EL PAPEL HISTÓRICO DE APARECIDA


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José Comblin


El Espíritu Santo actúa en todos los miembros del pueblo de Dios.. Por eso los documentos publicados por la jerarquía valen en la medida de su recepción por el pueblo de Dios. Este expresa su acuerdo o su desacuerdo al adoptar o marginalizar el documento.
En la Iglesia Católica no hay diálogo entre la jerarquía y el pueblo. El derecho canónico no prevé nada de eso. Sin embargo, hay un diálogo mudo: el pueblo acepta o no acepta. Si no acepta, el documento cae de hecho, aunque pueda permanecer en la última edición de Denzinger. Por ejemplo, los documentos de Medellín y Puebla fueron acogidos con entusiasmo y son citados constantemente. El pueblo hace referencia a ellos sin cesar. Al revés, nadie se refiere al documento de Santo Domingo: simplemente no fue recibido y cayó en el olvido.
¿Qué va a acontecer con el documento de Aparecida? Dentro del pueblo de Dios habrá un intercambio de impresiones y de reflexiones. Claro que pocas personas van a leer todo el documento. Pero este será citado o no, las citaciones van a interesar o no. ¿Cuáles serán los textos que irán de hecho a orientar a la acción? Todavía es temprano para saber lo que va a acontecer.
Estoy escribiendo a mediados de agosto. Recibí comunicación de una señal muy positiva que está ligada a la Conferencia de Aparecida, y que parece ser un primer efecto. En Chile, el presidente de la Conferencia Episcopal, don Alejandro Goic, obispo de Rancagua había sido cuasi mediador en la huelga de 36 días de los subcontratistas de Codelco. Codelco es la gran empresa estatal que explota dos grandes minas de cobre, una en Chuquicamata en el Norte, y otra la Mina El Teniente cerca de Rancagua. Los obreros no recibieron todo lo que pedían, pero cambió su condición de vida. Esto le valió al obispo una fuerte gratitud de parte de la clase obrera.
Ahora bien, después de Aparecida, don Alejandro hizo una larga declaración que suscitó polémica. Dijo que era la hora para la Iglesia de hacer “una autocrítica muy sincera”, y “una reflexión sobre la formación dada a los católicos, especialmente a los que están en la vida pública que deberían ser la vanguardia de la justicia social”. Declaró también que era válida y legítima la presencia de la Teología de la Liberación y se refirió a la colaboración muy eficiente de los teólogos de Amerindia en la Conferencia de Aparecida porque colaboraron con varios obispos. Recibió la aprobación del cardenal de Santiago. Promovió un diálogo permanente con la teología de la liberación.
Las declaraciones de don Alejandro fueron aprobadas por toda la Conferencia, lo que provocó la atención del pueblo. Hacía años que la Conferencia episcopal mantenía un silencio prudente en materia social. Parece que Aparecida fue para ellos una conmoción. De repente abrieron los ojos. El público quedó interesado: ¿qué fue esa conferencia del CELAM que provocó la conversión de los obispos chilenos? Más tarde don Alejandro escribió una circular que circuló bastante en Chile y en América Latina en que defiende las mismas posiciones.
Las expresiones del presidente de la Conferencia episcopal encontraron el silencio de los medios de comunicación social. Cuando los obispos hablan de cuestiones sexuales, siempre son destacados en los medios. Ahora nada. Otra buena señal fue que don Alejandro fue atacado por la senadora Matthei del partido más derechista del Senado. Declaró que el obispo era un ignorante que no sabía nada de economía. Si no hay oposición de parte de los ricos, un documento no debe tener mucho valor.
El texto que salió finalmente aprobado por el Papa no es el mismo el texto redactado por los obispos. En Roma el Papa hizo pocas correcciones. Pero los Obispos hicieron una primera redacción y una segunda. Entonces intervino una mano anónima (presidencia del CELAM, CAL ? ) que modificó bastante el texto. Fue hecha una tercera redacción que fue entregada a la comisión de redacción sin ser discutida de nuevo por las comisiones episcopales. Allí estuvo el golpe. ¿Por qué será que una instancia anónima se atribuye la misión de corregir a los hermanos obispos sin dialogar con ellos? ¿Por qué tratar a los obispos como malos alumnos que no saben redactar un texto e ignoran la teología? ¿Por qué tanto desprecio, y, finalmente, tanta humillación? ¿El episcopado latinoamericano merece eso? ¿No perciben que si hay un poder oculto superior a los obispos que desconfía de ellos, cómo nosotros podríamos confiar en ellos? Asimismo, como aconteció en Puebla, las correcciones no destruyeron el sentido fundamental que los obispos quisieron dar al documento. Vamos a tragarnos las humillaciones y aprovechar lo que permaneció del mensaje de los obispos.
En la interpretación de los textos, creo que el papel histórico está inscrito en las afirmaciones más fuertes del documento. Aparecida quiso hacer un retorno a Medellín y Puebla. En los textos que se refieren a las Comunidades de Base y a la opción por los pobres, los dos temas dominantes de Medellín y Puebla, hay una insistencia que me parece significativa.
En cuanto a las Comunidades Eclesiales de Base, el texto de los obispos decía: “Queremos decididamente reafirmar y dar nuevo impulso a la vida y a la misión profética de las Comunidades Eclesiales de Base (194). El texto fue suavizado después, pero la última redacción hecha por los obispos decía eso. En esta frase hay un reconocimiento implícito de que el episcopado marginalizó ese tema y ahora está arrepentido.
No creo que todos los obispos tuvieran claramente conciencia de eso. Pero no resistieron. Fueron llevados por la minoría fiel a Medellín y Puebla. El problema era decir las cosas. Una vez dichas esas opciones, ellas parecen evidentes dentro de la continuidad de la Iglesia latinoamericana. Esta vez, Roma no censuró como había hecho en 1997 en el Sínodo para América. Hay una mayor tolerancia.
Estoy hablando del papel histórico, esto es, de aquello que va a quedar en la historia. El propio documento no está centrado en los temas de Medellín. El documento habla de la misión. Sin embargo, el programa de Aparecida, programa que consiste en transformar la Iglesia de una Iglesia conservadora del pasado a una Iglesia totalmente misionera es muy ambicioso. El Documento no muestra como el programa va a ser realizado en la práctica. La principal dificultad consiste en esto: el llamado a la transformación se dirige a todas las instituciones de la Iglesia. Sin embargo, esas instituciones no tienen necesariamente por fin la misión y muchas que la tenían, la perdieron.
Jesús ya decía: “No se pone vino nuevo en odres viejos” (Mt 9,17). El actual sistema de la Iglesia católica occidental es odre viejo. Nació históricamente en circunstancias muy diferente y tuvo su eficacia en esas circunstancias. Mas aquello que tenía éxito antiguamente deja de ser relevante hoy en día. ¿Cómo imaginar que el clero preparado para administrar parroquias va ahora a dedicarse a actividades misioneras? Solamente algunos podrán hacerlo.
El Documento de Aparecida es un grito de alarma. En los últimos 20 años (o más en algunas regiones) creció la conciencia de que la Iglesia estaba perdiendo influencia y visibilidad en la nueva sociedad. La juventud se alejaba de ella. A partir de esa conciencia se levantó un movimiento de misión. Era necesario volver a una situación de misión si se quería invertir la tendencia dominante a la marginalización. Agrégase a eso la conciencia del progreso de las Iglesias pentecostales en el mundo popular.
Hubo varias experiencias misioneras: seminarios, cursos, encuentros, celebraciones, años misioneros, meses misioneros y etc. Globalmente todo eso tuvo poca repercusión, sobre todo en el mundo popular de las ciudades. Esto se explica porque el clero no estaba preparado: muchas declaraciones, y programas y otras actividades misioneras no salieron del papel. Sin embargo, la conciencia y la inquietud aumentaron. Los cursos de misionología entraron en el sistema de educación del clero, pero pasar de un curso a la práctica es muy difícil. Siempre es mejor comenzar por la práctica y después de eso hacer un curso si se siente la necesidad.
Durante una generación la Iglesia orientada por Juan Pablo II entregó la tarea misionera a los llamados “movimientos”. Son ellos los que dominan en la actualidad. La visita del Papa a Brasil fue una visita a los movimientos que de hecho ocupan una posición dominante. Son el movimiento Focolarino, el movimiento de Schoenstatt, el movimiento neo-catecumenal, Communione e Liberazione y varios otros menos importantes. Juan Pablo II los consideró como los principales protagonistas de la evangelización.
Ahora bien, esos movimientos tuvieron bastante difusión en América Latina. Juntaron un número notable de miembros. Sin embargo, no consiguieron penetrar en el mundo popular, donde estaba la mayor necesidad. Ya que asumieron una posición en la Iglesia, alejaron a la Iglesia del mundo popular. No querían esto, por el contrario, pero las conductas históricas son más fuertes que las buenas intenciones. Gastaron muchas energías para defender los derechos de la Iglesia y su doctrina moral; sin conseguir influir en la sociedad. Sobre las implicaciones de la doctrina social, se quedaron mudos. Con eso la Iglesia perdió relevancia en la sociedad. La intención era lo contrario, pero, de nuevo, la realidad histórica es más fuerte que las intenciones.
Últimamente, sobre todo en Brasil aparecieron movimientos que adoptaron los métodos de los pentecostales: el show sustituyó a la liturgia, la emoción religiosa quedó confundida con la fe. El movimiento carismático facilitó el surgimiento de esos movimientos. La estrella de ese movimiento es naturalmente el padre Marcelo Rossi en Sao Paulo. Sin embargo, ese movimiento encontró cierta desconfianza en el episcopado y en gran parte del clero. No consiguió llegar a ser el movimiento dominante por lo menos hasta ahora.
Hoy en día el mayor peligro es la penetración de los movimientos ultrareaccionarios , que renuevan la ideología y la metodología de la célebre TFP (*Tradición, Familia y Propiedad). En primer lugar están los Legionarios de Cristo, que vienen de México. Que fundaron un seminario en Sao Paulo para acoger a los seminaristas de todas las diócesis de Brasil que lo desearen. La ventaja para los obispos es que todo es gratuito. Los Legionarios financian viajes, estudios, hospedaje. La tentación es grande y varias diócesis ya están enviando sus seminaristas para allá... no saben lo que están preparando para la diócesis de aquí a 20 años. Los seminaristas van a pasar por un lavado cerebral que los tornará incapaces de entender este Documento de Aparecida.
Los peores son los Arautos del evangelio, que se creen los sucesores de los cruzados. Constituyen un fenómeno patológico. Sin embargo, recibieron el reconocimiento de la jerarquía. Parece que todavía hay gente que no sabe hacer la diferencia entre la normalidad y el desequilibrio mental.
Este es el contexto en que el CELAM tomó la iniciativa de reunir una nueva Conferencia episcopal para tratar el asunto de la misión. El proyecto fue aprobado por el Papa y acaba de entrar en la historia..
Con certeza la Conferencia va a aumentar en el episcopado la conciencia de la separación creciente entre la Iglesia y la sociedad humana, de la pérdida de relevancia de la Iglesia y de la necesidad de dar una respuesta a esa situación. Ahora comienza la etapa más difícil. Convencer al clero de esa necesidad. Pues el Documento va a meterse con el modo de trabajo del clero. Los obispos deciden y los padres van a tener que cambiar. La respuesta esa situación sería un retorno a la misión. Sería pasar de una Iglesia conservadora del pasado a una Iglesia misionera, toda misionera. El proyecto es ambicioso. Consistiría en cambiar una pastoral que estuvo en vigor desde el siglo VI en occidente.. ¡Transformar una institución que tiene 1300 años de longevidad!
Sin embargo, el documento es enfático. Se trata de provocar una conmoción en la Iglesia que sea capaz de realizar ese cambio. Todas las estructuras de la Iglesia son convidadas a una transformación radical.. Las diócesis, las parroquias, el clero y los laicos, los religiosos y los movimientos. Todos van a tener que realizar una transformación más radical de la historia. No sé si los obispos estaban conscientes de la extraordinaria novedad de su proyecto.
“La Iglesia necesita de una fuerte conmoción que le impida instalarse en el comodismo, en el estancamiento y en la tibieza” (362). “Asumimos el compromiso de una gran misión en todo el Continente” (362).
Este documento es un despertar en una situación nueva. Recemos para que no suceda lo que pasó en la Edad Media. Desde el fin del siglo XIII hasta el estallido de la Reforma protestante con el nuevo cisma en el Occidente, durante casi 300 años el pueblo de Dios gritó: “¡Reforma! ¡Reforma!”. Y la Reforma no llegaba.
Actualmente el mundo evoluciona mucho más rápido. No se puede esperar 300 años para que la Iglesia pueda jugar su papel en el mundo. Bien rápidamente la juventud cree que la Iglesia es una institución respetable, un monumento nacional, pero totalmente irrelevante para la vida real.
El problema es que la jerarquía, sobre todo la jerarquía romana identifica a la Iglesia con el sistema institucional de la Iglesia romana tal como está definido por el Código de Derecho Canónico, como sí esa estructura fuera la definitiva de la Iglesia. La Iglesia está en la Historia humana y no puede contemplarse como estructura eterna, inmóvil, inmutable. No se hace la distinción entre el pueblo de Dios y las estructuras en que vive durante cierto tiempo.
Por eso el documento todavía piensa que se puede colocar a la Iglesia en estado de misión conservando las actuales estructuras canónicas. No tuvo poder para cambiar el código. Pero el Código cambiará si la transformación en A. Latina se realiza con éxito. Después del Vaticano II no hubo reforma del código. La reforma que hubo fue insignificante porque mantenía toda la estructura, por ejemplo, no se concedió a los laicos ningún poder de iniciativa y ninguna participación en la dirección de las instituciones de la Iglesia y apenas una leve impresión de libertad. Por eso el Concilio Vaticano II no tuvo la repercusión que podía haber tenido y que los obispos esperaban.
Mas está claro que no se puede resolver todo de una vez. El Documento de Aparecida es una gran utopía. La historia mostrará como esa utopía podrá entrar en la realidad. Las utopías son necesarias. Sin ellas no habría caminos en la sociedad humana. Sin embargo, el desafío es como introducir esa utopía en la realidad de la historia. La Iglesia llegó atrasada a la Revolución Industrial del siglo XIX y perdió a la clase obrera. La Iglesia llegó atrasada cuando se produjo la gigantesca urbanización. Mantuvo las estructuras rurales. Sin embargo en el siglo XX se produjo una urbanización casi total de la sociedad, inclusive en A. Latina. Hay muchos países en que casi toda la vida se desenvuelve en una ciudad sola, habitualmente la capital donde se concentran todas las actividades (Uruguay, Argentina, Chile, Perú, los países de América central).
En Brasil como en Méjico hay varias megalópolis porque la población es mucho mayor. Ahora el Documento enfrenta la cuestión de la urbanización y de la vida urbana. Ya hace más de 100 años que fue planteado el problema. La única respuesta fue dividir las ciudades en muchas partes, colocando en la ciudad la parroquia rural y haciendo de cada parroquia una ciudadela, con la ilusión de alcanzar la población.
El resultado fue que la Iglesia perdió el contacto con las masas urbanas. Solamente una pequeña parte de la población frecuenta el culto en las grandes ciudades. Solamente Belo Horizonte hace excepción con su 13% de práctica sacramental. Entonces acogemos con mucha gratitud y mucho interés el documento que asume esos grandes desafíos, aunque sea en la etapa de la utopía. Después vendrá la entrada en la historia.

PRIMERA PARTE: VER
De modo general podemos decir que esta parte está bien documentada. La Conferencia contó con buenos especialistas para mostrar la realidad de los diversos sectores de la sociedad actual. Parte del fenómeno global de la globalización. Enumera las consecuencias del fenómeno en la concepción de la vida, en el sector socio-cultural, en la economía, en la política, en la ecología (ns. 34-87).
Lo que no aparece claramente es que la globalización incluye también la colonización de los países débiles por los países fuertes. Se entiende que el Documento no podía usar la palabra imperialismo. Mas había otras maneras de decir la misma cosa. La expansión de la globalización es la conquista del mundo por las potencias dominantes. Por medio de las transnacionales y de diversos medios financieros, y también por la intervención directa de los Estados poderosos, política, diplomática o militar, el mundo rico subordina al resto del mundo. Las transnacionales conquistan los mercados, imponen la planificación a los Estados más débiles, se enriquecen por la explotación de los países débiles.
Otros especialistas habrían podido incluir ese aspecto de la historia. En América Latina el fenómeno de la recolonización es muy sensible y cuenta con la colaboración de las elites locales, a las cuales las naciones ricas ofrecen la garantía de continuidad de sus privilegios.
También habrían podido explicar mejor que en cada nación hay elites herederas del poder colonial que monopolizan las riquezas de tal suerte que la participación del trabajo en el PIB llega al 30% en Chile. En Brasil la situación no es mucho mejor. La situación de los trabajadores permanece peor, no por una fatalidad histórica, sino porque una pequeña elite se atribuye la mayor parte de la riqueza producida por los trabajadores. Es la consecuencia del nuevo sistema colonial.
Se entiende que el Documento no podía pronunciar la palabra capitalismo y condenar el capitalismo, que aquí existe, porque la doctrina social romana todavía no llegó a ese punto. Lo máximo que tenemos son algunas referencias de los Papas que condenan, simultáneamente el marxismo y el capitalismo. Sucede que una simple enumeración de los hechos, sin denunciar las causas, se expone a tener poca repercusión en la práctica.
Las grandes instancias económicas actuales como el FMI, el Banco Mundial, o la OMC concordarían con todo lo que fue expuesto. Pero de ahí no sacarían la conclusión de que el sistema está errado y necesita cambiar. Dirían que se podría corregir algunos errores y practicar una política de compensación para con los excluidos, como hace el actual gobierno brasileño. En la enumeración de los desastres provocados por la forma como está funcionando la globalización nada irá a perturbar a las elites dirigentes y menos todavía a los dominadores del Primer Mundo.
De cualquier manera, ya es una gran cosa que el documento ofrezca una visión global de la situación de la sociedad humana en la actualidad. Muchos católicos todavía no están conscientes de eso. Si se explica en las parroquias, muchos van a abrir los ojos y comenzar a pensar.
Después de “ver” el mundo el Documento quiere también ver a la Iglesia. Da dos retratos totalmente contrarios. En primer lugar el texto enumera todas las cosas positivas, dando la impresión de que todo es maravilloso en la Iglesia y todo funciona perfectamente (98-99). Es verdad que “algunos católicos se alejaron del evangelio” (100h). Y debemos reconocer “deficiencias y ambigüedades de algunos miembros de la Iglesia” (98).
En seguida viene una enumeración de los aspectos negativos (100). Hay defectos en todos los sectores y todas las instituciones. Aquí el espectáculo es más triste. Se puede fácilmente llegar a la conclusión de que nada es perfecto en las cosas humanas y que se puede corregir lo negativo por una conversión de las personas. ¿Cómo conciliar la visión negativa con la visión positiva?
De esa descripción de la Iglesia no se puede llegar a ninguna conclusión práctica. Lo que se pide es que cada uno haga mejor lo que está haciendo. Lo que más llama la atención es la ausencia de cualquier análisis crítico de las instituciones. Esas instituciones nacieron un día, pasaron por toda una historia y están cargadas de transformaciones debidas al contexto histórico. Esto vale para el clero, para las parroquias, para la educación cristiana, para todas las obras de la Iglesia. Todo procede del pasado y coloca ese pasado en el presente. Sería necesario analizar la historia de cada estructura y comparar ese pasado con las necesidades del presente. Los obispos podrán responder que no tenían autoridad para cambiar las estructuras de la Iglesia universal. Pero podían analizar, sugerir, proponer.
Estamos aquí delante de un fenómeno bien conocido: el clero y la jerarquía, consciente o inconscientemente, se oponen a la historicidad. No quieren aceptar en lo concreto la historicidad de todo lo que es humano en la Iglesia, todo lo que fue agregado al mensaje de Jesús. Esa actitud no es exclusiva de la Iglesia, porque es común a todas las instituciones que se niegan a cambiar sus estructuras en función de nuevas necesidades: el Estado, la medicina oficial, la escuela y la Universidad, etc. Mas en la Iglesia católica la resistencia a la historicidad alcanza a un clímax que las otras no alcanzan.
Esta exposición de la realidad de la Iglesia ya insinúa la idea de que la misión, la gran transformación de la Iglesia en función de la misión se hará dentro de las actuales estructuras. Los problemas de la Iglesia y la necesidad de una Iglesia misionera procederían de los defectos de las personas.
Podemos preguntarnos por qué esas estructuras no hicieron la gran transformación de la Iglesia misionera. Si fueron los mismos que están dentro del actual cuadro institucional, ¿que tendrían ahora para entrar en el dinamismo de una Iglesia misionera, por qué no lo hicieron hasta ahora? ¿Podemos esperar que las mismas personas que no hicieron una Iglesia misionera, ahora van ha cambiar y realizar esa Iglesia misionera? Veremos eso en el examen de la tercera parte. Desde ya podemos llamar la atención sobre una manera de enfrentar los problemas: los problemas de la Iglesia son fácilmente vistos como procedentes de las personas y de los defectos de las personas. Nada de historicidad. Varios obispos sintieron una reprensión en algunas frases del Papa en el discurso a los obispos brasileños en la catedral de Sao Paulo. ¿Qué significado tiene eso de reprender a los obispos si todos fueron escogidos y nombrados por el Papa y todos actúan de acuerdo con el Derecho Canónico?
Agradecemos a los obispos por la visión que ofrecen de la Iglesia. Mas estamos todavía aguardando el momento en que la jerarquía reconozca todo lo que es humano y de origen humano en la institución “Iglesia católica”, y reconozcan la profunda historicidad de la Iglesia en todo lo que tiene de institucional.

SEGUNDA PARTE: JUZGAR
La segunda parte contiene una cristología y una eclesiología en forma no sistemática. Fue escrita con mucho entusiasmo y mucha piedad. Esos capítulos 3 a 6 ofrecen un óptimo esquema para la espiritualidad cristiana. Sin embargo, a pesar de su profundo contenido religioso, esta parte levanta dudas. En primer lugar la duda se refiere a la Buena Nueva. En el texto la buena nueva tiene por objeto la dignidad humana, la vida, la familia, el trabajo, la ciencia y la tecnología, la ecología.
Todas las cosas escritas son muy bonitas. Pero los 6 temas presentados como Buena Nueva no son específicamente cristianos. Son comunes a toda la humanidad y tan antiguos como la propia humanidad. El trabajo, la familia, la vida, etc. fueron buenas nuevas encontradas en todos los pueblos. La Iglesia confirma esas buenas nuevas que son comunes a toda la humanidad. Muy bien. Es importante mostrar las coincidencias entre el mensaje cristiano y el mensaje de las filosofías y de las sabidurías de todos los pueblos.
Lo que preocupa es que el propio mensaje de Jesús no está presente. Jesús anunció la llegada del reino de Dios. El Reino de Dios es otra cosa, completamente nueva tanto para los judíos como para los paganos. El Reino de Dios se opone al reino del César. El Reino de Dios va a acabar con la dominación, la explotación de la humanidad por parte de una minoría de poderosos que imponen su dominio por la fuerza.
El reino del César es tan antiguo como la humanidad, mas siempre fue conocido como natural e inevitable. Los Atenienses crearon la democracia. Pero esa democracia estaba basada en la esclavitud. Existían los hombres libres y los esclavos. Por eso el mensaje de Jesús es novedad. Anuncia el fin de todas las formas de dominación, de todas las formas de matar al prójimo.
El Reino de Dios era la esperanza de los pobres, pero ellos esperaban ese Reino después de la destrucción de este mundo y de la creación de un nuevo mundo. Para las elites de Israel el Reino de Dios estaba en el cumplimiento de la Ley y por eso urgían la aplicación de prestaciones que los aplastaban (Mt 23). Jesús vino a suprimir ese dominio de la Ley anunciando el fin de todo el sistema judaico. Anuncia una fraternidad de los pueblos que desafía al Imperio. Así entendieron el mensaje de Jesús los pobres de Galilea.
La historia de la humanidad es hecha de esas injusticias, de la dominación del hombre por el hombre. Las víctimas fueron las mujeres, pero también los vencidos en las guerras, los débiles obligados por los fuertes a trabajar para ellos. El evangelio de Jesús está en el cántico de María, en las bienaventuranzas y en las controversias de Jesús con las elites de Israel.
Los profetas ya habían preparado el mensaje de Jesús. Jesús observa a la humanidad como un conflicto entre una minoría que detenta todo el poder, y las masas humanas de pobres que no tienen poder y deben someterse a sus dueños. Esta es la tragedia de la humanidad como los profetas ya habían mostrado de alguna manera. La humanidad está dividida en esa forma y este es el pecado del mundo que Jesús vino a destruir.
La tragedia humana se manifiesta claramente en la muerte de Jesús. Jesús fue muerto porque anunció la destrucción de los poderes dominadores, tanto los poderes políticos como el reino del César, como el reino religioso de los jefes de Israel. El Documento no destaca mucho la muerte de Jesús y no le da ningún contexto humano. Jesús ofrece su vida al Padre fuera de la historia, sin relación con la historia humana, como acto de piedad. La cruz no se destaca. Si bien hay algunas alusiones a los mártires, éstas también son vistas fuera de la historia, como si quisiesen simplemente hacer un acto heroico.
El texto hace una enumeración de los hechos y dichos relatados por los evangelios. Pero no muestra el sentido de la vida de Jesús. No lo muestra en su contexto histórico y por eso pasa al lado de la realidad. El problema es la humanidad de Jesús. El texto no expresa realmente la humanidad de la vida de Jesús en esta tierra. Habla de la humanidad como si fuese una “naturaleza humana”, un conjunto de facultades, o si no como si fuese una aparición de Dios en esta tierra.
Estamos aquí en medio del problema actual de la cristología y del debate sobre la Notificación de la Congregación de la Fe a Jon Sobrino. El tema del debate es: ¿qué es ser hombre? La Sagrada Congregación tiene un concepto de hombre y nuestros contemporáneos acompañados por los mayores exégetas tienen otro concepto mucho más semejante al concepto del Nuevo Testamento.
Esto no tiene nada que ver con el Concilio de Calcedonia. Se trata de saber lo que es ser hombre. Para nosotros ser hombre (o mujer) es estar en un punto determinado de la historia humana, en un contexto histórico que los condiciona y determina los límites como las posibilidades de su vida. Ser hombre o mujer es construir su vida, tener sueños y realizar algunos proyectos. Ser hombre o mujer es una lucha para vivir, para quedar libre de los peligros y aprender a saber usar los recursos que el mundo ofrece para realizar sus proyectos.
Algunas personas no tienen ningún proyecto y se dejan llevar por el contexto en que están. Otros quieren realizar un proyecto, quieren hacer de su vida un valor, algo que contribuye para el mejoramiento de la humanidad.
Durante 30 años Jesús no parecía tener proyecto. No era ni casado ni quiso fundar una familia, lo que daría un sentido a su vida. Cuando tuvo 30 años de repente apareció el proyecto que tenía y que fue concretizándose durante los 3 años de su vida misionera. Jesús era judío y vivió en el contexto del judaísmo dentro del Imperio romano. Definió su proyecto dentro de ese contexto. En cuanto a su pueblo de Israel, él quiso volver a las promesas de Dios a los patriarcas, y liberar a su pueblo de las corrupciones mantenidas por los jefes de Israel, sacerdotes, escribas, fariseos, ancianos. Quiso dar el sentido completo de la vocación de Israel en el mundo, abriendo las puertas y destruyendo las barreras colocadas por los líderes. Israel tenía un papel universal. Jesús vino para destruir todo lo que separaba los hombres entre judíos y no judíos y esto significaba volver a lo esencial de la ley sin los agregados hechos por los jefes corruptos, y siempre denunciados por los profetas.
Por eso la misión de él fue un combate contra los jefes de su pueblo. Esta es la línea dominante de todos los evangelios y lo que hace la síntesis de los actos y palabras de Jesús relatados en los evangelios.
La muerte de Jesús en la cruz se explica en este contexto. El evangelio de Marcos, el más antiguo, muestra la vida de Jesús como un camino a la muerte, a la muerte martirial, a la muerte por fidelidad a su misión. El Padre hizo de esa muerte la puerta que abre a la nueva humanidad. Todos los evangelios son introducciones a la narración de la pasión y de la muerte de Jesús. Ahí se manifiesta el sentido de su vida.
En cuanto al Imperio romano, Jesús no hizo oposición directa. Mas al atacar a los jefes del pueblo que colaboraban con los Romanos, desafiaba también el imperio y su mensaje de Reino de Dios era claro para todos los contemporáneos. Pilatos ya lo encontró peligroso y lo entregó para ser crucificado. Los evangelios insisten más en la culpa de los judíos, pero esto corresponde a la preocupación de los cristianos que ya están dispersos en el Imperio y deben definir su relacionamiento. Claro está que el mensaje de Jesús anuncia la ruina del Imperio romano.
Todos los gestos y las palabras necesitan ser entendidos dentro de ese contexto. Cuando Jesús dice: “Amarás a Dios…etc.”, Él quiere decir que todas las leyes judaicas quedaron irrelevantes. Solamente queda el amor a Dios y al prójimo que ahora contienen toda la ley. Cuando Jesús se aproxima a los samaritanos o a los paganos, esa actitud es un desafío a las autoridades de su pueblo, casi una provocación. Él quiere así significar que de ahora en adelante las barreras deben ser suprimidas. Hasta las sanaciones de los enfermos son motivo de controversia.
Una vez identificado el contexto en que se sitúa un texto de los evangelios, vamos a procurar en nuestra sociedad actual, cuáles son las situaciones semejantes en que esa palabra de Jesús o ese gesto recibe su sentido. Los evangelios no son exposiciones de doctrina, sino ejemplos que se aplican en las diversas circunstancias de nuestra vida. Una palabra recibe su sentido en las diversas circunstancias de nuestra vida. Dios no habla en lo escrito, sino habla directamente a las personas en las circunstancias de su vida. Una palabra de la Biblia puede permanecer insignificante hasta el día en que alguna cosa acontece que me hace en esa palabra oír la voz de Dios. Por eso es necesario situar los textos de los evangelios en su contexto.
Llama la atención el lugar insignificante que ocupa el pecado en la cristología... y también en la eclesiología por vía de consecuencia. Hay referencias al pecado. Mas la mayoría forma parte de fórmulas convencionales o se refieren al sacramento de la Reconciliación. La cristología ofrece una expresión demasiado eufórica de la vida de Jesús. El drama entre el pecado y la justicia de s. Pablo está totalmente ausente. Parece que ese silencio es parte de una teología esencialmente optimista que se olvida del drama profundo que recorre toda la historia de la humanidad, de la lucha permanente entre el pecado y la liberación del pecado.
Hay en el texto algunas pocas referencias a las “estructuras de pecado” (8,532) o al poder del pecado (523). Sin desarrollo. Reconocemos en esas expresiones la influencia del grupo de obispos defensores de Medellín. Es bueno que ellos hayan sido aceptados, aunque de manera muy modesta.
Una cristología sin pecado, sin drama, sin conflicto, sin síntesis, ¿qué significa eso? Hay una sola explicación. Es una expresión burguesa de la cristología. La mentalidad burguesa tiene horror al conflicto, al drama, al sufrimiento, a la cruz. Tiende a espiritualizar toda la religión, manteniéndola de esa forma lejos de los problemas del mundo actual. El seguimiento de Jesús propuesto es un seguimiento adaptado a la condición burguesa. No corresponde a las aspiraciones populares más profundas. El pueblo simple prefiere el cántico de María en su texto, las bienaventuranzas, y el anuncio de Reino de Dios por la victoria sobre los reinos que dominan la tierra.
Todo se explica porque estamos en el auge del poder de los llamados movimientos en la Iglesia, lo que le da un carácter burgués inevitable. Es una circunstancia histórica temporal. Un día vendrá en que se hará justicia a las intuiciones de los teólogos de la liberación.
La eclesiología está principalmente en el capítulo 5 que trata de la Iglesia como comunión. El texto recorre las estructuras del derecho canónico actual. El capítulo 5 comienza por una exposición de la comunión en general, o sea, de la Iglesia como comunión. Después el texto muestra las diversas estructuras en que se realiza la comunión.
En primer lugar viene la diócesis (164-169), después la parroquia (170-177) presentada como comunión de comunidades, las Conferencias episcopales (181-183). Hay también una exposición de las Comunidades eclesiales de Base que se aprecian en algunas naciones, dice el texto (178-180). Hay otros países donde la resistencia del episcopado o del clero es tan fuerte que ellas desaparecieron casi completamente. Hay aquí una verdadera rehabilitación de las Comunidades de Base que fueron eliminadas por el Sínodo romano de 1997.
Se nota aquí la influencia del grupo de obispos de Medellín, así como la tolerancia de los otros. No se hace ninguna alusión a la diferencia de dinámica entre las CEBs y las otras estructuras. Este será un texto que será bien aprovechado sobre todo en Brasil dada la actitud de muchos sacerdotes que las consideran como algo obsoleto, anticuado, a pesar del apoyo constante de la CNBB.
Después de eso el texto habla del papel específico de ciertos cristianos en la formación de la comunión: los obispos (186-190), los presbíteros (191-200), los párrocos (201-204), los diáconos (205-208), los laicos (209-215), los consagrados (216-224). No hay ninguna novedad. Es una interpretación espiritual de las estructuras definidas por el derecho, salvo las Comunidades de Base que se salvaron, mas ya tenían un largo pasado. Todo eso confirma la estructura tradicional después de Trento. Dada la circunstancia y la firmeza conservadora de Roma, no se podía esperar otra cosa. Demos gracia a Dios por el reconocimiento de las CEBs, que suscitará la reflexión de varios obispos y de muchos sacerdotes.
Después de eso vienen algunos párrafos de ecumenismo y su relación con los judíos (227-239). Sin gran novedad. Lo que sorprende un poco es el cuasi silencio sobre las Iglesias pentecostales. O los obispos no las valorizan o no saben qué decir. El pentecostalismo es el movimiento religioso más importante desde la Reforma protestante del s. XVI. Está esparcido en el mundo entero, acoge a centenas de millones de cristianos y va creciendo. No sería posible si no hubiera una coincidencia entre esas comunidades religiosas y las aspiraciones de las masas populares. El fenómeno es mundial.
El capítulo 6 trata de la formación de discípulos misioneros. Evoca todos los centros de formación que forman parte de la estructura canónica. No cuestiona las diversas instituciones. El texto parece suponer que las mismas instituciones que nunca fueron preparación para la misión, van a cambiar por sí mismas. Lo que parece muy utópico. Por ejemplo, los seminarios tienen una estructura y un currículo que no prepara en nada para la misión. Los seminaristas aprenden a ser administradores de parroquias.
El currículum académico prepara futuros pequeños profesores de teología, mas no preparan nada para ser misioneros. Imaginar que la teología prepara un misionero es una gran ilusión. Si no surge una estructura diferente, un modo no académico de poner los alumnos en contacto con la teología no habrá misión. Como estas consideraciones justificarían un cambio radical de la formación, la reflexión sobre ese asunto está excluida. Será para la 6ª o 7ª Conferencia del CELAM.

TERCERA PARTE: ACTUAR
La tercera parte es la más interesante del documento. El tema principal es el tema de la conversión o de la transformación de la Iglesia para ser misionera. “La Iglesia necesita de una fuerte conmoción que impida que ella se instale en el comodismo, en el estancamiento y en la tibieza” (362). “La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de conservación a una pastoral decididamente misionera” (370). “Hoy queremos ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los pobres hecha en las Conferencias anteriores” (396).
El capítulo 7 insiste en la necesidad y en la obligación del proceso de conversión pastoral. “Esta firme decisión pastoral debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe.” (365). Este tema fue desarrollado con insistencia.
Este programa es exactamente lo que es necesario en la actual situación de la Iglesia. La ejecución no será fácil porque la mayoría de los agentes de pastoral no pueden entender algo diferente de la pastoral tradicional nacida en los siglos XI y XII cuando realizó la creación de las parroquias. Sin embargo, el mensaje de los obispos era indispensable e inicia una caminata nueva.
Dentro de esa perspectiva hay un largo párrafo dedicado a la opción preferencial por los pobres y excluidos (391-398). Para destacar una frase: “Los pobres se tornan sujetos de la evangelización y de la promoción humana” (398).
La opción por los pobres incluye “la promoción humana y la auténtica liberación”. La palabra liberación está escrita de nuevo en un documento del CELAM. Está matizada por el adjetivo “auténtica”, porque muchos todavía tienen miedo de la palabra. Incluso así ella está escrita.
El capítulo termina con la presentación de algunos rostros de personas sufrientes y destaca algunos de los nuevos pobres: los que viven en la calle, los enfermos, los adictos dependientes, los migrantes, los presos.
En el momento de iniciar la aplicación de este programa, va a ser necesario tener una conciencia clara que las personas que frecuentan la parroquia son muchas veces aquellas que menos desean esa conversión. Va a ser necesario apelar a los católicos que no frecuentan la parroquia, uniéndolos en pequeños grupos realmente convertidos. ¿Por qué no frecuentan la parroquia? Entre varios motivos podemos señalar que las actividades parroquiales tradicionales son aborrecidas y el mundo actual no acepta algo aborrecido. Los que no quieren esa conversión pastoral, continuarán la mismas actividades de siempre dándoles el nombre de “misioneras”.. La conversión pedida por la Conferencia de Aparecida va a pedir por parte de los obispos una exhortación incesante y un contacto con todas las instancias de la diócesis para examinar si realmente están creando nuevas actividades. Esa exhortación permanente será el estímulo indispensable. Y Roma tendrá que nombrar obispos realmente comprometidos con esa conversión de la pastoral. Todavía hay obispos que declaran que la Iglesia no puede meterse en problemas sociales.
El capítulo 9 trata de la familia sin agregar datos nuevos a los que fueron determinados por la jerarquía en los últimos 30 años. Muchos van a lamentar que no se hable de los problemas que hoy en día preocupan a las familias: la suerte de los católicos separados que hicieron un nuevo matrimonio civil; los problemas de la sexualidad y de la procreación sin contar a la homosexualidad.
Los párrafos sobre la mujer (451-458) no ofrecen novedades. Una novedad son los números dedicados a los hombres padres de familia (459-463). El texto reconoce que esta suerte de alejamiento o indiferencia de parte de los hombres cuestiona fuertemente el estilo de nuestra pastoral”. Sin embargo ese asunto bien interesante no fue profundizado. Este capítulo trata también del medio ambiente (470ss). Podía haber destacado más el peligro inminente para la sobrevivencia de la humanidad en el momento en que la naturaleza ya no es más capaz de recuperar lo que fue destruido.
El capítulo 10 habla de cultura. Debemos destacar una larga exposición sobre la vida pública y la responsabilidad de los cristianos en la vida pública (501ss). Esta parte es particularmente importante en una fase histórica en que la iglesia se retiró de la vida pública. Se trata de volver a lo que fue abandonado desde el fin de los regímenes militares. La novedad es la larga exposición sobre la pastoral urbana. Por fin la jerarquía percibe que la ciudad es diferente del campo y que la pastoral tradicional no es adecuada en la ciudad. Hay muchas experiencias que pueden ser aprovechadas. Pero el gran obstáculo es la división de la ciudad en parroquias prácticamente independientes. Hay planes de pastoral diocesana, pero cada vicario decide lo que quiere.
Esta parte sobre la pastoral urbana (509-519) es el comienzo, el punto de partida de una larga caminata. El texto sugiere una serie de actividades. Pero es solamente una muestra. El texto no menciona el cambio de estructura que será necesario. Mas es preciso reservar asuntos para la 6ª y la 7ª Conferencia del CELAM. Es preciso mencionar también una larga exposición de las exigencias de la pastoral en medio de los indígenas y afro-americanos. La conclusión vuelve a insistir en la conversión para una nueva pastoral, una pastoral misionera. “No nos podemos quedar tranquilos en espera pasiva en nuestros templos” (548).

CONCLUSIÓN
La conclusión es que globalmente el Documento constituye un gran paso al frente. Es altamente positivo a pesar de las deficiencias inevitables que proceden de las circunstancias históricas. El Papa se mostró bastante discreto para dejar más libertad a los obispos. Él hizo una fuerte exhortación para que los obispos entrasen de nuevo en una pastoral social y pública activa. No condenó y abrió caminos para el futuro.
A mi modo de ver la Conferencia de Aparecida quedará en la historia por dos motivos. Primero rehizo la continuidad con la tradición de Medellín y Puebla, renovando con mucha insistencia las opciones de aquel tiempo.
Esto es muy importante porque muchos agentes de pastoral creían que aquello estaba anticuado, superado por las nuevas situaciones sociales y económicas. Los obispos percibieron que los males de injusticia establecida denunciados en Medellín y Puebla todavía están presentes en América Latina. La estructura económica y social cambió por las consecuencias de la globalización, pero la injusta desigualdad continúa siendo igual y el desafío de injusticia establecida permanece.
En segundo lugar, la Conferencia abrió el camino para un cambio total en la pastoral. Se trata de abandonar una pastoral de conservación encarnada hoy en día en casi todas las instituciones para promover una pastoral de evangelización en medio del mundo. Se trata de salir de los templos para meterse en medio de la sociedad. De esta manera la Iglesia latinoamericana será la primera en reconocer que la sociedad cambió tanto, sobre todo por la urbanización casi total de la población, que las estructuras actuales ya no funcionan como antes.
El Concilio Vaticano II se reunió en el auge de la sociedad de bienestar con leyes sociales eficientes que corregían los defectos del capitalismo de modo apreciable. Por eso el Concilio proyectó en el futuro lo que estaba aconteciendo en Europa y que hoy en día se está deshaciendo en la misma Europa. Por eso, Vaticano II no exigió una transformación radical de la pastoral. El problema de la urbanización ya existía, pero no era percibido por la mayoría. Ahora la Iglesia latinoamericana abre el camino que también será el camino para las Iglesias de Asia y de África.
Este cambio radical de la pastoral será una tarea larga y demorosa. No será fácil cambiar una estructura que tiene casi un milenio de edad. Muchos agentes de pastoral van a sentirse totalmente incapaces de realizar ese cambio. El camino está abierto como inicio de una larga caminata. ¿Dónde y cómo se va a iniciar el proceso? Nadie sabe cómo será esa caminata. ¿Dónde y cómo los católicos irán a meterse en medio de las masas populares sin querer imponer sus estructuras, sino aprendiendo de ellas la manera de evangelizar eficazmente?
Nos alegra saber que hubo en la asamblea un grupo de obispos lúcidos y corajudos que supieron defender posiciones nuevas y convencer a los colegas. Un día alguien debía reconocer que la actual pastoral, formada en la Europa en la Edad Media, dejó de funcionar. Ya s. Tomás de Aquino lo había dicho: en la ciudad la parroquia no evangeliza, ni tampoco el clero parroquial. Después de 800 años fue aquí en América que se inició un cambio deseado por s. Tomás. S. Tomás pensaba que los Mendicantes, dominicanos y franciscanos podrían suplir, pero ya no son suficientes. Se necesita un cambio radical. Un día ese grito debía resonar. El día llegó. Ahora comienza la práctica. ¿Cuáles serán las etapas? ¿Cuándo va a ser posible adaptar el derecho canónico?
De cualquier manera los laicos serán los autores de la construcción de una nueva pastoral. En los templos el clero manda. Fuera de los templos viven los laicos en medio de la sociedad. Ellos van a tener que hacer experiencias, estudiar la sociedad de sus colegas y vecinos y constituir núcleos de la nueva pastoral. Para eso necesitan de una formación espiritual fuerte, de mucho coraje y osadía, y de mucha libertad.
Si la diócesis o la parroquia imaginan que pueden definir un programa y proponer ese programa a los laicos, será un fracaso total: ¡fracaso anunciado! Los laicos necesitan de libertad. Después de eso los obispos podrán reaccionar con discernimiento y ser los agentes de unidad de tanta diversidad. Si quisieran definir un plan sin conocer vivencialmente lo que es la sociedad de hoy, fuera de los libros y de las encuestas, sino en la realidad vivida, van a vivir de ilusiones. Evangelización supone libertad, esa libertad que el Papa concedió a s. Francisco de Asís, y que s. Ignacio tenía que reconocer a s. Francisco Javier.
Existe el peligro de que la transformación quede en el papel, como tantos programas misioneros hechos en las diócesis y en las parroquias. En lugar de experiencias concretas, se puede quedarse en las teorías. La Iglesia católica sufrió bastante la contaminación de la sociedad burocratizada. Tenemos la experiencia de tantas leyes votadas en el Congreso que quedan en el papel, tantos programas de gobierno que quedan en el papel. La Iglesia necesita estar muy consciente del peligro.
El punto débil del Documento es su teología, sobre todo la cristología y la eclesiología. Era inevitable. Para mejorar sería preciso aceptar la historicidad de Jesús y de la Iglesia, aceptar los métodos de las ciencias históricas y de las ciencias humanas. La importancia de los movimientos no lo permitía, porque la burguesía tiene horror a la historia y a las ciencias históricas. Construyó ideologías para justificar la situación actual. Por eso, los obispos que iniciaronn el proceso fueron valientes. La teología vendrá después un día. Lo que es importante es la práctica.
Los dos ejes pastorales definidos por la Conferencia deben converger: la nueva pastoral debe comenzar por el mundo de los pobres: instalar el nuevo modelo de Iglesia en medio de los pobres retomando el sueño de Juan XXIII: una Iglesia de los pobres. El Documento puede ser leído como un llamado para que aparezcan los misioneros dispuestos a hacer eso. Los misioneros están ahí, pero es preciso mostrarles la libertad que deben tener y la misión que está abierta. El Espíritu Santo ya preparó el camino y solamente estaba esperando que los obispos definiesen el rumbo. El Espíritu Santo no quiere imponer: espera hasta que los responsables asuman las tareas exigidas por las señales de los tiempos.

JOSÉ COMBLIN
Nació en Bruselas (Bélgica) en 1923. Se formó en Lovaina como doctor en teología. Viajó a Brasil a Campinas, en 1958. De 1962 a 1965 fue profesor en la facultad de teología de Santiago de Chile. En 1965 fue convidado por don Helder Camara para dar lecciones en el seminario regional de Recife y, después de eso, en el ITER. Expulsado del Brasil en 1972, volvió a Chile, a la diócesis de Talca. Se dedicó a diversas actividades; entre ellas, la fundación de un seminario rural para la formación de jóvenes del campo para el sacerdocio. Expulsado de Chile en 1980, volvió para Brasil, esta vez a Joao Pessoa, convidado por don José María Pires. Desde allí participó en la fundación de varios centros de formación misionera para laicos del mundo popular, hombres y mujeres.

* Artículo de José Comblin enviado a Revista Eclesiástica Brasileira (REB) en Agosto de 2007, y entregado a También Somos Iglesia en Noviembre de 2007 por P. José Comblin. Traducción del portugués al español realizada por Juan Subercaseaux A., miembro del Movimiento También Somos Iglesia-Chile.
* (N.T.) Transcriptor – Editor: Enrique A. Orellana F.

1 comentarios:

carlos abel dijo...

Debemos empezar por el hombre, por la conversion de su corazon y convertido el cambiaran las estructuras. La iglesi tiene una herramienta poderosisima para llevar adelante este cometido y se llama MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD...al cual hoy todavia miran con desconfianza .