Declaraciones recogidas por Stéphanie Le Bars
Entrevista a Monseñor Rouet, Arzobispo de Poitiers. Le Monde
ECLESALIA, 04/05/10.-Traducción de Inmaculada Franco
El arzobispo de Poitiers, Mons. Albert Rouet es una de las figuras más libres del episcopado francés. Su obra “J’aimerais vous dire” (Me gustaría deciros) Bayard, 2009, es un best-seller en su categoría. Ha vendido más de 30.000 ejemplares, recibido el premio 2010 de los lectores de La Procure (la mayor librería católica de Francia), es un libro de entrevistas que lanza una mirada bastante crítica sobre la Iglesia católica. Con motivo de la Pascua, Mons. Rouetnos entrega sus reflexiones de actualidad y su diagnóstico sobre la institución.
- La Iglesia católica se ve sacudida desde hace meses por la revelación de los escándalos de pedofilía en varios países europeos. ¿Le han sorprendido?
Me gustaría precisar una cosa primero: para que haya pedofilia se precisan dos condiciones, una perversión profunda y poder. Lo que significa que todo sistema cerrado, idealizado, sacralizado, es un peligro. En la medida en que una institución –incluida la Iglesia- se constituye en base a un derecho privado, se cree en posición de fuerza, ahí son posibles las derivas financieras o sexuales. Es lo que revela esta crisis y ello nos obliga a volver al Evangelio: la debilidad de Cristo es constitutiva de la forma de ser de la Iglesia.
En Francia, la Iglesia no tiene más este tipo de poder, por lo que estamos frente a faltas individuales, graves y condenables, pero no ante un asunto sistemático.
- Estas revelaciones llegan después de varias crisis que han jalonado el pontificado de Benedicto XVI. ¿Qué es lo que pone a la Iglesia en apuros?
Desde hace algún tiempo, la Iglesia sufre tormentas internas y externas. Tenemos un papa que es más un teórico que un historiador. Sigue siendo el profesor que piensa que cuando un problema está bien planteado está ya medio resuelto. Pero en la vida, esto no es así; nos enfrentamos a la complejidad, a la resistencia de lo real. Lo vemos claramente en nuestras diócesis donde ¡hacemos lo que podemos! La Iglesia tiene dificultades para situarse en el agitado mundo de hoy. Y ese es el corazón del problema. Me preocupan dos cosas de la situación actual de la Iglesia. Se da hoy en ella una congelación de la palabra. Por tanto, cualquier cuestionamiento de la exégesis o de la moral se juzga blasfemo. El cuestionar es algo que ya no se produce automáticamente y es una pena. Al mismo tiempo, en la Iglesia reina una atmósfera de suspicacia malsana. La institución se enfrenta al centralismo romano que se apoya sobre toda una red de denuncias. Ciertas corrientes pasan el tiempo denunciando las posiciones de tal o cual obispo, haciendo informes contra uno, guardando fichas contra otro. Y esto se intensifica con Internet.
Por otro lado, veo una evolución de la Iglesia paralela a la de nuestra sociedad. La sociedad quiere más seguridad, más leyes; la Iglesia, más identidad, más decretos, más reglamentos. Nos protegemos, nos encerramos. Es la señal misma de un mundo cerrado, ¡y es un desastre!
En general, la Iglesia es un buen espejo de la sociedad. Pero actualmente, en su interior son especialmente fuertes las presiones relativas a la identidad. Hay toda una corriente, que no reflexiona mucho, que ha asumido una identidad de tipo reivindicativo. Después de la publicación en la prensa de caricaturas sobre la pedofilia en la Iglesia, ¡he recibido reacciones dignas de los integristas islámicos con ocasión de las caricaturas de Mahoma! Al aparecer de forma ofensiva, uno se descalifica.
- El presidente de la conferencia episcopal, Monseñor André Vingt-Trois, ha vuelto a decirlo en Lourdes, el 26 de marzo: la Iglesia francesa está marcada por la crisis de vocaciones, el descenso en la transmisión de la fe, la disolución de la presencia cristiana en la sociedad. ¿Cómo vive usted esta situación?
Trato de tomar nota de que estamos al final de una época. Hemos pasado de un cristianismo de costumbre a un cristianismo de convicción. El cristianismo se había mantenido sobre el hecho de que se había reservado el monopolio de la gestión de lo sagrado y de las celebraciones. Con la llegada de nuevas religiones y con la secularización, la gente ya no recurre a esa idea de lo sagrado.
Pero ¿acaso podremos decir que la mariposa es “más” o “menos” que la crisálida? Es otra cosa. Por eso yo no razono en términos de degeneración o de abandono: estamos en proceso de mutación. Nos falta calcular la amplitud de esa mutación.
Mire mi diócesis: hace setenta años, tenía 800 curas. Hoy en día, tiene 200, pero también cuenta con 45 diáconos y 10. 000 personas involucradas en las 320 comunidades locales que comenzamos a crear hace quince años. Y eso es mejor. Hay que acabar con la pastoral tipo SNCF (N.T. la Renfe en España). Hay que cerrar algunas líneas y abrir otras. Cuando uno se adapta a la gente, a su manera de vivir, a sus horarios, la asistencia aumenta, también a la catequesis. Y la Iglesia tiene esta capacidad de adaptación.
- ¿De qué forma?
Nosotros ya no tenemos el personal suficiente para una división territorial con 36.000 parroquias. Y entonces, o bien lo consideramos una desgracia de la que hay que salir a cualquier precio y resacralizamos al cura, o bien inventamos otra cosa. La pobreza de la Iglesia es una provocación para que abramos nuevas puertas. ¿La Iglesia debe apoyarse en sus clérigos o en sus bautizados? Yo pienso que la Iglesia debería confiar en los laicos y dejar de funcionar sobre la base de una división territorial medieval. Esto es un cambio fundamental. Y un reto.
- ¿Ese reto supone el abrir el sacerdocio hacia los hombres casados?
¡Sí y no! No, ya que imagínese que mañana yo pueda ordenar a diez hombres casados, que los conozco, no es eso lo que falta. No podría pagarles. Deberían trabajar, por lo tanto, y no estarían disponibles más que los fines de semana para los sacramentos. Así regresaríamos a una imagen del cura vinculada sólo al culto. Sería una falsa modernidad.
Sin embargo, si cambiamos la manera de ejercer el ministerio, si su función en la comunidad es otra, entonces sí, podemos considerar la ordenación de hombres casados. El cura no debe seguir siendo el patrón de la parroquia; debe de apoyar a los bautizados para que se conviertan en adultos de fe, debe formarlos, evitar que se replieguen en sí mismos..
Es él [el cura] quien debería recordarles que son cristianos para los otros, no para sí mismos. Entonces, él presidirá la eucaristía como un gesto de fraternidad. Si los laicos siguen siendo menores de edad, la Iglesia no tendrá credibilidad. Ella debe hablar de adulto a adulto.
- Usted considera que la palabra de la Iglesia ya no se adapta al mundo. ¿Por qué?
Con la secularización, se formó una especie de “burbuja espiritual” dentro de la cual flotan las palabras. Comenzando por la palabra “espiritual”, que cubre prácticamente cualquier tipo de mercancía. Por lo tanto, es importante dar a los cristianos los medios para identificar y expresar los elementos de su fe. No se trata de repetir una doctrina oficial sino de permitirles decir libremente su propia adhesión.
Frecuentemente es nuestra manera de hablar la que no funciona. Hace falta descender de la montaña al llano y hacerlo humildemente. Para ello se requiere de un gran trabajo de formación, ya que la fe se había convertido en algo de lo que no se hablaba entre cristianos.
- ¿Cuál es su mayor preocupación sobre la Iglesia?
El peligro es real. La Iglesia corre el riesgo de convertirse en una subcultura. Mi generación estaba apegada a la idea de inculturación, a la inmersión en la sociedad. Hoy en día, el riesgo es que los cristianos se encierren y endurezcan simplemente porque tienen la impresión de estar frente a un mundo de incomprensión. Pero no es acusando a la sociedad de todos los males como alumbramos a la gente. Al contrario, hace falta una inmensa misericordia para con este mundo donde millones de personas mueren de hambre. Nos toca a nosotros amansar a ese mundo, nos toca a nosotros volvernos más amables.
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
José Comblin, teólogo - 29 de enero de 2010
Nuestro punto de partida será la distinción entre religión y evangelio. El cristianismo no es originalmente una religión y Jesús no fundó ninguna religión. Más tarde los cristianos fundaron la religión cristiana, creación humana y no divina.
La religión es producto de la cultura humana. Hay una gran variedad de religiones, y todas tienen la misma estructura aunque muy diversas en su forma exterior.
Todas tienen una mitología, un culto y una clase dedicada a su ejercicio. En eso la religión cristiana no es diferente de las demás. Ella también es creación humana, producto de diversas culturas. La religión es una realidad básica de la existencia humana. Plantea los problemas del sentido de la vida en esta tierra, el problema de los valores, el lugar del ser humano en el universo, y el problema de la salvación de este mundo de todos sus males.
La religión ha sido muy estudiada por la antropología religiosa, por la sociología religiosa, por la psicología religiosa, por la historia de las religiones. Todo eso ilustra también la religión cristiana. Por ser creación humana, la religión cristiana ha cambiado y puede todavía cambiar en el porvenir según los cambios de la historia. Este es incluso uno de los grandes desafíos de la hora presente, porque la religión cristiana está agotada y no ofrece respuesta a la orientación de la cultura actual, salvo restos del pasado.
El evangelio de Jesús no es una religión. Jesús no fundó ninguna religión: no proclamó una doctrina religiosa o una mitología, ningún discurso sobre Dios, no fundó ningún culto y no fundó ninguna clase clerical. Jesús proclamó e inauguró el reino de Dios en la tierra. El Reino de Dios no es ningún reino religioso, es una renovación de toda la humanidad, realización que cambia el sentido de la historia humana, abriendo una nueva época, la última. Es un mensaje para toda la humanidad en todas sus culturas y religiones. Se podría decir que es un mensaje y una historia meta-política.
Puesto que los seres humanos no pueden vivir sin religión, los discípulos de Cristo durante 2000 años construyeron una religión que fue como el revestimiento del mensaje cristiano, con el peligro de transformar el cristianismo en una religión. El revestimiento religioso puede ocultar el mensaje del evangelio o puede conducir a ese mensaje según la evolución de la historia. En muchos casos la religión ocultó el evangelio. Los cristianos enunciaron una doctrina que usó muchos elementos del judaísmo o de las religiones no cristianas ni judías, crearon un culto de la misma inspiración y crearon todo un sistema jurídico que encuadra una institución muy compleja.
Podemos decir que la historia del cristianismo es la historia de una tensión o de un conflicto entre religión y evangelio, entre una tendencia humana hacia la religión, y las voces o las vidas de los que querían vivir según el evangelio.
Las religiones son conservadoras y creen en un mundo permanente en el que todo recibe una explicación religiosa. La religión cambia inconscientemente pero resiste ante cualquier solicitación de cambio voluntario. Muchos cristianos y estructuras cristianas luchan sin saberlo contra el evangelio. Hay algo de verdad en lo que decía Charles Maurras, ateo francés del siglo XX, cuando decía que felicitaba a la religión romana por haber sacado del cristianismo todo el veneno del evangelio. Es un poco exagerado pero sugestivo.
El evangelio es cambio, movimiento, libertad. No puede aceptar el mundo que existe, porque tiene que cambiarlo. El evangelio es conflicto entre ricos y pobres. En la religión ricos y pobres son parte de la armonía general. Son así porque tiene que ser así, aunque los ricos tengan que ayudar a los pobres sin cambiar esa estructura creada por Dios o por los sustitutos de Dios. La religión quiere paz, aunque sea con alianza con los poderosos. El evangelio quiere conflicto.
La tarea de la teología es mostrar la distinción, buscar lo que es el evangelio y todo lo que se añadió y puede o debe cambiar para ser fiel a ese evangelio. Es libertar el evangelio de la religión. La religión es buena si ayuda a buscar el evangelio y no a olvidarlo bajo el revestimiento religioso. Es una necesidad humana pero tiene que ser investigada y corregida.
La teología está al servicio del pueblo cristiano o aun no cristiano, para que conozca el verdadero evangelio y pueda llegar a la fe verdadera y no a un sentimiento religioso.
Durante siglos la teología estuvo al servicio de la institución para defenderla de las herejías o de los enemigos de la Iglesia. Así fue después de Trento hasta el siglo XX y en muchas regiones hasta Vaticano II. Fue apologética, arma intelectual en el combate contra las Iglesias reformadas y toda la modernidad, al servicio de la jerarquía. En cierto modo era un arma dirigida contra los laicos para que no se dejaran seducir por los enemigos de la Iglesia.
Hasta Trento la teología era comentario de la Biblia, libre, abierta a todos, como trabajo intelectual gratuito. La Reforma partió de teólogos y entonces la teología estuvo bajo el control estrecho de la jerarquía.
Tareas de la teología
La tarea principal y de cierto modo única es el estudio crítico de toda la tradición cristiana, para volver al evangelio. Se trata de redescubrir lo que realmente fue revelado en la vida y la muerte de Jesús. No se trata de destruir la religión. Sería inútil porque los seres humanos necesitan una religión y si se suprime ella reaparece en otras formas. El problema consiste en saber todo lo de la religión que ya no es comprensible ni aceptable en la nueva cultura moderna que entra en todas las religiones. Habrá que buscar lo que es realmente comprensible y significativo y puede ser un revestimiento aceptable del evangelio. Veamos los elementos de la religión.
1. La doctrina o la mitología
Jesús no formuló ninguna doctrina. Habló por medio de metáforas, narraciones, parábolas, sentencias, consejos, observaciones sobre la experiencia del momento. Ese medio de expresión es popular, es el medio de los pobres. Si Jesús se expresó en esa forma, no lo hizo por distracción o por adaptación a un supuesto intelecto inferior de los pobres. Lo usó porque ese modo de expresión es menos riguroso, menos impositivo, menos limitado.
Una doctrina siempre está marcada por una época, una cultura limitada en el tiempo y el espacio. El lenguaje metafórico conserva su sentido en medio de muchas culturas. Carece de la precisión que tienen los conceptos. Si Jesús lo hizo así es porque lo escogió como el medio de expresión mejor posible. Si ese lenguaje no tiene la precisión de los conceptos abstractos es porque Jesús no quería esa precisión. Las expresiones de Jesús permiten varias interpretaciones y Jesús lo quiso así. No quiso que sus discípulos fueran prisioneros de una doctrina.
Más tarde la Iglesia definió en forma de conceptos muchas veces sacados de la filosofía griega una doctrina obligatoria. Impuso una interpretación rígida del evangelio. Los dogmas han sido siempre una causa de dudas, problemas, resistencias porque no todos aceptaban esa disciplina del pensamiento que Jesús no había impuesto.
La tarea de la teología será liberar el evangelio de la rigidez del dogma. Habrá que examinar críticamente todos los documentos del magisterio. Desde Trento los teólogos dieron habitualmente la interpretación maximalista de los dogmas. Necesitamos volver a una interpretación minimalista ¿qué es lo que el evangelio realmente impone?
Además los dogmas actúan históricamente por lo que no dicen. Los 4 primeros concilios concentran todo en los conceptos de persona y naturaleza. Dejaron de lado la vida humana de Jesús. Por eso la vida humana de Jesús dejó de ser durante siglos motivo de reflexión de los cristianos. Tomás de Kempis pudo escribir un libro sobre la Imitación de Cristo, sin ninguna alusión a la vida humana de Jesús. ¿Qué Cristo es ese?
Los dogmas ocultaron la vida humana de Jesús durante siglos. En Trento no se habló de la fe en sentido bíblico, sino de una fe religiosa que no es cristiana. La conclusión fueron siglos de incomunicación entre católicos y protestantes, lo que podía haber sido evitado.
Los dogmas fueron definidos por Papas u obispos. Pero ellos no representan necesariamente todo el pueblo cristiano, como si el Espíritu no estuviera también en el pueblo. Hubo concilios que dividieron profundamente y expulsaron de la Iglesia a sectores inmensos: las Iglesias de Siria, de Egipto y de todo el Oriente, sin hablar de los protestantes. Dentro de las asambleas hubo disensiones que no eran herejías. Por ejemplo en el Vaticano I. Esto fragiliza las definiciones. Todo eso es objeto de la teología.
Por supuesto la misma teología es sospechosa a la luz del evangelio y tiene que examinarse críticamente para ver si ayuda a la comprensión del evangelio o lo oculta, lo que sucedió muchas veces. Pues desde Trento la teología se hizo polémica contra los protestantes y los modernos. Se puso al servicio de la jerarquía. No es esa la tarea de la teología. Ella sirve para ayudar al pueblo cristiano a entender mejor lo que dice el evangelio. Está al servicio del pueblo cristiano y no de su jerarquía.
2. El culto
En la religión la parte más importante es el culto. En el decorrer de los tiempos, los cristianos han creado un inmenso edificio litúrgico, muy riguroso, muy determinado en todos los gestos y todas las palabras. Los ritos se han inspirado en el Antiguo Testamento, en las religiones de los pueblos cristianizados. Se ha llegado a definir que habría 7 sacramentos. Además hay una infinidad de bendiciones y demás actos de culto, más popular o más letrado.
Después del Vaticano II hubo algunos cambios muy superficiales porque por lo esencial todo quedó igual. La consecuencia es que muchos católicos han abandonado un culto que ya no significa nada para ellos. De hecho es difícil entender de qué modo esa liturgia se relaciona con la vida individual y social de los tiempos presentes. La unción de los enfermos poco se practica. Poquísimos todavía practican el sacramento de penitencia. Todo tuvo significado cuando fue introducido en el culto oficial. Pero muchos ritos se hicieron incomprensibles.
¿Cuáles serían los gestos y las palabras que serían significativos para la nueva generación? En lugar de buscar lo que exige la situación actual de la humanidad, hay grupos importantes en Roma que querrían volver al pasado de Trento. Entonces sería la expulsión definitiva de la juventud. Querrían volver al latín. ¿Por qué no al griego o al hebraico?
3. La organización
Todas las religiones se dan una institución cuyo elemento básico son los sacerdotes cuya misión consiste principalmente en el culto. La religión cristiana no podía escapar. Apareció un clero que - sobre todo después de Constantino - se separó socialmente del pueblo y formó una casta con su sub-cultura propia. En realidad hasta Trento el clero creó muchos problemas, pero Trento logró poner orden y definir el clero que todavía existe hoy.
El sistema es rigurosamente monárquico. Todos los poderes están en el Papa y el Papa delega una parte de ellos a los obispos y éstos a los presbíteros y diáconos. Los problemas provocados por la situación actual del sistema monárquico y de la separación entre clero y pueblo, lo que hace imposible una verdadera comunidad, son bien conocidos y no es necesario repetirlos. Es evidente que el sistema no funciona. El rechazo del clero es uno de los motivos fundamentales del abandono de la Iglesia. En las otras Iglesias consideradas históricas el problema es igual.
Durante siglos los teólogos se han dedicado a explicar y justificar todos los elementos del sistema. Los tiempos han cambiado. Todo lo que estaba ligado a la cultura tradicional, perdió su sentido y su legitimidad. La teología pondrá en contacto el evangelio y el mundo actual.
JUAN G. BEDOYA - Madrid - 21/04/2010
También echan de menos peticiones de perdón a las víctimas y que se castigue a los culpables, canónica y judicialmente. Incluso se alzan voces reclamando que quienes en el Vaticano promovieron las órdenes ahora censuradas asuman sus responsabilidades. Es el caso de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, cuya junta directiva hizo público ayer un manifiesto pidiendo la dimisión del Papa.
El comunicado de los teólogos empieza expresando su apoyo a la Carta abierta a los obispos católicos del mundo de su colega el profesor Hans Küng, en la que el famoso teólogo suizo considera el actual pontificado una de las ocasiones perdidas en ámbitos eclesiales como el diálogo ecuménico e interreligioso, la reforma de la Iglesia, el ejercicio de la colegialidad, la incorrecta gestión de los abusos sexuales cometidos por obispos, sacerdotes y religiosos católicos en colegios, seminarios o parroquias, el mantenimiento del celibato o la prohibición del acceso de las mujeres al ministerio ordenado. Hans Küng (Sursee. 1928), fue con apenas treinta años perito y asesor del Concilio Vaticano II y coincidió allí con el actual papa, que ejercía la misma función para el episcopado alemán.
La Asociación de Teólogos Juan XXIII, promovida hace tres décadas por Casiano Floristán, Enrique Miret Magdalena o José María Díez-Alegría, agrupa a medio centenar de conocidos pensadores cristianos, algunos en conflicto con las autoridades doctrinales de la Iglesia romana. Ahora, forman su junta directiva Federico Pastor (presidente); Juan José Tamayo (secretario general); Alfredo Tamayo Ayesterán (vicepresidente); José María Castillo y Máximo García (vocales)
Estas son algunas de sus propuestas, ofrecidas, dicen, "con espíritu constructivo y encaminadas a la transformación evangélica de la Iglesia católica.
Activar el Vaticano II. "Consideramos necesario activar y desarrollar el programa de reforma del concilio Vaticano II, que no se ha puesto debidamente en práctica y que durante el actual pontificado no sólo se ha paralizado, sino que ha ido en dirección contraria, bien sea volviendo a etapas anteriores al mismo, bien interpretándolo de forma conservadora".
Monarquía absoluta. "Creemos que la actual organización de la Iglesia católica es obsoleta y responde más a una monarquía absoluta que al movimiento de Jesús, comunidad de iguales. Nos parece urgente iniciar un proceso de democratización de la Iglesia, con la participación activa de todos los creyentes católicos en la elección de los cargos de responsabilidad dentro de la misma Iglesia. Es importante recordar que, desde los orígenes del cristianismo y durante varios siglos, la Iglesia estuvo organizada y gobernada con la participación del pueblo".
Con los pobres. "Los cristianos y las cristianas, así como todos los dirigentes de la Iglesia deben ubicarse en el mundo de la marginación y de la exclusión social y optar decididamente por los pobres, actitud que lleva consigo la lucha por la justicia como criterio evangélico por excelencia".
Libertad teológica. " Consideramos de imperiosa necesidad la defensa y el fomento de la libertad de expresión, de investigación y de publicación de los teólogos y la eliminación de la censura eclesiástica, que coarta la libertad de los profesionales de la teología y limita la creatividad".
Derecho de reunión. "Reclamamos que se reconozca la libertad y el derecho de reunión de las comunidades y grupos cristianos, cualquiera sea su orientación ideológica, y a todos por igual, sin privilegios para algunas, las más afines a la jerarquía, en detrimento de la exclusión de otras".
Pluralismo político. "Pedimos que no se identifique el cristianismo con los programas políticos y las organizaciones religiosas conservadoras, como con frecuencia sucede por parte de la jerarquía, y que se respete el pluralismo político y religioso en la sociedad y en la Iglesia".
Contra las sanciones. "Exigimos que se levanten las sanciones impuestas a los teólogos y teólogas, obispos y sacerdotes, motivadas por el ejercicio de la libertad de expresión y por su compromiso con los pobres".
Petición de perdón. "Como demostración del cambio de actitud de la Iglesia católica, consideramos necesaria la petición pública de perdón del papa por el encubrimiento y complicidad del Vaticano, así como de no pocos episcopados, en los casos de abusos sexuales en los que están implicados obispos, sacerdotes y religiosos".
Contra el silencio. "Pedimos que se derogen de manera inmediata cuantos decretos del Papa y de la Curia Romana han impuesto silencio durante décadas en los casos de abusos sexuales a menores y han impedido poner dichos casos en manos de la justicia".
Pontificado agotado. "Nos parece que el pontificado de Benedicto XVI está agotado y que el papa no tiene la edad ni la mentalidad para responder adecuadamente a los graves y urgentes problemas que hoy tiene que afrontar la Iglesia católica. Pedimos por ello, con el debido respeto a la persona del papa, que presente la dimisión de su cargo".
Mujeres sacerdotes. "Creemos necesario que se facilite el acceso de las mujeres al sacerdocio ordenado en sus diferentes grados, como sucede en la mayoría de las iglesias cristianas, para terminar por fin con siglos de injusta e injustificada discriminación de las mujeres en la Iglesia católica".
Supresión del celibato. "Nos parece igualmente necesaria la supresión del celibato obligatorio para los sacerdotes, medida disciplinar represiva de la sexualidad, que carece de todo fundamento bíblico, teológico e histórico y que no responde a exigencia pastoral alguna".
Por último, los teólogos le recuerdan a la jerarquía del catolicismo "que el criterio determinante de conducta, en la Iglesia de Jesucristo, no es la obediencia incondicional al papa, sino la fidelidad al Evangelio. En nombre de dicha fidelidad y en actitud de diálogo presentamos las propuestas indicadas.
Una ocasión perdida
El reconocido teólogo disidente Hans Kung publicó una durísima "Carta abierta a los obispos de todo el mundo" en la que cuestiona severamente al actual papado e insta a los prelados a reclamar cambios profundos ante la peor crisis de credibilidad desde la Reforma
Venerables Obispos:
Joseph Ratzinger, ahora el papa Benedicto XVI, y yo fuimos los teólogos más jóvenes participantes del Segundo Concilio Vaticano de 1962 a 1965. Ahora somos los mayores y los únicos plenamente activos. Siempre entendí mi trabajo teológico como un servicio a la Iglesia Católica Romana. Por este motivo, en ocasión del quinto aniversario de la elección del papa Benedicto XVI, estoy haciendo este llamado a ustedes en una carta abierta. Al hacerlo me motiva mi profunda preocupación por nuestra Iglesia, que ahora se encuentra en la peor crisis de credibilidad desde la Reforma. Por favor disculpen que recurra a la forma de una carta abierta; desgraciadamente, no tengo otra manera de llegar a ustedes.
Lamentablemente, mis esperanzas y las de tantos católicos de que el Papa encontrara el camino para una renovación de la Iglesia y un acercamiento ecuménico en el espíritu del Segundo Concilio Vaticano, no se han visto satisfechas. Su pontificado ha dejado pasar más oportunidades de las que ha aprovechado: se ha perdido la oportunidad de un acercamiento con las iglesias Protestantes, de una reconciliación a largo plazo con los judíos, de un diálogo con los musulmanes en un ambiente de confianza mutua, de reconciliación con los pueblos indígenas colonizados de América latina, y de ayudar a los pueblos de Africa en su lucha contra el sida. También se perdió la oportunidad de hacer que el espíritu del Segundo Concilio Vaticano sea la brújula para toda la Iglesia Católica.
Este último punto, respetados obispos, es el más serio de todos. Una y otra vez, este Papa ha agregado calificaciones a los textos conciliares y los ha interpretado en contra del espíritu de los padres del Concilio.
• Ha recibido a los obispos de la tradicionalista Sociedad Pío X nuevamente en el seno de la Iglesia, sin precondiciones.
• Promueve la medieval Misa Tridentina por todos los medios posibles.
• Se niega a hacer efectivo el acercamiento con la Iglesia Anglicana establecido en documentos ecuménicos oficiales por la Comisión Internacional Anglicana-Católica Romana.
• Ha reforzado activamente las fuerzas anticonciliares en la Iglesia nombrando funcionarios reaccionarios en puestos clave de la Curia y nombrando obispos reaccionarios en todo el mundo.
Y ahora, sumada a estas muchas crisis llega un escándalo que clama al cielo, la revelación del abuso clerical de miles de niños y adolescentes en todo el munddo. Y para peor, el manejo de estos casos ha dado nacimiento a una crisis de liderazgo sin precedente y un colapso de la confianza en la conducción de la Iglesia. Las consecuencias de todos estos escándalos para la reputación de la Iglesia Católica son desastrosas. Importantes líderes eclesiásticos ya lo han admitido. Numerosos pastores y educadores inocentes y comprometidos están sufriendo bajo el estigma de sospecha que cubre como un manto a la Iglesia.
Ustedes, reverendos obispos, deben enfrentar este interrogante: ¿Qué sucederá con nuestra Iglesia y sus diócesis en el futuro? No es mi intención desarrollar un nuevo programa de reforma. Sólo pretendo presentarles seis propuestas que, estoy convencido, cuentan con el apoyo de millones de católicos que no tienen voz en la actual situación.
1. No guarden silencio: guardando silencio frente a tantos agravios, se manchan de culpa. Cuando sientan que ciertas leyes, directivas y medidas son contraproducentes, debieran decirlo en público. ¡No envíen a Roma profesiones de su devoción sino, más bien, reclamos de reforma!
2. Implementen la reforma: demasiados en la Iglesia y el episcopado se quejan de Roma, pero no hacen nada. Sean obispos, sacerdotes, laicos o laicas, todos pueden hacer algo por la renovación de la Iglesia dentro de su propia esfera de influencia. Muchos de los grandes logros que se han dado en las parroquias individuales y en la Iglesia en general deben su origen a la iniciativa de un individuo o un pequeño grupo. Como obispos, deberían apoyar tales iniciativas y, especialmente dada la actual situación, deberían responder a las justas quejas de los fieles.
3. Actúen de manera colegiada: luego de acalorados debates y contra la persistente oposición de la Curia, el Segundo Concilio Vaticano decretó la colegialidad del Papa y los obispos. En la era posconciliar, el Papa y la Curia han ignorado este decreto. Sólo dos años después del concilio, el papa Pablo VI emitió su encíclica para defender la controvertida ley del celibato sin la menor consulta con los obispos. Desde entonces, la política papal y el magisterio papal siguieron actuando a la vieja usanza no colegiada. Es por esto que no deberían actuar por sí solos, sino más bien en comunidad con los otros obispos y con los hombres y mujeres que conforman la Iglesia.
4. Sólo se debe obediencia incondicional a Dios: si bien en su consagración como obispos han tenido que jurar obediencia incondicional al Papa, ustedes saben que no puede prestarse obediencia incondicional a autoridad humana alguna. Por este motivo, no debieran sentirse impedidos por su juramento a decir la verdad acerca de la actual crisis que enfrentan la Iglesia, sus diócesis y sus países. Presionar a las autoridades romanas en el espíritu de la fraternidad cristiana puede ser permisible e incluso necesario cuando no cumplen con el espíritu del Evangelio y su misión.
5. Trabajen a favor de soluciones regionales: el Vaticano frecuentemente hizo oídos sordos a las demandas bien fundadas del episcopado, los sacerdotes y los laicos. Esto da más motivo aún para buscar soluciones regionales sabias. Como ustedes bien saben, la regla de celibato, que se heredó de la Edad Media, representa un problema particularmente delicado. En el contexto del actual escándalo de abuso clerical, la práctica se ha cuestionado de forma creciente. Contra la voluntad expresa de Roma, un cambio parecería muy difícil; pero esto no es motivo para la resignación pasiva. Conferencias episcopales individuales podrían tomar la iniciativa con soluciones regionales. Pero sería mejor buscar una solución para toda la Iglesia.
6. Reclamen un concilio: así como el logro de la reforma litúrgica, la libertad religiosa, el ecumenismo y el diálogo interreligioso requirieron un concilio ecuménico, del mismo modo ahora se necesita de un concilio para resolver los problemas en dramática escalada que requieren una reforma. En el siglo antes de la Reforma, el Concilio de Constancio decretó que debían realizarse concilios cada cinco años. Pero la Curia Romana logró esquivar esta decisión. Depende de ustedes imponer el llamado a un concilio o como mínimo a una asamblea representativa de obispos.
Con la Iglesia en profunda crisis, éste es mi llamado a ustedes, venerables obispos: utilicen la autoridad episcopal que fue reafirmada por el Segundo Concilio Vaticano. Hoy los ojos del mundo se vuelven hacia ustedes. Innumerables personas han perdido su confianza en la Iglesia Católica. Sólo respondiendo de modo abierto y honesto a estos problemas e implementando resueltamente las reformas necesarias puede recuperarse su confianza. Con el debido respeto, les ruego que hagan su parte con apostólico "denuedo" (Hechos 4:29, 31). Den a sus fieles señales de esperanza y aliento y den a nuestra Iglesia una perspectiva para el futuro.
Con cálidos saludos en la comunidad de la fe cristiana,
Suyo, Hans Kung
Por solicitud de un grupo de Laiconvocados, publicamos a continuación un texto del padre Eduardo de la Serna acerca del documento de la Comisión Nacional de Justicia y Paz sobre el tema de la pobreza.
A instancias de estos Laiconvocados el texto se ofrece para iniciar un debate en nuestro sitio web sobre el tema.
1. El tema de "ciudadanía" en lo personal es un tema que no me convoca. Hubo una época en que soñábamos ser "pueblo", ahora nos dicen que debemos ser "ciudadanos"
2. Muchos de los convocados a la firma del documento me resultan absolutamente "no-confiables" . ¿Qué decir de los que aplaudieron lo de "ramal que para, ramal que cierra" y ahora piden trenes?; ¿Qué decir de los que tienen un enorme porcentaje de trabajadores en "negro" y que piden "legalidad"? ; ¿Qué decir de los que alentaron el modelo neo-liberal de los '90 que ahora dicen estar preocupados por la pobreza (que ellos generaron)?
3. El documento me pareció paupérrimo. No hay un diagnóstico y análisis de por qué se ha llegado a esta situación (razonable al ver la lista de firmantes).
4. Es notable notar algunos temas: la palabra "mercado" aparece dos veces y "solidaridad" ¡ninguna!, "justicia" una sóla y "capitalismo" , ¡ninguna!
5. Cuando se denuncia o critica "el modelo", ¿a qué se refiere? No parece ser al modelo capitalista, sino a una "entelequia" o a un aprovechar para criticar al gobierno.
6. Los que creemos que la Argentina tuvo otras épocas más justas, y que a partir del ensayo del "plan Rodrigo", luego instaurado a sangre con Martínez de Hoz del que no se ha salido todavía, y que fue un plan aplaudido por la mayor parte de los firmantes, ¿también estamos convocados a la firma?
Termino con una reflexión bíblica -si no molesta- un discípulo de Pablo dice que "la raíz de todos los males es el amor al dinero", otro discípulo del Apóstol dice que "el amor al dinero (pleonexía) es una idolatría", un profeta de Nazaret, llamado Jesús repite que "no se puede servir a dos señores, no se puede amar a Dios y al dinero". Nada de esto aparece en el documento. ¿Será porque los "adoradores del dinero" son convocados a la firma y no se los quiere molestar? ¿Cómo se puede encontrar consenso entre "Mammon" y el Dios de Jesús? Aquello popular de querer "quedar bien con Dios y con el diablo" me hace "ruido" en este documento. ¿No es a esto que se refería el "dialogista" Casaretto al hablar de "ingenuidad" y el cruzado Aguer sobre "intereses bastardos". Me temo que no.
[Puede parecer que esto me ubica del lado del gobierno, por lo que aclaro que también quisiera ver en un documento sobre la pobreza una crítica a la especulación, a la "renta financiera", al veto a la ley de glaciares, una crítica al juego y una a la minería a cielo abierto, entre otras cosas]
Eduardo de la Serna
Maciel y sacerdotes de la Legión repartieron sobres con dinero en efectivo y dieron regalos a oficiales de la Curia

Un periodista que sigue el caso revela que el fundador de los Legionarios de Cristo repartió sobres llenos de dinero y mantuvo un esquema financiero mediante el cual mantenía su influencia en el entorno de Juan Pablo II, publicó el diario El País de España.
Para granjearse simpatías e impunidad entre las más altas esferas del Vaticano, durante años el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel , repartió sobres llenos de dinero, pagó por remodelaciones de edificios o caras ceremonias -por ejemplo una familia mexicana pagó 50.000 dólares para asistir a una misa del Papa- y mantuvo un esquema financiero mediante el cual mantenía su influencia en el entorno de Juan Pablo II, revela un artículo publicado por el National Catholic Reporter.
El dinero de Maciel aseguraba el apoyo de tres figuras clave: los cardenales Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano de 1990 a 2006; Eduardo Martínez Somalo (español), prefecto de la Congregación para los institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, y Stanislaw Dziwisz, eterno secretario particular de Juan Pablo II.
El autor del documento, el periodista Jason Berry, califica el escándalo por el que atraviesa los Legionarios de Cristo como uno de los más complejos de la historia del catolicismo, pues Maciel llevaba una triple vida: pederasta que durante décadas abusó sexualmente de niños y jóvenes, padre de al menos tres hijos en dos relaciones diferentes y por supuesto, líder de una congregación que ha acumulado enorme poder e influencia en su corta vida, que inició en México en 1941 pero que hoy agrupa a 2000 religiosos, diversos centros educativos y un patrimonio calculado en 25.000 millones de euros.
Berry es reconocido como el reportero decano en el tema de Maciel. Su artículo en el National Catholic Reporter es la primera parte de un trabajo que develará detalles sobre las finanzas de Maciel y los Legionarios.
Después de investigar en Europa y América durante seis meses, Berry revela en este reportaje que cuando Martínez Somalo se convirtió en "la cabeza de la congregación que supervisaba a los religiosos", Maciel envió a un joven sacerdote a llevar al cardenal un sobre lleno de dinero en efectivo. El reportero consiguió el testimonio anónimo: "Fui a su departamento, le di el sobre, me despedí... Era una manera de hacer amigos, asegurando ayuda en caso de ser necesaria".
Berry cuenta un detalle que resulta ilustrativo de la manera en que Maciel logró influencia entre los poderosos y en el Vaticano. En 1997, una familia mexicana pagó 50.000 dólares para asistir a una misa privada del Papa. El dinero, sostiene el artículo, fue entregado al polaco Dziwisz, el secretario particular de Juan Pablo II.
"Por años, Maciel y sacerdotes de la Legión repartieron sobres con dinero en efectivo y dieron regalos a oficiales de la Curia. En los días previos a Navidad, los seminaristas pasaban horas empacando canastas con caras botellas de vino y brandy, y jamones españoles que costaban cada uno mil dólares", detalla Berry.
"Usaba cualquier medio para alcanzar su objetivo, incluso si eso significaba mentir al Papa o a cualquier cardenal en Roma", declaró el ex legionario Stephen Fichter a Berry.
En el reportaje se establece que Joseph Ratzinger -el actual Papa- fue uno de los cardenales que no aceptaba regalos de Maciel. A su vez, se cuestiona si Juan Pablo II supo o no la manera en que Maciel engrasaba la maquinaria en el Vaticano, lo que a juicio de Berry abre una nueva faceta del escándalo que rodea al fundador de los Legionarios de Cristo: las cuestiones éticas acerca de cómo circula el dinero entre la Curia romana.
La frase pertenece a Alejandro Olmos Gaona, uno de los que más ha investigado acerca de la Deuda Externa ilegítima de nuestro país. Deuda que venimos pagando desde hace ya más de treinta años, ininterrumpidamente. Una deuda que comienza su historia con la dictadura militar y que –en gran medida- es probablemente fraudulenta e ilegítima (un fallo del año 2000 del Juez Federal Jorge Ballestero lo certifica con claridad) y que ha sido ratificada y aumentada por todos los gobiernos democráticos subsiguientes hasta el actual. Una deuda que asciende –actualmente- al 40 % de nuestro PBI.
Un slogan indiscutible
En estos días, dado el ajetreado debate acerca de los decretos de necesidad y urgencia, que mandan cancelar vencimientos con reservas del banco central, el tema del pago de la deuda está sobre el tapete. Y es preocupante que desde los ámbitos de decisión se esté discutiendo sobre como pagar, pero no se discute algo fundamental: la legitimidad o ilegitimidad de la deuda.
Bajo el slogan “debemos honrar la deuda” o “las deudas hay que pagarlas” se esconde en realidad la legitimación de una estafa. Gran parte de esta deuda que se dice querer “honrar” es deuda ilegítima y fraudulenta, fruto de acuerdos vergonzosos, en los que Argentina renuncia a su soberanía e incluso renuncia a litigar judicialmente si se probara que esos acuerdos son ilegales. Una deuda que en muchos casos es sobre dinero que ni siquiera entró al país, o que apenas fue ingresado, las mismas empresas que se endeudaron lo hicieron salir a bancos del exterior. Y se trata de empresas que siguen operando en el país.
Si se mira en el presupuesto para el 2010, mientras se tiene previstos 28.000 millones de pesos para pagar vencimientos de deuda, se prevén solo 5.800 millones para salud y 14.000 millones para ayuda social. Indudablemente hay un desbalance muy importante. Llama la atención, entonces, que un gobierno que dice querer redistribuir la riqueza, esté empeñado en seguir enviando a manos de acreedores extranjeros las riquezas que se hicieron con el ahorro y el trabajo del pueblo argentino y son imprescindibles para un crecimiento más justo y equitativo.
Un problema ético
El problema de la deuda externa argentina no es ya un problema económico: es un problema ético. Los contratos vergonzosos – que están siendo investigados en juzgados federales – reflejan grietas muy serias en las conductas de funcionarios públicos, políticos y medios de comunicación (que han invisibilizado el tema). Capitales que nunca ingresaron al país y por los que sin embargo seguimos pagando a unas tasas exorbitantes, préstamos usurarios, aumento unilateral de tasas de interés, todo esto revela rapiña y usura por una parte, pero por otro, venalidad, incuria y - cuando menos – graves descuidos en los deberes de funcionarios públicos.
Argentina, se ha dicho, es un país al margen de la ley. Cada vez se ve con más claridad. La fachada de institucionalidad no logra tapar el cáncer de corrupción que desde arriba hacia abajo corrompe el tejido social. Corrupción de la que no somos inocentes los ciudadanos y las instituciones con nuestras acciones u omisiones
Particularmente – también respecto de este tema – las universidades tenemos nuestra responsabilidad: hemos formado en nuestros grados y postgrados a la mayoría de los técnicos y funcionarios que han entregado al país en una deuda externa vergonzosa e ilegítima, que ha significado y significa una expoliación de recursos nacidos del trabajo de los argentinos y que van a engrosar las arcas de los fondos de inversión, bancos y gobiernos, pasando por funcionarios corruptos y la mirada cómplice de quienes deben poner el tema en la agenda pública, pero lo silencian.
Pagan los de siempre
Pero como siempre los más perjudicados son los más pobres. Esta deuda pesa como una losa invisible sobre los salarios y sobre las posibilidades de crecimiento, pero en particular pesa sobre la ausencia de recursos para educación, salud, vivienda digna. La deuda no es solo una gran estafa a la sociedad argentina, sino que es un acto de injusticia para con los más pobres. Las previsiones presupuestarias para 2010 hablan a las claras.
El ejemplo de Ecuador
Lo que aquí estamos proponiendo no es “defaultear” alegremente la deuda, sino que antes de pagar se ordene una auditoria para establecer que parte de la deuda es ilegítima y que parte es legítima.
De esta forma se pagará solo lo legítimo y se dejaría de esquilmar el presupuesto nacional, que debería ser utilizado para crear mayores posibilidades de empleo, de equidad y desarrollo, en lugar de pagar una deuda que no es para nada “honrada” sino bastante deshonrosa.
Rafael Velasco, sj
Rector de la Universidad Católica de Córdoba
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Más información sobre el tema, se puede leer en: “Deuda externa ilegítima argentina: la estafa” ; autores: Miguel Espeche Gil, Hector Giuliano, Alejandro Olmos Gaona, Juan Pedro Schaad, Miguel Rodríguez Villafañe y otros; EDUCC, Córdoba 2008