siguientes, sobre todo a partir de Inocencio III (1196-1216) cuyos teólogos inventaron la teoría de la “plenitudo potestatis”, en la práctica, el papa como dueño absoluto del mundo, una locura, que no se pudo equilibrar ni siquiera a partir del Gran Cisma, cuando desde 1409 la Iglesia se encontró con tres papas, ninguno de ellos dispuesto a renunciar.
El concilio de Constanza (1415) dijo que el concilio estaba sobre el papa, lo que equivalía a defender que el episcopado está sobre el papado. Esta decisión fue ratificada por el concilio de Basilea (1431). Pero duró poco, ya que el concilio de Florencia (1439) definió que “la Sede Apostólica y el Pontífice romano poseen el primado en el universo entero”. Así quedaron las cosas hasta el Vaticano II, que en la Constitución sobre la Iglesia (nº 22) declaró que el papa es el sujeto de suprema y plena potestad en la Iglesia, pero añadiendo inmediatamente que también tiene esa potestad, junto con el papa, el episcopado mundial. Quedó, sin embargo, sin resolver cómo se han de armonizar en la práctica estos dos poderes.
El actual Código de D.C. resolvió este enorme problema teológico por vía jurídica, afirmando el poder supremo del papa sobre todos los obispos y sobre toda la Iglesia (Can. 331 y 333). Con lo que la Iglesia entera a quedado a merced de las decisiones de un solo hombre. Cosa que no se puede demostrar ni desde el Nuevo Testamento, ni desde la tradición de la Iglesia en sus veinte siglos de historia.
Esta situación tiene, sobre todo, tres consecuencias graves:
1) Mientras el papado siga como está, es imposible la unión de todos los cristianos. Porque las otras confesiones cristianas saben bien la historia que yo he condensado en pocas palabras. Y esos cristianos no se sienten, ni se pueden sentir, motivados en conciencia a someterse a un poder que no se justifica desde la fe cristiana.
2) El papado así organizado, como monarquía absoluta, hace imposible también que la Iglesia haga suyos e integre en su vida (y en sus relaciones internacionales) los Derechos Humanos. Con lo que los problemas y los conflictos con los poderes públicos y con la cultura actual son y serán incesantes, como lo estamos viviendo a diario y por todas partes. El papado continuará exhortando a los demás a aplicar los Derechos Humanos, pero la Iglesia seguirá sin ponerlos en práctica. Lo que lleva consigo agresiones violentísimas a las personas, a los grupos humanos y a las instituciones públicas.
3) Así las cosas, la Iglesia vive y vivirá en constante contradicción con el Evangelio. Jesús no consintió jamás que ninguno de los apóstoles pretendiera ser el primero, el más importante, el que estaba sobre los demás. Este dato, tan fundamental y tan insistentemente repetido en los evangelios, no ha sido integrado por la teología del papado. Y eso es tanto o mas serio que aquello de “Tú eres Pedro....”. No se puede tomar del Evangelio lo que conviene y dejar lo que incomoda.
Estoy de acuerdo en que Benedicto XVI ha tomado un camino equivocado. Porque es un camino de retroceso, no de progreso. Pero el problema no está en el papa, sino en el papado.
Fuente: http://www.atrio.org/?p=1715
Las cartas de Pablo revelan lo que era la Iglesia en las comunidades fundadas por él más o menos 20 años después de la muerte de Jesús. La comunidad cristiana está comenzando y tiene todos los privilegios de la infancia.
Debemos considerar las epístolas que son realmente de s. Pablo: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, Filemón. Las otras fueron escritas después de la muerte de él y varias fueron escritas 30 ó 40 años después de la muerte de él por discípulos de él. Pero estos discípulos cambiaron la eclesiología, con certeza porque las mismas comunidades habían cambiado. El principal cambio es la presencia de ministros permanentes encargados de dirigir la comunidad, presbíteros y diáconos que no fueron establecidos por s. Pablo. De la misma manera los Hechos de los Apóstoles presentan a un Pablo bien diferente del Pablo de las cartas. Es el Pablo al cual se atribuyen todos los cambios que ocurrieron entre la muerte de él y la redacción de los Hechos. El autor de los Hechos no conoció a Pablo ni las cartas de él. Acepta tradiciones populares y agrega discursos y episodios que representan la teología de él y no la teología de Pablo.
1.- El pueblo de Dios
Debemos mantener que el concepto básico de la eclesiología de Pablo es el concepto de pueblo de Dios. El concepto de pueblo no es sociológico. Consulté tratados de sociología y pude ver que en la sociología no se trata del pueblo porque pueblo no es categoría sociológica, no es algo que se pueda observar. Pueblo es una categoría teológica porque es un ideal proyectado como promesa hecha a Abrahán.
Para Pablo los discípulos de Jesús son la continuación del pueblo de Israel. Los jefes de Israel traicionaron las promesas hechas a Abrahán y abandonaron el verdadero Israel. El verdadero y definitivo Israel Está en las comunidades de discípulos de Jesús, judíos y gentiles. Pues las promesas de Abrahán no se dirigen a una pequeña porción de la humanidad separada del resto. La descendencia de Abrahán debían envolver todo el mundo siendo innumerable. Los judíos levantaron barreras e impidieron la entrada de todas las comunidades étnicas separadas de los judíos. Todo eso está en los cap. 9 a 11 de Romanos, exposición fundamental de la eclesiología de Pablo.
Pablo no pretende convertir individuos, quiere extender el pueblo de Dios hasta la extremidad del mundo porque ese es el plan de Dios revelado a Abrahán. Jesús vino para realizar ese plan de Abrahán. Por eso fue muerto. Pero después de él los discípulos rompieron las barreras y fueron al mundo entero y el pueblo de Dios contiene judíos y no judíos. Jesús no vino para salvar almas sino para refundar la descendencia de Abrahán, rompiendo las barreras y asumiendo el mismo la dirección de ese pueblo.
Un pueblo envuelve la totalidad de la vida humana. Jesús no vino a para enseñar una religión o una sabiduría, sino para cambiar toda la vida. Todo forma parte del pueblo: economía, política, cultura, vida corporal desde la comida hasta el uso de los recursos naturales. Todo eso forma el pueblo. Los discípulos tienen por misión inaugurar ese pueblo que será el pueblo de Dios, integrando todos los otros pueblos en la unidad del proyecto de Abrahán. Hay lugar para todos porque no hay más barreras. Jesús suprimió todas las barreras que procedían de una cultura, de una porción de la humanidad, de un modo de vivir, de algunos jefes de los judíos cerrados en sí mismos y separados de los otros pueblos. Los jefes de Israel hacían casi imposible la entrada de los paganos porque levantaban obstáculos casi in transponibles. Ahora el pueblo está abierto y Pablo piensa que en poco tiempo va a envolver a la humanidad entera.
Las comunidades paulinas y los otros discípulos llamados por otros apóstoles constituyen el inicio de este pueblo ahora libre y abierto. Numéricamente son insignificantes pero la fe de Pablo consiste en esto: ver en ellos el comienzo de una nueva humanidad reunida en una única convivencia en que toda la diversidad se une en el amor y en la solidaridad.
2. La “ekklesía” (Iglesia).
En el inicio, los discípulos de Jesús no creían necesario dar un nombre a su reunión. Eran judíos, miembros del pueblo elegido de Israel. Dentro de Israel ellos eran los seguidores del camino de Jesús. Esperaban el reino de Dios anunciado por Jesús. El reino no vino. Apareció más distante que lo previsto. El concepto de reino de Dios fue transferido para el día en que se realizaría realmente el fin de este mundo y el advenimiento del nuevo, esperado como gran milagro de Dios. Aparecía un tiempo intermediario. Los discípulos no podían esperar simplemente ese día bastante distante. Vivían en la tierra, la vida terrestre continuaba. Fue necesario darse un nombre sobretodo cuando entraron paganos convertidos y los discípulos se apartaron de la ortodoxia judaica.
Pablo dio a sus comunidades un nombre que era común a todas y expresaba la unidad entre todas. Pablo adoptó el nombre de”ekklesía”. Era genial porque esa palabra era muy significativa.
La palabra “ekklesía” tenía un solo significado. Era la asamblea del pueblo reunido, del “demos”, para gobernar la ciudad. No tenía otro significado. Tomando esa palabra Pablo sabía muy bien lo que hacía. No escogió ningún nombre religioso. Había asociaciones religiosas de diversos tipos en aquel tiempo en las ciudades griegas. Pero Pablo sabía que no venía a establecer en la ciudad una religión, un culto. La religión, el culto no interesaban. Para Pablo el culto de los discípulos de Jesús era su vida. Pablo venía para llamar a todos para formar un pueblo. Las comunidades de una ciudad representaban un pueblo, el pueblo de Dios en esa ciudad. Eran el verdadero pueblo, formando el verdadero “demos” aunque fuesen todavía una minoría insignificante. Pero Pablo miraba lejos con una fe invencible. Allí estaba el pueblo, en esa asamblea de los discípulos que era la asamblea del pueblo.
Las comunidades eran un pueblo que formaba “ekklesía”, esto es se gobernaban a sí mismo, sin jefes, sin personas que mandaban. Era la verdadera realización del ideal griego de ciudad. Los discípulos formaban entre ellos una auténtica “democracia” realizando el ideal nunca alcanzado por los griegos que admitían la esclavitud y la división de clases.
La verdadera traducción de “ekklesía” debía ser “democracia”. En cada ciudad los discípulos de Jesús forman una democracia. Sin embargo no hubo traducciones: en latín tomaron la palabra griega que perdió su sentido: “ecclesia”, lo que en castellano fue transformado en “iglesia”. La palabra “iglesia” no significa nada, no dice nada. Se transformó en el nombre de una institución.
Quien está en la Iglesia católica puede percibir hasta qué punto nos alejamos de los orígenes cristianos. Hoy quien considera que la Iglesia es y debe ser una democracia, será condenado como hereje. Estamos exactamente en el extremo opuesto de las comunidades cristianas primitivas.
En la “democracia” cristiana todos eran iguales, todos podían hablar, todos podían intervenir en las decisiones tomadas por la asamblea. Era realmente el advenimiento de la libertad, el núcleo de un nuevo pueblo, de una nueva humanidad. Las comunidades no se reunían para hacer un culto, para practicar una religión, sino para convivir unos con los otros en la fraternidad de un pueblo de iguales. Vivir juntos era la razón de esas reuniones. Había naturalmente una comida en común porque vivir juntos es comer juntos.
Lo que más se aproxima a la “ekklesía” de los orígenes, fueron las llamadas comunidades eclesiales de base, una realización de la cual no se tenía más noticia desde la edad media aunque fuese realizada en ciertas iglesias reformadas, sobretodo en Estados Unidos.
3.- Los dones del Espíritu en las comunidades
La Iglesia, esta “democracia” forma una unidad, un solo cuerpo porque es el cuerpo de Cristo. Cada uno es un órgano de Cristo. El propio Cristo reúne todos sus miembros. Él une todos esos miembros por medio de los dones del Espíritu que son diversos. Cada uno recibe un don del Espíritu. El don es una capacidad para servir. Todos sirven a todos, todos están el servicio de todos. Así es la unidad. La unidad es hecha por el Espíritu.
Pablo dejó tres listas de dones o servicios que llama carismas. Las listas no son las mismas. No había catálogo oficial. Las comunidades no debían ser la copia de un modelo uniforme.
1 Corintios 12, 8-10: “A uno, el Espíritu da el mensaje de sabiduría; a otro, la palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro el mismo Espíritu da la fe; a otro todavía, el único y mismo Espíritu concede el don de las curaciones; a otro el poder de hacer milagros; a otro la profecía; a otro, el discernimiento de los espíritus; a otro el don de hablar en lenguas; a otro, el don de interpretarlas.”
1 Corintios 12, 28-30: “Aquellos que Dios estableció en la Iglesia son, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas, en tercer lugar, doctores. Vienen enseguida los dones de los milagros, de las curaciones, de la asistencia, del gobierno y de hablar diversas lenguas”.
Romanos 12, 6-8: “Quien tiene el don de profecía, que lo ejerza según la proporción de nuestra fe; quien tiene el don de servicio, lo ejerza sirviendo, quien el de enseñanza, enseñando, quien el de exhortación, exhortando. Aquel que distribuye sus bienes, que lo haga con simplicidad; aquel que preside, con diligencia; aquel que ejerce misericordia, con alegría.”
No necesitamos aquí investigar cuál era el contenido concreto de cada uno de estos dones. Lo que nos importa es que todos los miembros tienen un papel en la comunidad. Si alguien preside, no es para mandar, sino para reunir. En las comunidades paulinas nadie manda, ninguno impone. Se realiza lo que dijo don Helder cuando llegó a Recife: aquí dos palabras son prohibidas: Mandar y exigir.
Naturalmente esas comunidades eran pequeñas y no necesitaban de mucha organización. Aparecían problemas, conflictos, rivalidades, pero esos problemas no se resolvían por la imposición de un jefe.
Pablo siempre reivindicó su calidad de “apóstol” por haber sido llamado por el propio Cristo, así como los Doce, aunque en circunstancias diversas tienen autoridad para anunciar el evangelio. En su misión itinerante fue el fundador de muchas comunidades. Él reivindica la autoridad del padre de la comunidad, lo que le confiere una autoridad única.
Sin embargo, es importante ver como Pablo ejerce esa autoridad. No manda, no impone. Tenemos un testimonio muy significativo en 2 Corintios. Como es bien sabido, la 2 Corintios no es una sola carta, sino una colección de cartas integradas en un conjunto. Es fácil reconocer las varias cartas. 2 Corintios contiene 5 cartas que todas se refieren a un incidente que ocurrió en Corinto.
Cuando Pablo estaba en Éfeso, estalló una crisis en Corinto. Alguien contestó la autoridad de Pablo y lideró un grupo de opositores ( 2 Corintios 2, 5-6). Pablo corrió a Corinto. La visita de él fue breve y no tuvo ningún resultado. Por el contrario, el jefe de la oposición insultó al propio Pablo y lo desafió abiertamente. Pablo prefirió retirarse y esperar mejores condiciones para iniciar una estrategia diferente en vista a una reconciliación.
Desde Éfeso, Pablo escribió una carta exhortando a los discípulos de Corinto a reconciliarse con él. Esta carta está en 2 Corintios 2, 14 - 7, 4. Era una carta de apología. No era la primera, porque en 2 Corintios 2,3.4.9 Pablo menciona una carta escrita en lágrimas. Algunos pensaron que podía ser 2 Corintios 10-13, pero esta no parece haber sido escrita con emociones tan fuertes. Si no es esa, la carta en lágrimas está perdida. Con certeza la carta en lágrimas fue el momento culminante de la crisis.
Entonces Pablo envió a Tito a Corinto para ver si él conseguía resolver el problema, es decir, que los Coríntios reconociesen la autoridad apostólica de Pablo. La misión de Tito fue un éxito total. Viajó para anunciar esa noticia a Pablo. Este ya estaba tan impaciente que salió de Éfeso para ir al encuentro de Tito. Ellos se encontraron en la Macedonia, probablemente en Filipos. Pablo quedó tan alegre que escribió y mandó a los Coríntios la carta de reconciliación, 2 Corintios 1,1 - 2,13; 7,5-16.
Una vez hecha la reconciliación Pablo quiso retomar el asunto de la colecta para los pobres de Jerusalén, lo que había sido una iniciativa de los Coríntios, pero había sido abandonada cuando estalló el conflicto. Pablo mandó dos cartas para hablar de esa colecta e insistir. Quiso exhortar a los Coríntios para estimularlos. Son los capítulos 8 y 9 de 2 Corintios.
Este episodio es muy interesante. Pablo podía haber invocado su carácter de apóstol para imponerse. Podía haber proferido una sentencia de condenación a los rebeldes, o hasta de expulsión de la comunidad. Prefirió el camino del diálogo con el fin de conseguir una reconciliación.
Hoy en día llama mucho la atención el hecho de que no hay ninguna ordenación. Cada uno recibe su carisma directamente del Espíritu. El carisma es aceptado porque el discípulo muestra su capacidad. Nadie es designado para un oficio particular. La espontaneidad basta para resolver los problemas de la vida comunitaria. No faltan los dones del Espíritu. Las comunidades eran pequeñas. No había ninguna organización formal.
También llama la atención el hecho de que no hay ningún ministerio o ningún carisma de tipo litúrgico o cultual. Hoy en día las ordenaciones y los ministerios litúrgicos o cultuales ocupan el primer lugar en la Iglesia católica hasta el punto de apagar los dones de la comunidad. En Corinto nadie fue ordenado para bautizar. Nadie fue ordenado o designado para presidir la celebración de la eucaristía, ligadas a las comidas comunitarias. Preside la eucaristía, o sea, distribuye el pan la persona que preside la comida. Es la persona que en las comidas hace la oración de acción de gracias.
Esta situación corresponde al hecho de que no hay culto litúrgico en las comunidades cristianas. Todo el culto del Antiguo Testamento desapareció y fue sustituido por un culto hecho de realidad y no de símbolos. De ahora en adelante el templo son los propios discípulos en su cuerpo. En ellos habita Dios (1 Corintios 3,16-17)
No hay más sacrificios cultuales. Los sacrificios son la vida corporal de los discípulos, sus actividades inspiradas por el Espíritu (Romanos 12,1; Filipenses 3,3). Sacerdotes son todos los discípulos que ofrecen su vida de cada día vivida en su cuerpo.
No hay nada litúrgico. La liturgia es la vida real… Más tarde la influencia del Antiguo Testamento y de las religiones paganas hizo que los cristianos se diesen también un culto litúrgico hecho de símbolos. Entonces van a aparecer ministros ordenados para ese culto. Después de Constantino hubo un desarrollo radical de culto litúrgico y de sus ministros. La Iglesia sé clericalizó y los carismas desaparecieron, por lo menos de la conciencia de los cristianos y de las estructuras oficiales de la Iglesia.. En el tiempo de Pablo nadie imaginaba sacerdotes ordenados para un culto. Los ministerios eran servicios reales parar la comunidad o para los pobres.
4. La Iglesia pobre
El tema de la pobreza es fundamental en la eclesiología de Pablo. Digamos luego que el tema de la Iglesia pobre de Pablo no tiene nada que ver con el tema contemporáneo de la opción preferencial por los pobres. Quien hace opción por los pobres sólo puede ser rico. La Iglesia que hace esa opción, es una Iglesia rica. Esta es de hecho la condición de la Iglesia católica hoy en día. Cuando los obispos de Medellín hicieron opción por los pobres, sabían que eran ricos y representaban una Iglesia rica. Querían responder al desafío que representa la condición de obispo rico que se dice sucesor de apóstoles que eran pobres.
Pablo hace una larga exposición de ese tema de la pobreza en 1 Corintios 1,17 - 2,16 y 3,18 - 23. El tema de la pobreza está ligado al tema de la cruz. Pablo anuncia Jesús crucificado y su eclesiología deriva de ese tema básico. La pobreza suprema es la cruz. La cruz es la situación de la peor degradación humana, es la total impotencia. Por eso ella es objeto de vergüenza. Ser crucificado es la mayor vergüenza. Es el desprecio, el rechazo, objeto de escarnio: la cruz reduce el ser humano a una basura.
Ahora bien, Dios escogió la cruz, la basura, el escándalo, la vergüenza para crear la nueva humanidad. Esa cruz está presente en los pobres. Dios escogió lo que es lo más despreciado en la humanidad. Por eso escogió a los pobres. Los pobres son los elegidos para iniciar la caminata de la liberación de la humanidad. Los pobres son escogidos porque son rechazados, maltratados, reducidos a la impotencia. Dios escoge lo que es más débil para mostrar que su fuerza actúa por medio de aquello que es “más débil”. La comunidad de Corinto es un ejemplo de esa manifestación de su poder creador.. En Corinto hay pocos ricos y la comunidad está hecha esencialmente de pobres.( 1 Corintios 1,26).
La Iglesia según s. Pablo es esa Iglesia de los pobres que era el sueño de Juan XXIII.
Hay una insistencia especial en la pobreza cultural. Dios rechazó la sabiduría de los sabios y escogió la locura de la cruz. Locura quiere decir debilidad intelectual, pobreza de cultura. No necesitamos de la ayuda de la filosofía griega. La verdadera sabiduría es la sabiduría de la cruz. Es la sabiduría de los pobres.
Pero la pobreza es naturalmente también material. Tenemos una descripción de esa pobreza material en la descripción que Pablo hace de su vida. Pues él mismo en su misión fue una muestra de la sabiduría de la cruz. “Estuve en medio de vosotros lleno de flaqueza, recelo y temblor; mi palabra y mi predicación no tenían brillo ni artificios para seducir a los oyentes, pero la demostración residía en el poder del Espíritu para que ustedes creyesen, no por causa de la sabiduría de los hombres, sino por causa del poder de Dios” (1 Corintios 2,3-5) Ahora, he aquí la pobreza material: “Nosotros somos locos por causa de Cristo; y ustedes, ¡cómo son prudentes en Cristo! ¡Nosotros somos débiles, ustedes son fuertes! ¡Ustedes son bien considerados, nosotros somos despreciados! Hasta ahora pasamos hambre, sed, frío y malos tratos, no tenemos un lugar seguro para vivir; y nos agotamos, trabajando con nuestras propias manos. Somos maldecidos, y bendecimos; perseguidos, y soportamos; calumniados, y consolamos. Hasta hoy somos considerados como la basura del mundo, el estiércol del universo” (1 Corintios 4-10-13; cmp. 2 Corintios 11,16-12,10).
Si consideramos los 2000 años de la historia de la Iglesia, ¡cómo no quedar asustados por la enorme distancia que nos separa de los orígenes! A pesar de todo, siempre hubo un resto, una pequeña minoría que fue fiel a los orígenes y comunidades pobres que oyeron el mensaje de locura de la cruz. Al lado de ellos hubo tanta riqueza, tanto poder que ocultaban el evangelio!
En la conquista de América hubo algunos misioneros que reprodujeron el modelo de Pablo: los dominicanos de la isla Española, los franciscanos de México central, los jesuitas de las misiones guaraníes. Al lado de eso, todo el poder y la riqueza de una Iglesia ligada a los conquistadores. Hasta hoy, cuántas tentaciones de poder!
Se habla de una gran misión en América latina. Pero esta Iglesia que somos ahora, ¿qué puede anunciar a las masas pobres de América latina? ¿Qué autoridad tiene esa Iglesia que busca tanto el poder? La gran misión sólo podría ser una gran conversión de la Iglesia. Esa conversión sería obra de los pobres de América latina. La Iglesia no tiene nada que enseñar y todo por aprender. La verdadera Iglesia está en medio de los pobres como Iglesia crucificada, sin sabiduría humana, sin prestigio, sin edificios, sin teología, sin diplomas universitarios, realmente el estiércol del mundo, ignorada y despreciada. Allí está la cruz de Cristo que nosotros no sabemos enseñar.
Esta es la gran lección que nos viene de s. Pablo. ¡Es una locura, pero podemos tratar de ser locos!
José Comblin
Publicado en el diario Noticias de Alava, de España
POR MIGUEL IZU
AFLIGIDOS y desconcertados, es el sentimiento predominante de muchos cristianos en nuestro país ante la situación de la Iglesia católica ("asamblea universal", significaría la expresión griega original, aunque poco de asamblea y cada vez menos de universal tiene). Sentimiento que se ha volcado en el manifiesto Ante la crisis eclesial recientemente publicado y suscrito por 300 personas que sin duda podrían ser muchas más si se quisieran solicitar más adhesiones. Late en ese escrito el mismo deseo de otra Iglesia ("deseamos una Iglesia mejor") que hace años se contiene en el esperanzado lema "Otra Iglesia es posible" que se impulsa desde movimientos como Siomos Iglesia o Redes Cristianas.
Comparto esas reflexiones, a las que quiero añadir alguna más. Difícilmente veremos otra Iglesia, y menos otra Iglesia mejor, si no extendemos el debate a qué concepto de religión abrazamos los cristianos. Porque muchos de los equívocos y contradicciones internas de la Iglesia pueden venir de ahí.
Durante buena parte de la historia de la humanidad la religión (cualquier religión) ha consistido en buena parte en un instrumento de dominación política. Poder político y poder religioso han ido unidos; el gobernante ha sido también sumo sacerdote, cuando no divinidad. Ejercer el poder sobre una sociedad ha implicado, entre otras cosas, el monopolio de la relación con lo sagrado y el monopolio en la definición de la verdad. Ley divina y ley civil han sido una misma cosa, delito y pecado dos caras de la misma moneda. En estas circunstancias, la religión ha consistido principalmente en una ideología que sirve para legitimar el orden político y social existente, el poder se ejerce en nombre de Dios. Cada comunidad política tiene una religión oficial y castiga tanto la herejía como la apostasía.
Pese a esa imposición obligatoria de unas creencias y unas normas, o precisamente por eso mismo, también ha sido normal la aparición de las disensiones religiosas. De cuando en cuando algún grupo impugna los dogmas establecidos; en unos casos logra tomar el poder y reformar la confesión religiosa a la que pertenece, las más de las veces es expulsado o debe abandonarla para crear una nueva religión. Con frecuencia esa nueva religión adopta la forma de secta; me refiero como secta al grupo religioso minoritario que se basa en la convicción de hallarse en posesión de la verdad y del bien frente al resto del mundo que encarna la mentira y el mal, y que tiende a cerrarse sobre sí mismo en actitud defensiva y habitualmente en torno a un líder carismático al que se otorga la facultad de definir los nuevos dogmas por los que se va a regir.
El cristianismo en origen no respondía a ninguna de estas dos concepciones de la religión. El evangelio que predica Jesús de Nazaret fue completamente rupturista en este sentido. No pretendía dar lugar a una nueva religión confundida con el poder político ("mi reino no es de este mundo"; "dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"), ni impulsar una revuelta política ("guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere"), sino generar una renovación espiritual ("amad a vuestros enemigos, rogad por vuestros perseguidores"; "yo quiero misericordia y no sacrificios"). Pretensión in-compatible con un orden social y político teocrático que le llevó a ser condenado a muerte. Pero tampoco pretendió fundar una nueva secta de personas puras cerrada y excluyente ("no juzguéis y no seréis juzgados"; "yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores") sino anunciar un mensaje abierto a cualquier persona ("la Buena Noticia será proclamada a todas las naciones").
Por desgracia, el mensaje original ha sido adulterado demasiadas veces, y demasiadas veces dentro de la propia Iglesia. La apropiación del cristianismo por el Imperio Romano como religión oficial (y después, por tantos otros gobernantes) lo convierte en una mera ideología religiosa al servicio del poder contra la que periódicamente han de advertir, al igual que los profetas del Antiguo Testamento clamaban contra sus reyes, tantos otros profetas y renovadores que con mayor o menor éxito y acierto apelan a la vuelta a las raíces evangélicas (desde Francisco de Asís hasta Juan XXIII, pasando por Erasmo de Róterdam o Hélder Cámara, sin olvidar a Lutero y otros reformadores separados del tronco de la Iglesia católica). Apelación de la que en buena medida se nutre también el Concilio Vaticano II. Y la tentación de convertirse en nuevas sectas de minorías elegidas y selectas ha arrastrado también a lo largo de la historia a muchos grupos de cristianos y ha estado en la génesis de muchos cismas.
En el mundo moderno, el que surge de la Ilustración, ya no es aceptable una religión con pretensiones de detentar el monopolio de la verdad y mucho menos de que la verdad se pueda imponer por el poder político. Las ideas de libertad y pluralismo que forman parte de nuestra cultura política lo impiden. Pero si bien la Iglesia católica formalmente ha aceptado esas ideas todavía se resiste a ponerlas en práctica y llevarlas hasta sus últimas consecuencias. Parece que le produce demasiado vértigo despegarse del poder político, le da demasiado miedo aceptar el laicismo, le cuesta demasiado imaginar un Papa que deje de ser jefe de Estado y deje de vestir como un emperador romano y de utilizar su mismo título de Sumo Pontífice , le cuesta dejar de funcionar como una monarquía absoluta. Y cuando parece que acepta, como es el caso de la jerarquía eclesiástica española, que tiene que renunciar a constituir no sólo la religión oficial sino también la religión hegemónica y privilegiada, que tiene que resignarse a un escenario de pluralidad ideológica, cultural y religiosa, le asalta la fuerte tentación de comportarse como una secta. Una secta cerrada, excluyente e intolerante. Tanto que está alejando a sus propios fieles por no ser lo suficientemente puros y obedientes.
La Iglesia tiene una gran dificultad para encajar en el mundo moderno, entre otras cosas, porque tiene una gran dificultad para renunciar a un concepto de religión que no sólo no encaja en el mundo moderno sino que ni siquiera encaja en el evangelio. La necesidad de reevangelizar el mundo moderno a la que con tanta frecuencia se apela por el Papa y por otras autoridades eclesiásticas es evidente; pero la reevangelización debería empezar por el Vaticano.
* Católico
Alrededor de 300 teólogos y responsables de comunidades de base españoles(entre ellos, Juan José Tamayo, Imanol Zubero, Evaristo Villar, Juan Masiá o Juan Antonio Estrada) han suscrito un documento, titulado "Ante la crisis eclesial", en el que constatan la "pérdida de credibilidad de la institución eclesial", cuya "causa principal es la infidelidad al Vaticano II y el miedo ante las reformas que exigía a la Iglesia".
A su vez, reclaman "la urgente reforma del entorno papal", denuncian la "incapacidad para escuchar" de la jerarquía y la "doble actitud de mano tendida hacia posturas lindantes con la extrema derecha autoritaria (aunque sean infieles al evangelio e incluso ateas), y de golpes inmisericordes contra todas las posturas afines a la libertad evangélica".
Somos conscientes de que este escrito es un procedimiento extraordinario, pero nos parece que también es extraordinaria la causa que lo motiva: la pérdida de credibilidad de la institución católica que, en buena parte, es justificada y que los medios de comunicación han convertido ya en oficial, está alcanzando cotas preocupantes. Este descrédito puede servir de excusa a muchos que no quieren creer, pero es también causa de dolor y desconcierto para muchos creyentes. A ellos nos dirigimos principalmente.
1.- La Iglesia fue definida desde antiguo como santa y pecadora, “casta prostituta”. Crisis graves no han faltado nunca en su historia, y la actual puede dolernos pero no sorprendernos. Toda crisis es siempre una oportunidad de crecimiento, si sabemos en estos momentos “no avergonzarnos del Evangelio” y amar a nuestra madre. Sabiendo que el amor a una madre enferma no consiste en negar o disimular su enfermedad sino en sufrir con ella y por ella. Si deseamos una Iglesia mejor no es para militar en el club de los mejores, sino porque el evangelio de Dios en Jesucristo se la merece.
2.- No hay aquí espacio para largos análisis, pero parece claro que la causa principal de la crisis es la infidelidad al Vaticano II y el miedo ante las reformas que exigía a la Iglesia. Ya durante el Concilio se hicieron durísimas críticas a la curia romana. Más tarde Pablo VI intentó poner en marcha una reforma de esa curia, que ésta misma bloqueó. Es muy fácil después convertir a un papa concreto en cabeza de turco de los fallos de la Curia. Por eso preferimos expresar desde aquí nuestra solidaridad con Benedicto XVI, a nivel personal y a pesar de las diferencias que puedan existir a niveles ideológicos: porque sabemos que los papas no son más que pobres hombres como todos nosotros, que no deben ser divinizados. Y que si algún error grave se cometió en todos los pontificados anteriores fue precisamente el dejar bloqueada esa urgente reforma del entorno papal.
3.- Una de las consecuencias de ese bloqueo es el injusto poder de la curia romana sobre el colegio episcopal, que deriva en una serie de nombramientos de obispos al margen de las iglesias locales, y que busca no los pastores que cada iglesia necesita, sino peones fieles que defiendan los intereses del poder central y no los del pueblo de Dios.
Ello tiene dos consecuencias cada vez más perceptibles: una es la doble actitud de mano tendida hacia posturas lindantes con la extrema derecha autoritaria (aunque sean infieles al evangelio e incluso ateas), y de golpes inmisericordes contra todas las posturas afines a la libertad evangélica, a la fraternidad cristiana y a la igualdad entre todos los hijos e hijas de Dios, tan clamorosamente negada hoy. Otra consecuencia es la incapacidad para escuchar, que hace que la institución esté cometiendo ridículos mayores que los del caso Galileo (pues éste, aunque tenía razón en su intuición sobre el movimiento de los astros, no la tenía en sus argumentos; mientras que hoy la ciencia parece suministrar datos que la Curia prefiere desconocer: por ejemplo en problemas referentes al inicio y al fin de la vida). La proclamada síntesis entre fe y razón se ve así puesta en entredicho.
4.- Pero más allá de los diagnósticos, quisiéramos ayudar a actitudes de fe animosa y paciente para estas horas negras del catolicismo romano. Dios es más grande que la institución eclesial, y la alegría que brota del Evangelio capacita hasta para cargar con esos pesos muertos. No vamos a romper con la Iglesia, ni aunque hayamos de soportar las iras de parte de su jerarquía.
Pero tememos la lección que nos dejó la historia: las dos veces en que el clamor por una reforma de la Iglesia fue universal y desoído por Roma, están relacionadas con las dos grandes rupturas del cristianismo: la de Focio y la de Lutero. Ello no significa que la ruptura fuese legítima: sólo queremos decir que no pueden tensarse las cuerdas demasiado. Tampoco vamos a romper, porque la Iglesia a la que amamos es mucho más que la curia romana: sabemos bien que apenas hay infiernos en esta tierra donde no destaque la presencia callada de misioneros, o de cristianos que dan al mundo el verdadero rostro de la Iglesia.
5.- Durante gran parte de su historia, la Iglesia fue una plataforma de palabra libre. Hoy nadie creerá que un santo tan amable como Antonio de Padua pudiera predicar públicamente que mientras Cristo había dicho “apacienta mis ovejas”, los obispos de su época se dedicaban a ordeñarlas o trasquilarlas. Ni que el místico san Bernardo escribiera al papa que no parecía sucesor de Pedro sino de Constantino, para seguir peguntando: “¿hacían eso san Pedro o San Pablo? Pero ya ves cómo se pone a hervir el celo de los eclesiásticos para defender su dignidad”. Y terminar diciendo: “se indignan contra mí y me mandan cerrar la boca diciendo que un monje no tiene por qué juzgar a los obispos. Más preferiría cerrar los ojos para no ver lo que veo”... Precisamente comentando este tipo de palabras, escribía en 1962 el papa actual (en un artículo titulado “libertad de espíritu y obediencia”): “¿es señal de que han mejorado los tiempos si los teólogos de hoy no se atreven a hablar de esa forma? ¿O es una señal de que ha disminuido el amor, que se ha vuelto apático y ya no se atreve a correr el riesgo del dolor por la amada y para ella?”.
Así quisiéramos hablar: no nos sentimos superiores, pues conocemos bien, en nosotros mismos, cuál es la hondura del pecado humano. La Escritura, hablando de los grandes profetas, enseña que su destino no es el protagonismo sino la incomprensión; y ante eso nos obligan las palabras del apóstol Pablo: “si nos ultrajan bendeciremos, si nos persiguen aguantaremos, si nos difaman rogaremos”. Pero nos sentimos llamados a gritar porque también hay allí una imprecación impresionante que tememos tenga aplicación a nuestro momento actual: “¡por vuestra causa es blasfemado el nombre de Dios entre las gentes!”.
“Fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe” sabemos que podemos superar estos momentos duros sin perder la paciencia ni el buen humor ni el amor hacia todos, incluidos aquellos cuyo gobierno pastoral nos sentimos obligados a criticar. Este es el testimonio que quisiéramos dar con estas líneas.
Juan Antonio Estrada, Imanol Zubero y las firmas que siguen:
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Aranda Latorre, José Miguel 40916223 M
Arias Ergueta, Pedro Luís 22.711.607 G
Arnedo Forcano Ricardo 73917777 E
Arpide Etxano Xabier 30 671 794-Y
Arpide Etxano Asier 30672183 G
Arregui Olaizola, José 15895560
Askasibar Renobales, Xabier 30.594.377-F
Apastegui Mangado, Augusto 15 785 712-F
Ayerra Rodríguez Mari Patxi 16473264 C
Azilu Sagastuy Jesús 39611688 F
Azpeitia Bengoa, Miguel Ángel 14538723-D
Baena Altisent Mª Isabel 280103 E
Baeza Atienza Javier 5166967 Q
Barba Pérez Carmen 40857366 H
Barbazán Díaz Pilar 50272247 C
Barja de Quiroga Mª Mercedes 32109212 Q
Barja de Quiroga Mª Dolores 32109211 S
Beca Mª Pilar 144164T.
Beltrán de Otalora Goya, José L. 16126115 X
Beorlegui Rodríguez, Carlos 72624921 Y
Bérchez González Rafaela 30020366 F
Bernabeu López José Ramón 23556575 K
Blanco Ruíz Antonio 39598700 Z
Blázquez Jiménez Virginia 28358995
Boedo Osorio Rosa Mª 32278025
Bofill Portabella Roser 37808430H
Bosch Sintes Juan José 42436724 E
Bragulat Bosom Francesc 36886382V
Bueno González Rafael 2928852 E
Calle de la Peña, Javier 14.582.378-X
Carreras Ignasi 37685405 C
Carrión Mangas, Hipólito 14 509 829 A
Casas Andrés, Roberto 20180035 L
Carrasco Macarro Joaquín 76202113 P
Casasnovas Ana Mª 368367 O
Castel Branco Mª Ines 3514901 H
Castell-Ruiz Casado, Ana 16 000 886-Q
Castelli Hugo 0121318 Q
Castillo Rodríguez Javier 5354576 S
Castro Recuero Jesús 35926170 D
Celigueta Crespo Tere 16213653 X
Cigüenza Zuazo, Marta 30679172- R
Claret Corominas Jordi 36606722Z
Collado Broncano Manuel 6818933 P
Coloma León, Agustina 18 191 207-R
Comes Ballester, Josep Antoni 13833407B
Corera Oroz, Concepción 15.768.514-J
Corera, Violeta 14403138 D
Crende Corbera 51852537 A
Criado Lobato Modesta 12135895 Z
Cruces Gaitán Timoteo 1154744 Y
Cuenca Valdivia Pedro 25880655 C
De Burgos Román Juan 00104125 G
De Dompablo y B. de Qurirós Jorge 50028132 G
De Juan-Creix i Bretón Ignasi 46217240 M
De la Vega Cebrián María 17682192 E
Del Rey, Charo 14782926K.
Delgado López Teresa 7695095_P
De Miguel Rivas Carmen 29812226 Y
De Sebastián Luis 14138382 Y
De Tapia Pérez Emiliano 12699456 Y
Díaz Flor 50 417 463 Z
Díaz Ortiz José 1239300 Z
Domínguez Domínguez Matías 75497843 K
Duato Gómez-Novella, Antonio 19255891 S
Echávarri Zuazu, Mª Angeles 18.208.322-G
Echeverría Erro, Jesús 15.528.725- E
Echeverria Erro, Teresa 15731689 B
Eizaguirre Díez de Rivera Carmen 727761 H
Espino Granado José Luis 12971899
Esquinas Candenas Mercedes 2768657 S
Estrada Díaz Juan Antonio 28363136 L
Etxeazarraga Gokikoetxea 14090412 Z
Fanjul Suárez Gonzalo 834418 R
Fernández Barberá Carlos 990683 G
Fernández Benítez, Miguel 31626263K
Fernández Campoamor Beatriz 1065753 W
Forcano Cebollada Benjamín 39614473 D
Forcano Lloveras Antonio Mª 38783531
Fuster Junquera Patricia 50799973 B
García-Aguiló Lladó Matilde 00021425 N
García Albertos José Ramón 50856823 M
García-Castellano García Ana 50304392 B
García de Eulate Romanos Mª Jesús 15751977J
García García José Luis 3191314
García González Quintín 72110042
García Monge José Antonio 17234790 Q
García-Moreno García Catalina 76201561 P
García Pérez, Rubén 29034601-E
García Roca, Ximo 19473972 X
Garrido Amado Mª Victoria 1205123 S
Garzón Montenegro Elena 2525345 Z
Gaztambide Roldan, Sagrario 15 781 483 X
Gil, Carlos 16022785L
Giménez Meliá Josep 41491831 S
Ginel Viela Alvaro 03053619 R
Gómez-Marthino Cortés Ana 07227190 S
Goikoetxea Iturregui, Marije 30550821J
Goikoetxea Iturregi, Enrique 14.940.251 A
Gómez Cañedo, Julio 30581038 P
Gómez Rodríguez, Enrique 7406551-E
González González Ana Mª 50663052 D
González Faus José Ignacio 17242601 F
González López Guillermo 31.601.905C
González Tánago Julio 31071000 R
Goñi Soroa, Javier 14.520.718
Górriz Latorre, Jorge 37 616 161-Y
Gorrochategui Oyaneder Carmen 14.998.851 E
Grande Lorenzo Beatriz 002026875 T
Gutiérrez del Val, Macrina 51 576 698 A
Haya Oteiza Margarita 13730352 L
Hernández Rey Carmen 76223632 E
Hernández Zubizarreta Antonio 14861528
Hernández Martínez Antonio 1465593 Q
Ibáñez Pastor Luis 19471762 P
Iglesias Meilan, Jose Luís 15.360.721 X
Iragui Aguinaga, Sixto 15 766 039-E
Iribarren Echarri Mª Teresa 15596795 N
Iribarren Lizarraga, Jesús 15.736.229- C
Iruretagoyena Sánchez, Javier María 30674429 L
Isusquiza Yarritu, Luís Ignacio 14.912.963 Q
Jiménez Larrea, Marta 14.507.051 V
Jiménez Urbano, José Luis 16 009 788-V
Joya Castellano Blanca 51593264 D
Juan Herranz Gema 208055475 T
Laborda Hernández, Joaquin 15 775 813 K
Lanao Clavera Jesús 40788930 V
Largo Macho Otilio 01319397 V
Larraya Zaragüeta Manuel 15707721 D
Linaza Antonio 14165671 V
Llano, Ana 14579510V
Llorente Mingo, Javier 30.621.557 R
Lobo Alonso José Antonio 6479974 T
Lois Fernández Julio 35125497 N
López Bruñet Trinidad 98868 Z
López López Juan Francisco 707874835
López Yebra Emilio 34583988 S
Lunar Hernández Carmen 50785987 D
Madariaga Garamendi, Iosu 14.599.599G
Maestrojuan Correcher, Pilar 15717077G
Malla Escofet Pilar 36184813 V
Marone Borbón Mª Teresa 2190621 D
Markina García, Nerea 78876552 F
Martí Félix 37112869 T
Martín de la Concha José Luis 11983287 - B
Martín Martínez, Vicenta 16 485800 K
Martínez de Ag. Ortiz de Zárate, Javier 14 139 890- L
Martínez Flórez, Ángel 71392933 J
Martínez Genique Alberto 2130434 J
Martínez García Salvador 22483478 N
Martínez González Manuel 03792458 A
Martínez Gordo Jesús 14686667
Martínez Lalmolda, Carmelo 13198059S
Martínez Rodamiláns, Ana María 14826565 Y
Martínez Sola Mª Mercedes 74955417 G
Masiá Clavel, Juan 22309570 F
Mateo de Miguel Felícitas 16491613 S
Mendezona, Mikel 78887981
Mendia Gallardo, Rafael 14841641 V
Mendoza García Salvador 22483478 N
Merino Paz Dolores 5375651 E
Merino Pérez Lorenzo 1322162 F
Mesperuza Rotger, Eskolumbe 30.564.326 V
Miaja de Sarrazo Ana María 1397997 B
Mirena Bakaioa Joseba 15772534 P
Mora Moracho, Natividad 00.847.177-H
Moreno Domingo Carmen 646822 Q
Moreno Muguruza Carmen 06366099 K
Moreno Muguruza Mercedes 6364954 A
Moreta Ignasi 46242631 G
Mostazo Alava, Ana Carmen 16 008 254-R
Muerza Serra, Javier 15.740.517-F
Múgica Munárriz, Guillermo 15689652- H
Mujal Lluis G. 36878831X
Muñoz Barrera, Francisco 16000254-M
Murillo Urcelay Isabel 15763426
Mutiloa Goldáraz, Mª del Carmen 15.701.608- Z
Oiz Ibarrola, Roberto 15.760.741-Z
Oliveres Sanvicens Mª Lluisa 36239218 G
Onrubia Javier 680616 T
Ontañón Carrera Guillermo 344083 A
Oñate Lamas Joan 37734599V
Oñate Landa M Carmen 14.883.099- Y
Oñate Landa Javier 14929191 Y
Oroz Echarri, Ramón 33 434 823 E
Orradre Esáin Miguel 15740047
Ortega González Ascensión 1766466 C
Ortega Rodríguez Álvaro 50861982 N
Ortuzar Arines Bingen DNI 78871090L
Osés Serda Mª Asunción 46114153 G
Oyarzabal Elena 15526983
Pagola Lorente, Javier 15 750 374 C
Paradinas Riestra Luis 02468380 C
París Aristy, Patxi 15 735 961- M
Pasto Bodmer Alfredo 41067519 F
Pastor Blancou Sofía 30.669.555 k
Peña Herrero Julia 12310446 C
Peña Vázquez Manuela 8737190 L
Perea, Joaquín 16.125.942-K
Pereda Olarte Carlos 14873105 B
Pérez de los Santos Héctor 2777781 E
Pérez Hernández Rafael 002487815
Pérez González Mª José 21649246 J
Pérez- Soba Baró Pilar 613500
Pérez Tapias Juan Antonio 28506131 T
Pico de Coaña de Valicourt Yago 2803833 H
Pizarro Segundo 13866250 X
Prudencio Morales Mª Luisa 8778516 Z
Pujol Lago Pura 3169145 K
Queralt Llaudert Eulalia 37743123 Z
Quirós Saíz José Luis 13777691 R
Raguer Hilari 36275058 F
Ramirez de Olano Egurbide, Maria Begoña 15758661 G
Reino Prada Miren Estibalitz 14596982 D
Renedo, Heraclio 03051744 N
Riega Riega, Mª Isabel 15.722.441- D
Ríos Villanueva Marta 13074321 X
Rodríguez Aguado Eubilio 12667060 V
Rodríguez Fernández, José Miguel 12.214.414 B
Rodríguez García, Micaela 12 141 667 J
Rodríguez Gómez Franco 11044077 Y
Rodríguez Sánchez Antonio 23634228 A
Rodríguez Teso Agustín 393291 Z
Rosende Paz, Emilia 14 859 851B
Ruiz Fernández Cristina 50319088 X
Ruiz Orbezua Elena 30685524M
Ruiz Torres Tomasa 50138939 A
Sacristán Gárate Pilar 29338910
Saenz de Cabezón Anitua Miguel 6125695 G
Sáenz de Ugarte Eguskiza, Luis 72.255.704 -P
Saenz Novales Patricia 30658405A
Sagaseta Castaño, Juan José 15.701.248- E
Sala Canela Magda 37888416X
Salamero Duaso, Mª Cruz 36 490 309-G
Sánchez Maus Jesús 4954960 S
Sánchez Menéndez Pedro 10973133 V
Sánchez Monroy, Ignacio 03868781 C
Sánchez Torrado Santiago 2463199 Z
San Martín Picabea, Inés 16 009 563-E
San Martín Oncea, Vicente 15.527.960- Q
Sasia, Peru 14.960.491 A
Sastre García Jesús 13286399 N
Seguí Martí Anna 78320263 L
Sobrino Aranzabe, Itziar 30659250C
Sol Bachs Salvador 36225628F
Tamayo Acosta Juan José 12676077 H
Tascón Fernández Julio 1906644 J
Terribas Alamegó Jaume 37442904P
Tito Lloret Amelia 21315613
Tojo Menéndez José Ramón 537071 K
Toña Guenaga, Ángel 15774823- C
Torrens Viladecans Josep 46325751W
Torres García, Carmen 00552153
Torres Pérez, Mª José 387338-H
Torres Queiruga, Andrés 33093065 K
Tortosa Alarcón José María 52519136 D
Tostado Sánchez Pedro 00770712 M
Totosaus Josep Mª 37024795 Q
Turias Dancausa, María Isabel 15763023 L
Ulibarri Fernández, Florentino 72561233 M.
Ulloa Edith 79052729 G
Uraga Laurrieta, Bittor 14.942.299 G
Urda Alguacil Antonio 39511 C
Uribarri, Juanto 14555991-G
Urrutia Gómez, Javier 16052384 V
Vázquez Torres, Magdalena 15.358.313R
Velasco Criado Demetrio 14848881 N
Velasco Martínez Rufino 163602247 W
Vélez Sáez, Mª Soledad 72 761 805 V
Vicente Martín Mª Antonia 7762336 C
Vila Despujol Ignacio 17242669 Y
Villar Villar Evaristo 03383420 M
Vitoria Cormenzana, F. Javier 14823659 K
Zabalo Gómez, Francisco Javier 14206499 C
Zubía Guinea Marta 16217365 L
Zubero Beascoechea, Imanol 30554782 H
Zumalde Otegui, Ana María 30.552.642-V
Zugasti Martínez, Mª Jesús 15 148 264 G